Eurovisión en Serbia: fiesta gay en un país homófobo

Artículo publicado el 20 de Mayo de 2008
Artículo publicado el 20 de Mayo de 2008

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Los fans de Eurovisión –entre los cuales se sabe que hay muchos homosexuales- están enfebrecidos con el megaevento de Belgrado. La comunidad gay y lesbiana de la metrópolis balcánica espera salir de la semiilegalidad.

Mientras las fuerzas ultranacionalistas se enfrentan con las proeuropeas para decidir el curso político del país tras las pasadas elecciones al Parlamento y la alcaldía, el Belgrado oficial enseña a los turistas su cara más atractiva: los grafitis antioccidentales en las cercanías del lugar de celebración son rápidamente borrados, y las aceras rotas del centro son renovadas. También los pequeños comerciantes callejeros, que venden ropa y objetos de uso cotidiano junto al gran mercado en el idílico barrio de Zemun, han sido prohibidos: “durante el concurso no quieren tenernos aquí”, se queja Marko, que se gana la vida trapicheando con cestas, miel y pequeñas piezas de vajilla. Pero sobre los pros y los contras del concurso musical, todos están de acuerdo: la limpieza primaveral ha venido bien.

Nuevo-Belgrado

La construcción del estadio fue interrumpido durante la guerra y fue finalizado en 2005 ©ESC 2008El lugar de celebración del concierto del 20 al 24 de mayo es el Belgrad Arena, la quinta sala más grande del mundo. En una superficie de 48.000 m2, donde tienen cabida más de 20.000 espectadores. La sala, amistosamente llena de banderas, se encuentra en el barrio de Nuevo-Belgrado, llamativo por sus rascacielos, justo al lado de la autopista Zagreb-Nis. Cualquiera que haya circulado alguna vez en esta famosa autopista en dirección a Grecia o Turquía, ha pasado delante de grises filas de viviendas gigantes. En los últimos tiempos ha surgido en Nuevo-Belgrado un barrio comercial de altos vuelos.

Para los jóvenes, la mayoría de los cuales solo conoce Occidente por la tele o por libros, Eurovisión 2008 ofrece la oportunidad para el contacto directo con gente semejante de otras naciones. “Me alegro de verdad de que Serbia vuelva a ser noticia, y no a causa de una guerra”, dice Jasna. Esta veinteañera de la ciudad sureña de Jagodina empezó en otoño pasado a estudiar alemán. En realidad, este tipo de música no suele gustarle, pero el que tenga lugar en su país le hace sentirse orgullosa. Fiestas de Eurovisión a lo grande, como en Alemania, no se conocen en Serbia; su coetáneo Dario no se alegra tanto de la ocasión: “Es genial que pasen tantas cosas en la calle, ¡pero esto me está resultando demasiado marica! El que lesbianas y gays se muestren en público con naturalidad, como por ejemplo en Alemania, es algo que aquí no se da”, opina este joven.

La vieja historia de la homofobia

Portal web serbio 'queeria'/ ©queeria.comBoban Stojanovic puede contarnos otra historia de homofobia en su país. “Como periodista, no podía seguir trabajando en las provincias en el Este, por eso me he retirado al anonimato de Belgrado”. Aquí se ha comprometido, a sus 30 años, con el pequeño grupo homosexual de 10 miembros QUEERIA desde otoño de 2000. En marzo de 2001, irrumpieron 50 energúmenos en el local de la asociación, motivados por el activismo del grupo a favor del matrimonio homosexual. Molieron a palos todo lo que había dentro –incluidos los miembros que estaban dentro-. Las penas de dos a tres meses no merecen casi ni comentario, según Boban. También otros grupos de Belgrado, como Labris, Gayten, Gay Straight Alliance o Transgay, cuentan con escasa concurrencia. Boban sabe por qué: “La gente tiene miedo”.

Ve el certamen de la canción como una oportunidad para contactar con otras organizaciones y actuar como lobby. Sin embargo, la gran oportunidad de conseguir una portavoz importante para esta minoría se perdió el año pasado, se lamenta. “Con la victoria de Marija Serifovic, lesbiana de origen gitano, se dio la falsa impresión en el extranjero de que aquí se es tolerante con las minorías”, explica. En realidad, la vencedora del año pasado no se comprometió ni con unos ni con otros. “Se ha comprado una casa y un coche, y ha apoyado a los radicales”, continúa Boban. Para los gitanos y los homosexuales fue una gran decepción.

Desde hace tiempo, el movimiento patriótico Obraz (Honor) lucha contra el amor entre personas del mismo sexo. “Este movimiento se comprometerá también en el futuro a que Belgrado continúe siendo una ciudad libre y cristiana”, afirma su página web. La propagación del mal, por ejemplo en un desfile gay, no debía ser tolerada, por lo que se enviaron patrullas a las calles.

El presidente Boris Tadic y los organizadores del Eurovisión han dado garantías de seguridad para todos los visitantes. El número de policías es de momento tan grande como el que muchos hubiesen deseado durante los ataques a embajadas extranjeras en febrero de este año. Con chalecos reflectantes recién salidos de fábrica y una inscripción que reza policija, recorren las calles. Boban recomienda encarecidamente a homosexuales y heterosexuales por igual que no recorran las calles con banderas de países que hayan reconocido a Kosovo.

El autor es miembro de la red de escritores de n-ost