European Revolution: Después de tres meses, ¿a dónde van los indignados?

Artículo publicado el 25 de Agosto de 2011
Artículo publicado el 25 de Agosto de 2011
Los Indignados se cuelan en el metro sin pagar en símbolo de protesta contra la rebaja de los transportes públicos para los jóvenes católicos que participan en las JMJ, pasan la noche en los vestíbulos de los hospitales amenazados con el cierre e impiden a los policías expulsar a las familias desahuciadas… pero, ¿hacia dónde van y durante cuánto tiempo seguirán?
Tres indignados analizan el futuro ilegible pero sereno del movimiento del 15M tras celebrarse sus 3 meses de vida.

Los Indignados prometieron un verano movidito. En cuanto las marchas populares convergieron en Madrid tras salir de Barcelona, Valencia o Cádiz por el camino de las reivindicaciones ciudadanas, decidieron retomar la plaza de la Puerta del Sol con muchas cosas que contarse. Así pues, cuando la Guardia Civil les desalojó con motivo de la visita del Papa Benedicto XVI (del 18 al 21 de agosto) para las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), decidieron protestar en contra de la reducción del 80% del precio del billete de metro que se ofrecía a los participantes de las JMJ (dado que los madrileños acaban de ver el precio del mismo billete aumentar un 50%). Una injusticia más, una indignación más. Según publica el periodista de PúblicoIgnacio Escolar en su blog, los Indignados no desaparecerán mientras los políticos no se centren en los motivos que justifican el nacimiento del movimiento. Pero nadie sabe realmente hacia dónde van.

“Grupo de presión ciudadana”

Según Delphine, una Indignada de Barcelona, “institucionalizar el movimiento con rasgos partidarios sería un grave error dada su diversidad ideológica. Todo lo contrario, el 15M podría evolucionar en un grupo de presión ciudadana”. Judit, de 20 años e Indignada desde el cuarto día del movimiento 15M, nos comenta que “tenemos la movilización ciudadana, las ágoras, las iniciativas legislativas populares, las huelgas, todo ello sin compartir ni el origen social ni la ideología”. Los Indignados no quieren crear un partido de los Indignados pues la contradicción sería demasiado fuerte con respecto a las propuestas del movimiento, apoyadas por el 80% de los ciudadanos españoles según los sondeos. Algo nuevo, aún no sabemos el que, pero habrá que cambiar pues, entre Caso Gürtel y una tasa de desempleo de los jóvenes del 40%, las antiguas formas de representación han mostrado cual es su fecha de caducidad.

En la pancarta se puede leer: "estamos más que Indignados"

Acción, reacción

La gente que pide que los Indignados rindan cuentan tras sólo tres meses son quizás los más interesados en que fracasen

El único riesgo es que no se les escuche, como cuando las fuerzas de policía les desalojaron por la fuerza unos días antes de la llegada de los jóvenes de las JMJ. Así pues, para evitar el debilitamiento del movimiento, cuyos objetivos son, según destaca Judit, “a la vez muy diversos y numerosos”, hacen falta cosas concretas. Por una parte, la reacción social: los bancos españoles (en números rojos) quieren recuperar las casas con hipotecas y obligan a los hogares a devolver el préstamo incluso después de haberlos desalojado; los Indignados han hecho una lista de todos los desalojos en curso y por venir y, junto con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, llegan al lugar antes de la policía para detener la evacuación. ¡Ya han parado unas sesenta expulsiones! (aunque, a veces, no basta). Por otra parte, la acción: los Indignados han emprendido una marcha hasta Bruselas que llegará a la ciudad a principios de octubre; justo a tiempo para dar el pistoletazo de salida de la manifestación mundial del 15 de octubre. Los Indignados esperan que los eurodiputados escuchen las dolencias que han recolectado entre los ciudadanos españoles, franceses y alemanes durante el periplo.

Entre la reacción a las consecuencias de la crisis y las acciones que intentan impulsar para cambiar el sistema, hay que organizarse; poco a poco hay que encontrar una coherencia para que la Indignación se transforme en una fuerza de propuestas.

El derecho a tomarse su tiempo

| Los Indignados apoyan numerosos movimientos locales y a veces incluso los inspiran…¿Hay que pedir a los ciudadanos españoles que cambien las reglas de la política “aquí y ahora”?

La gente que pide que los Indignados rindan cuentan tras sólo tres meses son quizás los más interesados en que fracasen. Incluso, si es cierto que hay que pensar en el futuro, nada impide tomarse su tiempo. “Vamos lento porque vamos lejos” replican los Indignados. Ignorando el culto al resultado que se les exige, preservan su esencia sin saltarse etapas. Sobre todo cuando “son muchos los que reivindican que construimos algo nuevo porque lo que existía hasta ahora ha demostrado que no vale” nos recuerda David, un hombre de 32 años que trabaja en marketing y que forma parte de la #acampadabcn desde el 15 de mayo. David considera que “a corto plazo, el movimiento tendrá que centrarse en denunciar las injusticias y las faltas democráticas de facto. Debe mostrarles a la gente lo que pasa realmente”. Como, por ejemplo, colarse en el metro madrileño para denunciar el descuento del 80% que reciben los jóvenes católicos fans de Benedicto XVI mientras los españoles van a pagar su billete un 50% más caro. La huelga de los conductores de metro anunciada por el sindicato de UGT para el periodo entre el 18 y el 21 de agosto enseguida tomará otro giro. De la misma forma que la manifestación del 17 de agosto organizada bajo el lema: “La visita del papa no con mis impuestos”.

¿Hubieras leído este artículo (para los que han acabado de leerlo, ¡contesten con comentarios!) si su título hubiera sido “Europa laica y 120 curas del Foro de Madrid descontentos con la visita del papa a Madrid”? Pues sonría, gracias a los Indignados ¡usted se informa!

Fotos: Portada y texto  © Emmanuel Haddad