Ex Nihilo, la derecha en el este

Artículo publicado el 29 de Noviembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 29 de Noviembre de 2004

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En la Europa central y oriental, la caída del comunismo redistribuyó las cartas del juego político. ¿Cómo se ha estructurado la derecha, nacida en la oposición al socialismo de Estado, para volverse “moderna”?

1989, en algún lugar al Este de lo que fue un telón de acero y seguirá siendo durante mucho tiempo una línea de fractura, Europa se levanta y vuelve a crearse. El mundo político de esta parte del continente vive también este renacimiento. Para la derecha, será largo, arduo y complejo.

Primera constatación: nuestras definiciones y conceptos occidentales no son pertinentes; durante la Perestroika, un conservador es un comunista duro. La derecha se constituyó, así pues, en contra del totalitarismo de izquierda; la noción de oposición es la matriz de su constitución.

Derecha sin matices

Al caer el comunismo, todo lo que instauró el totalitarismo es rechazado en bloque: la estructura de partido, la idea de solidaridad, la izquierda. Medio siglo de Estado-partido-único enturbió e hizo caer en el oprobio a la propia noción de partido. Los opositores a los regímenes constituidos eliminaron la estructura de partido en favor de foros, plataformas y otros paraguas políticos. En estos espacios se expresaban disidentes convertidos en candidatos, que no estaban acostumbrados al debate político o a la toma de palabra y que tuvieron dificultades para construirse a si mismos de otra forma que no fuera por oposición a la izquierda. Estas estructuras de nueva creación tampoco tienen medios financieros para luchar contra los partidos herederos de los Partidos Comunistas, que están bien asentados localmente y bien representados por los sindicatos aún activos y depositarios de los bienes de los antiguos Partidos Comunistas, a menudo reetiquetados como “socialistas” a toda prisa.

No es momento de matices. El duelo en el seno de esta nueva derecha enfrenta a maximalistas y minimalistas, a defensores de una terapia de choque para la economía planificada y partidarios de una reforma económica gradual. Los matices aún no aparecen: a principios de los años 1990, las diferencias se situan más bien entre los herederos del poder totalitario y los disidentes convertidos en opositores. No será sino hasta 1992 cuando las discrepancias fisuren la unión de oposición para dar lugar al nacimiento de formaciones políticas con programas claramente diferenciados.

Occidentalización

Primera elección, primera victoria y primeras experiencias del poder para los hombres de derecha, enfundados en un hábito que nunca había sido el suyo, el de la mayoría. Primeras decepciones, primeras alternancias. Éstas últimas -demasiado numerosas- impidieron a la derecha ganarse una base territorial, asentarse, estructurar sus cuadros, formar a su personal y renovar y adaptar su programa.

Así, la derecha se mantuvo durante mucho tiempo monolítica, defensora de una feroz oposición a cualquier forma de solidaridad, profeta de una austeridad presupuestaria y de una aspereza económica sin precedentes.

Admitidos como observadores o ayudados financiera y materialmente por sus colegas occidentales (donación de papel para los panfletos propagandísticos, préstamos de material informático, etc), las estructuras políticas orientales se desarrollaron de forma considerable a partir de 1992 y poco a poco se fueron occidentalizando: se convirtieron en partidos, adoptaron estrategias de poder, designaron candidatos y se afiliaron a las internacionales y a los partidos europeos. Vieron surgir líderes no sólo carismáticos sino también eficaces, y definieron líneas directrices claras y programas realistas de poder, no ya de oposición.

Al centro y de lado

De esta manera pudieron saltar a la arena política tanto partidos de derecha muy liberales (en general sobre la economía) como muy conservadores (en temas de familia, religión, aborto, Europa,…). El centro derecha se encontró desierto, poblado únicamente por algunos partidos perdidos que predicaban la moderación y no encontraban audiencia alguna… No era la moderación lo que estaba de moda en aquel entonces, sino el comunismo de los nostálgicos y decepcionados y el liberalismo de ávidos y de piratas de la transición. Partidos que tomaran en consideración elementos de las pensiones solidarias, una legislación ágil sobre el despido o la privatización, que mirasen serenamente hacia Europa y la OTAN pero también hacia la PESD, que defiendieran el derecho de la familia pero también el de la mujer, etc, no han encontrado espacio en el espectro político. En cualquier caso, no un espacio significativo. Aunque se sitúen en el centro, estos partidos son marginales.

A pesar de todo, esta derecha centrista y moderada existe. Progresivamente ha ido jugando un papel en los valores y los gobiernos. Los electores la han percibido como una posibilidad realista y no como un compromiso o cobardía política. Ciertamente, no ha sido la gran vencedora en las elecciones de 2004. Pero la derecha tradicional, ultra liberal y conservadora, no ha obtenido el éxito esperado o temido. La victoria del centro derecha estriba en haber sabido reunir a los electores cansados del liberalismo y el conservadurismo, sin que ello beneficiara a los socialistas herederos de los partidos comunistas o provenga de un abstencionismo cada vez más inquietante.