Europeos a medias: la desdichada vida de las parejas mixtas

Artículo publicado el 12 de Febrero de 2009
Artículo publicado el 12 de Febrero de 2009
San Valentín celebra el amor. Y el amor, ya se sabe, no entiende de color, ni de idioma, ni de raza ni bla, bla, bla… Pero, ¿qué pasa si en lugar de casarnos con alguien con pasaporte europeo, nos enamoramos de una persona procedente de África? Si el amor es ciego, ¿la burocracia es obtusa? El testimonio de una pareja mixta

No me gusta escribir en primera persona: en estos casos es inevitable ser subjetivo. De todos modos, quiero hacerlo por una vez porque considero importante ofrecer el testimonio de una realidad común a muchas personas que se encuentran en mi situación. Quisiera hablar de la complicada vida de los europeos que conviven o que, cada vez más a menudo, se casan con personas que no son europeas (precisemos inmediatamente: se casan por amor, pero en determinadas situaciones, resulta urgente casarse).

La lucha contra los matrimonios falsos

Es probable que muchos estén al corriente del hecho de que, al endurecerse las leyes de inmigración en muchos países europeos, se multiplican también los obstáculos para reconocer las uniones de parejas denominadas ‘mixtas’. Y a menudo se alargan los tiempos de espera, todo en nombre de la lucha contra los matrimonios falsos. Mi pareja y yo decidimos casarnos hace un año en Italia, donde nací. Pensamos que casándonos, él adquiriría más derechos y, por consiguiente, nuestra vida cotidiana sería más sencilla.

Él es africano: comienzan las verificaciones sobre su estado, las burocracias de nuestros respectivos países se ponen manos a la obra y nos solicitan la presentación de los documentos necesarios (su certificado de nacimiento, antecedentes penales, etc.), junto con su traducción y autenticación a través de todas las vías y pagos en varias instituciones de protección al ciudadano. Se celebró la boda y llegó el momento de entregar a mi marido el permiso de residencia por motivos familiares: en este momento aumentan los controles.

¿Libre circulación?

Vienen dos guardias a buscarnos a casa y luego, dos policías de paisano: tienen que verificar que verdaderamente vivimos bajo el mismo techo. Con el nuevo permiso en la mano, que llegó unos meses después de la boda, nos fuimos a Francia, donde tuve la oportunidad de realizar unas prácticas en el sector en el que me gustaría trabajar. Son momentos difíciles para los recién licenciados, y no es fácil encontrar trabajo en las ciudades de provincia italianas. Por eso, parecía una buena idea irse. Por desgracia, no habíamos tenido en cuenta la realidad: la libre circulación en Europa solo es válida para los europeos establecidos desde hace años, no para quien solo lleva un año casado con un europeo. Por lo tanto, no hay visado de entrada para mi marido. Podemos pedirlo solo con la condición de demostrar que tenemos recursos económicos suficientes: pero yo he venido a Francia precisamente porque mi situación no es buena, soy becaria.

"La libre circulación en Europa no es válida para quien 'solo' lleva un año casado con un europeo"

Último intento: mi marido intenta que le reciban en el Consulado de Francia en Roma para solicitar un visado de Italia y poder entrar en Francia: le conceden la solicitud, debe presentar solamente unas decenas de documentos, hacer que le envíen algunos certificados de África que caducan a los tres meses (también el de nacimiento, aunque solo se pueda nacer una vez). Y todo lo más rápidamente posible, algo difícil como puede imaginarse cualquiera que conozca un poco la realidad africana. La sorpresa más amarga llega durante la entrevista con los funcionarios del Consulado: tenemos que volver a demostrar antes que nada que nuestro matrimonio no es una puesta en escena. Le hacen preguntas sobre nuestra vida privada (dónde y cómo nos conocimos, quién decidió casarse...) que evidentemente, según las autoridades transalpinas, deberían servir para descubrir a los impostores. ¿La respuesta? Ya le informaremos. ¿Cuándo?

¿Cuántas esperanzas tenemos en que mi marido obtenga un visado y, con él, la posibilidad de trabajar en nuestra hermosa Europa sin fronteras, en la que dos Estados, cercanos en tantos sentidos, no se fían ni de la validación de una boda celebrada en uno de ellos? No tenemos derecho a respuestas, por el momento. En el fondo, solo somos europeos a medias.