“Eurozone”: el final de Europa al más puro estilo Tarantino

Artículo publicado el 21 de Febrero de 2013
Artículo publicado el 21 de Febrero de 2013
Pensad en Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, 1992), cambiad los gánsteres por políticos y banqueros —y los almacenes donde tiene lugar el crimen por arquitectura contemporánea— y colocad, por último, el Estado de bienestar europeo en el lugar de las joyas. Arriba el telón con la compañía gallega de teatro Chévere y su último proyecto: Eurozone.

La llegada de los conservadores al ayuntamiento de Santiago de Compostela en 2011 precipitó el final de la Sala Nasa: refugio de las artes durante veinte años en la ciudad. La política de subvenciones, tacaña en la apuesta por la programación cultural de calidad y con contenido crítico, terminó con aquel nido de resistencia. El municipio vecino de Teo no tardó en ofrecer instalaciones y ayuda para mantener con vida el espíritu de la Nasa, encarnado en el grupo de teatro Chévere, que allí tenía su residencia. Consumada la mudanza, este febrero estrenan Eurozone, una especie de thriller político ambientado en la profunda crisis que vive la idea de Europa.

Nacido en el año 1988, el grupo Chévere es emblema de la cultura contemporánea gallega y en gallego. Sus actores, muy populares gracias a sus papeles en series y programas de humor de la televisión pública, son artífices de un teatro fresco y vivo que es modelo para muchas compañías, también de otras regiones de España. Ácidos en su crítica, la que les lleva a convocar periódicamente a la ciudadanía consciente a las llamadas Ultranoites —sesiones nocturnas donde ridiculizan a los protagonistas de la actualidad gallega, española e internacional y que se siguen cebando con el gobierno municipal que les obligó a mudarse de localidad, ahora inmerso en múltiples escándalos de corrupción—, se embarcan en este nuevo proyecto tras observar la situación que vive Europa y su profunda crítica existencial.

La obra del grupo gallego Chévere estará en marcha hasta el próximo 10 de marzo en la localidad de Teo.El grupo de teatro nos reclama, para situarnos, un ejercicio de imaginación poco exigente: el de ubicar a la clase dirigente europea atrincherada en un frío edificio de arquitectura contemporánea después de haber protagonizado un gran atraco especulativo. Esto es, los líderes de Europa caracterizados como criminales. De la misma manera que en Reservoir Dogs (1992) los matones de Tarantino analizan su conducta con enorme naturalidad, la dirección se propone colocar al político y al banquero como el matón y el ladrón. Chévere se justifica: “Ellos son los que ordenan deshaucios, rescates millonarios, amnistías fiscales, recortes en sanidad y educación, para ellos es natural participar en reuniones y cumbres en las que se decide inyectar millones de euros para rescatar bancos en quiebra por mala gestión al mismo tiempo que se eliminan ayudas sociales y a empresas, dejando en el paro a millones de personas.” Por su parte, Patricia de Lorenzo, una de las protagonistas, habla con claridad: “¿Qué es el dinero? La mayoría de la población no sabe que es ni cómo funciona. Así puede ser manipulada y controlada fácilmente por bancos y gobiernos”.

En la obra, como en la vida real, algo les sale mal a los que mandan. Es entonces cuando dejan de actuar como una piña y comienzan a lanzarse los trapos sucios. Es el momento en el que la representación retrata la fragilidad de sus relaciones personales: la auténtica soledad que viven al tener enfrente la indignación ciudadana, que ve como su futuro se quiebra desde sus despachos. Los dirigentes, entre los que destaca Angela Merkel, tan contestada en el sur de Europa, son emplazados en un escenario de casino, de apuesta, en un lugar similar al criticado complejo de Eurovegas, megaproyecto que convertirá un páramo madrileño en la capital europea del juego y quién sabe si de la mafia.

Pepe Penabade es el actor que interpreta a Angela. Nunca imaginó este trotamundos de la farándula que terminaría interpretando a la canciller: “Realmente nunca pensé que en este espectáculo acabaría haciendo de Merkel, pero como dice mi compañera de reparto, Patricia, de joven era bien guapa”. La obra persigue la reflexión sobre el proyecto europeo, pero quiere regalarnos el inmenso placer de contemplar a los mandamases peleándose físicamente. Iván Marcos, uno de los actores, subraya la importancia de la colocación corporal, pues la lucha en el directo del teatro no es tan agradecida para el público como en las películas de Tarantino si no es ensayada minuciosamente. El conocimiento de las artes marciales y de lucha tuvo su importancia en la génesis de la pieza.

Escenificación de una pelea a la europea.

La obra, muy esperada por la crítica, es un paso más en la innovación teatral que practica el grupo. Con un decorado muy ocurrente para una compañía limitada en el aspecto económico y con una importante carga de acción más allá de los diálogos, el grupo pretende que la respuesta del público no se limite al plano de la anécdota, sino que se enmarque en una reflexión más profunda alrededor del futuro del continente. No se trata de vender eurofobia, sino de reivindicar desde el escenario que otra Europa alejada de los poderosos y próxima a los pueblos tiene que ser posible: una Europa realmente democrática donde las mayorías sociales puedan con los grupos de presión y que reconozca la riqueza de su diversidad política y cultural como base para una unión política y económica justa y satisfactoria para todos, alejada de intereses especulativos, de diferencias de velocidad y de protagonismos nacionales.

En definitiva, una Europa donde Mario Draghi y Angela Merkel no puedan ser reprobados por carecer por si solos de poder suficiente como para arrodillar la dignidad de los ciudadanos del sur en beneficio de la austeridad para un futuro y lejano crecimiento que nadie entiende sin una apuesta por los servicios públicos, la investigación y la cultura. Es decir, sin los pilares del Estado de bienestar, cuyo derribo, que es el de la prosperidad europea, se pretende denunciar. La obra es íntegramente en gallego y es que Chévere es firme en la defensa de los derechos culturales de los pueblos con lenguas minorizadas. Su éxito es una herramienta de promoción de la lengua propia, minoritaria en las ciudades y especialmente en los segmentos de población para los que la representación está pensada.

Imágenes: © Rede Nasa.