Éxodo universitario: Ser alemán y estudiar Medicina en Letonia

Artículo publicado el 17 de Enero de 2012
Artículo publicado el 17 de Enero de 2012
Todos aquellos que suspiran en vano por una plaza de Medicina en la universidad alemana pueden comenzar sus estudios en la capital letona y confiar en superar el examen de final de primer ciclo para seguir su formación Alemania. En la universidad Stradina de Riga, los alemanes representan casi la mitad de los estudiantes extranjeros de medicina.

La Universidad Stradina de Riga por la mañana es como una estación en hora punta. Algunos estudiantes, ya preparados, acuden a clase con su bata blanca mientras los más rezagados dejan a toda prisa su abrigo en el guardarropa. Lo más llamativo en la factulad de medicina es el cruce de lenguas: un poco de letón por aquí, sueco por allá, debates en noruego e inglés. Un gran grupo discute en alemán antes de entrar en el anfiteatro. Entre ellos, Toni, de Halle (este de Alemania). “Con una media de 1,6 (las calificaciones en el sistema alemán de enseñanza van de 1 a 5, siendo 1 el mejor resultado posible) no conseguí una plaza en mi facultad-explica- No quería perder mi tiempo con prácticas inútiles, así que me fui a Letonia”.

La clave, el examen de fin de ciclo

En el segundo semestre, 85 estudiantes de Alemania, Suecia y Noruega querían ser médicos. En sus respectivos países no obtuvieron plaza debido a los numerus clausus y a la media exigida, un 1,3. Fueron aceptados en la Universidad Stradina de Riga (clases en inglés) sin el menor obstáculo burocrático. Pero la mayoría vuelve a Alemania después del examen de final de primer ciclo. La razón: tasas de matriculación demasiado elevadas. La mayoría de universidades alemanas piden 500 por semestre, aunque algunas regiones han abolido estas tasas de inscripción. Sin embargo, en Letonia, el primer año de medicina cuesta 7.000 euros.

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Todos los que reciben ayuda financiera durante su formación pueden considerarse afortunados, pues el coste es casi enteramente asumido por el ministerio de Enseñanza e Investigación. Otros, como Johanna, originaria de Schleswig Holstein (región en el norte de Alemania), deben recurrir a sus padres. “Les estoy muy agradecido por poder estudiar aquí. En principio me voy a quedar si sigo sin obtener una plaza en mi región para el segundo semestre, después del examen de final del primer ciclo”.

Liga Aberberga es profesora en la facultad de medicina de Riga. Desde la independencia de Letonia, hace 21 años, ha contribuido a la implantación de cursos en inglés y ya ha formado a cientos de médicos. La universidad esperaba hacer negocio. “Antes teníamos estudiantes de Sri Lanka, de Pakistán, de Israel, y de repente llegaron muchos alemanes. En el primer grupo eran tres ; el año siguiente, el doble y hoy ya hay un grupo 100% alemán”.

Una práctica lucrativa para Letonia

Actualmente, más de 500 estudiantes extranjeros vienen a formarse en medicina a la Universidad Stradina de Riga, de los cuales 206 son alemanes. Para la decana Smuidra Zermanos es un verdadero éxito. Hace años que intenta juntar fondos para la formación médica letona. Hoy, gracias al dinero de los estudiantes inscritos, la universidad puede permitirse pagar a los profesores. “Nos adaptamos a la competencia, que es dura- dice- Solo en Europa del Este se crean cada año 20 formaciones nuevas en medicina. Ninguna universidad letona tiene tantos estudiantes extranjeros como la nuestra”. Esta particularidad permite también la aplicación de la reforma del Plan Bolonia. Para 2015, está previsto que uno de cada diez estudiantes universtiarios de la Unión Europea sea extranjero. 

Julia Schümann es una de las primeras alemanas que se quedó en Letonia después del examen de fin de primer ciclo y una de las primeras que rechazó su plaza en la univerisdad alemana. Defiende el sistema letón de trabajo, que permite un aprendizaje intensivo. “Es casi una clase particular. A veces puedo ir a la sala de operaciones y a ayudar un poco o a ver casos muy difíciles”, dice. “En Alemania no sería posible”, insiste.

La autora de este artículo, Birgit Johannsmeier, es corresponsal de la red  n-ost.

Fotos: Portada (cc)chantel beam photography/flickr; Texto: (cc)ahd photography/flickr