Europeicemos la política de desarrollo

Artículo publicado el 18 de Octubre de 2004
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Artículo publicado el 18 de Octubre de 2004

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La política de ayudas europeas debe también dirigirse a Bielorrusia, a Ucrania y a los demás países en transición que llaman a la puerta de la UE.

Durante un periodo de 15 años, los países de Europa Central ( Republica Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia) han percibido una gran cantidad de ayudas de los países más ricos para reestructurar sus economías de mercado -bastante debilitadas tras 50 años de centralización- así como para fortalecer la base de una sociedad civil democrática. A mediados de los 90', este grupo de países aún sumergido en pleno proceso de transformación, comenzó a “pagar” su deuda instaurando programas propios de ayuda y cooperación al desarrollo. La antigua Europa del este , antes también conocida como el Segundo Mundo, se dispone a formar parte en breve del Primer Mundo. Varios de los países que formaban parte de ese antiguo Este, accedieron a la Unión Europea el pasado 1 de mayo, habiendo sido integrados previamente en organizaciones como la OTAN y la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). La entrada en la Unión conlleva indudables beneficios económicos, pero también deben asumirse ciertas cargas, puesto que la UE aporta por si misma el 50% de toda la ayuda exterior mundial, porcentaje que aumenta hasta el 95% si tomamos como referencia la ayuda que aportan los miembros de la OCDE.

¿Aires del pasado o ventaja para el futuro?

La cooperación al desarrollo no es algo ajeno a los países excomunistas de Europa Central, con anterioridad a 1989, prestaron asistencia a los Estados socialistas “amigos” en vías de desarrollo tanto en África como en Asia, aunque su primera experiencia como donantes en el actual panorama geopolítico tuvo lugar como consecuencia de las guerras de los Balcanes, donde muchos de ellos iniciaron clásicos programas de cooperación al desarrollo suministrando ayuda humanitaria. La mayor parte de estas ayudas se canalizaron a través de Organizaciones no gubernamentales, siendo de las más activas la Organización Humanitaria Polaca y la fundación de la televisión Checa “Gente Necesitada”. Después de este periodo inicial, las ayudas de los países centroeuropeos se han dirigido principalmente a los antiguos miembros del bloque soviético en Europa del Este y a los países que formaban la antigua Yugoslavia.

La pregunta es: ¿puede Europa Central permitirse el lujo de contribuir en la lucha mundial contra la pobreza a la vez que finalizar sus propios procesos de transformación? Los gobiernos de los estados que acaban de ingresar en la Unión deben tener en cuenta las necesidades globales de ayuda al desarrollo a la hora de buscarle un destino a su modesta aportación. Por ejemplo, Polonia adoptó una nueva estrategia en 2003 reorientando el foco de su ayuda para hacerla mas compatible con las exigencias internacionales. Hasta 2003 Polonia invertía la mayor parte de su ayuda en la Comunidad de Estados Independientes (CEI), especialmente en Ucrania y Bielorrusia. Pero ahora nos encontramos con que sólo se puede contabilizar como ayuda al desarrollo la que se presta a los “países en desarrollo“ (Enumerados en la primera parte de la lista del Comité de Ayuda al Desarrollo -CAD- de la OCDE), y como consecuencia de esto las transferencias a la CEI ya no pueden computarse como ayuda al desarrollo. Esto significa que ahora las ayudas polacas se dirigen principalmente a cinco países africanos y asiáticos y que podemos observar la misma tendencia en el resto de países centroeuropeos.

Paradoja de la Historia

La segunda parte de la lista del CAD se creó a principios de los años 90' para que no se distorsionasen las estadísticas debido a la gran cantidad de ayudas emanadas tanto de Europa Occidental como De EE.UU hacia los países de Europa Central. Actualmente esta situación está constriñendo el nivel de implicación de estos países en las ayudas al desarrollo y no refleja la situación real de la pobreza en el mundo. Así, las ayudas al desarrollo percibidas por Botswana (Renta per capita de 7.700$) o por Croacia (9.760$) son compatibles con la definición de Asistencia al Desarrollo Exterior -ODA- (ambos países están en la primera parte de la lista del CAD), y sin embargo, cualquier tipo de ayuda a Bielorrusia (5.330$) o a Ucrania (4.650$) no se calcula como parte de la lucha mundial para conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Debemos emplear todos los esfuerzos necesarios para combatir la pobreza, sin embargo los emergentes donantes de Europa Central en los sectores y en los países donde su ventaja comparativa les podría acarrear los mejores resultados, es decir, principalmente los países en transición. ¿Cómo rectificar este problema? Se debería hacer presión sobre la comunidad internacional para que se incluya a países en transición como Ucrania y Bielorrusia bajo la definición de ODA, y concretamente la Unión Europea debería hacer todo lo que esté en su mano para que esto sea así puesto que facilitaría las relaciones con sus nuevos vecinos.