Evitar el odio después de la tragedia en París

Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2015

[Opinión] Dividir a la sociedad en “nosotros” y “ellos” no solucionará ningún problema, sólo conseguirá dividirnos más. Desde luego, el objetivo de los terroristas es fracturar la sociedad europea. Los ataques del viernes pasado ahora están siendo conectados con la crisis de los refugiados, incluso hay quien asegura que los inmigrantes que llegan a Europa son potenciales terroristas.

Durante los ataques en París el viernes 13 de noviembre, 129 personas fueron asesinadas y 352 fueron heridas, 99 de ellas gravemente. El presidente francés François Hollande declaró un raro estado de emergencia y 3 días de luto nacional. Desde el viernes, el mundo entero ha estado enviando sus condolencias y se ha unido en solidaridad con Francia, en su dolor y su lucha contra los autores de estos acontecimientos, unos hechos sin precedentes en la historia contemporánea de la nación.

La noche de los ataques fue también particular al demostrarnos de manera clara que no podemos separarnos del mundo exterior. Ninguna nación es una isla, y una guerra que ocurre a miles de kilómetros de distancia nos afecta a todos, lo deseemos o no.

Los miembros —asesinos— del grupo terrorista ISIS (una organización no apoyada por los estados árabes o musulmanes) son guerreros que utilizan la religión como pretexto para matar y obtener poder. La yihad, la guerra santa que estos terroristas están luchando, tiene lo mismo que ver con la fe de los musulmanes europeos, como las cruzadas con el cristianismo moderno.

Desde lo sucedido, los medios franceses han estado advirtiendo a la sociedad de que no deben culpar por estos incidentes horribles a sus conciudadanos musulmanes o a los inmigrantes que buscan asilo en Europa. No podemos eliminar la posibilidad de que alguno de los inmigrantes pueda estar en contacto con los terroristas. Sin embargo, al mismo tiempo, no podemos olvidarnos de que fueron franceses los que llevaron a cabo los ataques ocurridos en enero, y más de uno de los asesinos que participó en los ataques del viernes era también de nacionalidad francesa.

La situación es muy complicada y la simplificación acrítica de la misma no nos ayudará a entenderla. El deseo de venganza, de identificar a los terroristas, y de sentir en general emociones negativas es natural. La fuente de estas emociones es el miedo, y eso es exactamente lo que quiere ISIS. En la tarde del viernes atacaron el corazón de la capital, el área más dinámica y social de la ciudad.

Hay que entender que los inmigrantes están huyendo de un país que ha sufrido múltiples ataques diarios en los últimos años. En la mayoría de los casos son hombres jóvenes, emigrando para preparar el camino para que las mujeres y niños los sigan, pero también se trata de familias enteras y gente anciana. El ataque del viernes en la capital francesa es sólo un indicio de aquello que los sirios e iraquíes sufren día a día en sus propios países. Arriesgan todo para llegar a Occidente: Su salud, su dignidad humana, sus vidas y las vidas de sus niños. Buscan la tierra de sus sueños, en donde la mayoría de ellos sólo desea poder vivir una vida normal y trabajar.

No castiguemos a las víctimas por los errores de sus perseguidores. La xenofobia y el racismo son el resultado del miedo. En el caso de países como Polonia, esto se manifiesta de una manera extremadamente uniforme en términos de origen étnico y religión. Es el miedo a lo desconocido. Aquí, en París, en el centro de los acontecimientos, no se oyen las voces del odio, del miedo o de la xenofobia, sino las palabras de valor y los gestos de aliento. Existe también el deseo de unirse y de expresar solidaridad con las víctimas de los ataques.

La libertad, igualdad y fraternidad, conocidas comúnmente en Polonia como “multikulti” (política de multiculturalismo), la propia esencia y corazón de la sociedad francesa, están siendo blanco de burlas de muchos políticos polacos. Esta sociedad no tendría una cultura tan rica y nunca habría desarrollado sus ideas sobre el arte y la filosofía contemporáneos si no fuese por su diversidad. La unidad de los ciudadanos, sin importar su color de piel, religión u orientación sexual, es parte de la definición misma de la nación. En un día como este es más visible que nunca.

En Imperium, Ryszard Kapuściński escribió un pasaje sobre tres plagas que amenazan nuestro mundo, un texto que está siendo utilizado hoy por muchos en las redes sociales. Estas plagas son, en primer lugar, la del nacionalismo. En segundo lugar, la del racismo. Y en tercer lugar, la plaga del fundamentalismo religioso. Su denominador común es una irracionalidad agresiva, todopoderosa: “Cualquier persona afectada por una de estas plagas está más allá de la razón. En su cabeza arde una hoguera sagrada que aguarda a sus víctimas en sacrificio. Una mente contagiada es una mente cerrada, unidimensional, monotemática, que gira en torno a un único tema: Su enemigo. Pensar en el enemigo los sostiene, permite que existan. Por eso el enemigo está siempre presente, siempre con ellos”. 

A estas tres plagas también le agregaría una más: La plaga de la ignorancia. Es aterrorizante como los polacos, ciudadanos de un país que no se ha visto directamente  afectado directamente por la afluencia de inmigrantes de Siria, Iraq, Afganistán o Eritrea, ni por potenciales ataques terroristas, pueden someterse tan fácilmente al poder de la violencia y la aversión al “otro”. Esto también se aprecia en algunos polacos bien educados y bastante moderados. Es aterrorizante ver que incluso algunos políticos utilizan salvajemente en sus discursos el ejemplo de los asesinos para alcanzar sus metas y para aumentar su propia popularidad.

Sin embargo, tomemos ejemplo de los afectados por la tragedia, de los ciudadanos franceses, y no permitamos que nuestros corazones y mentes se llenen de miedo y de odio que más tarde acabarán por afectar nuestros pensamientos, palabras y comportamiento. Antes de expresar sus opiniones simplificadas, hirientes y racistas (de las cuales las redes sociales polacas están llenas actualmente, así como algunos de los medios), piense, lea y considere primero. Agarrándose al pánico y a la xenofobia uno no hace más que convertirse inconscientemente en un arma en las manos de los terroristas. Esto es exactamente lo que ellos desean, conquistar Europa y el mundo occidental fomentando el odio, el horror y el caos. En lugar de eso, deberíamos comportarnos en consonancia con las palabras que están hoy exhibidas por todas partes en París: No tengas miedo. Respondamos al terror celebrando la amistad y la alegría de vivir, porque el amor hacia tus compatriotas no es, y no debería ser, expresado a través del odio hacia otros.

T.Love - no, no, no

Kasia Stręk, fotógrafa y periodista, informando desde París.