Expatriado y sin un duro: Cómo apañárselas para pagar impuestos de rico

Artículo publicado el 14 de Octubre de 2009
Artículo publicado el 14 de Octubre de 2009
¿Quién se habría imaginado que una dulce aventura de expatriación terminaría en una resaca fiscal? De regreso de un año en Cerdeña, una joven francesa ve el tesoro público llamar a su puerta para pedirle una suma de dinero sorprendente. Historias que salen caras

Amigo babeliano, te ruego disculpes por adelantado el tono ligeramente sindicalista de este texto. Pues es para ti, futuro emigrante, que voy a renegar de mi discurso en favor de los impuestos (no protestamos) poniendo mi grito en el cielo cual evadista fiscal. Me fui con la melena suelta al viento para vivir con mi pareja en la maravillosa isla de Cerdeña. Me leí todas las páginas de la guía del expatriado. Excepto una, según parece.

Como buenos conciudadanos que somos, advertimos de nuestra partida a todas las administraciones concernientes. Primero la oficina del paro, pues nos proporcionaba tres meses de indemnización a cada uno, y después, la administración encargada del pago de impuestos en París. Además, con la beca de movilidad Leonardo da Vinci en mano, para una experiencia de prácticas en Europa, todo había quedado atado. Incluso llegamos a pacsarnos (el Pacs, tipo de alianza civil entre dos personas que se realiza en Francia, como las parejas de hecho), para hacer oficial nuestra relación en caso de que fuera necesario ante cualquier petición por parte del consulado (bueno, puede que también tuvieramos ganas, pero es para decirte, amigo babeliano, hasta qué punto nos esforzamos por dejarlo todo zanjado).

Pulpos y agua fresca

Una vez en Cerdeña, deslumbrados y encantados, vivimos prácticamente a base de pulpo y agua fresca. El mercado laboral en la isla no es muy dinámico. Especialmente para los inmigrantes que no hablen ni una sola palabra de italiano, como la aquí presente nada más llegar. Muy mal o, mejor dicho, muy bien: ahora Europa no conoce fronteras. Almacené los beneficios de mi desempleo, devoré mis ahorros y trabajé por libre para franceses residentes en Francia, los pobres. Año sabático y paréntesis encantada, tal fue el espíritu del año de gracia de 2008.

Hemos contribuido cual ricos ahorrándonos el esfuerzo de ganar por lo menos 37.000 euros. ¡Y decir que me quejo!

2009 se presentó con una mueca y decidimos volvernos: las mejores cosas llegan pronto a su fin, cazzo!! Una vez instalados en el Hexágono, ¿que fue lo que hicimos como pobres inocentes que somos? Declarar nuestros impuestos. Lo hago siempre, y puntualmente. Adoro hacerlo: por una razón que aún no logro explicarme (sin duda un disfuncionamiento cerebral), me hace el mismo efecto que votar, participar en la vida civil y todo eso (hago hincapié en el hecho de que mi novio no comparte mi entusiasmo, ni si quiera por el voto). Declaramos por dos, y lo digo abiertamente, la suma astronómica de 15.000 euros.

¡Gracias, Código general de impuestos!

¡Alégrate por mí, amigo babeliano, por que este año participo en la vida civil como nunca! Acabamos de recibir nuestra ficha de impuestos y debemos 3.414 euros. No te canses calculándolo, viene a ser un 20% de nuestros ingresos 'franceses'. 20%, ¡qué lujo! Si hubiésemos querido ser gravados a un tipo de interés idéntico quedándonos en nuestra patria, tendríamos que haber ganado alrededor de 26.000 euros cada uno y, por lo tanto, declarar 52.000 euros (redondeo para tí, futuro expatriado preso por la duda). Hemos contribuido cual ricos ahorrándonos el esfuerzo de ganar por lo menos 37.000 euros. ¡Y decir que me quejo!

Esta especie de milagro se lo debemos al artículo 197-A del Código General de Impuestos francés (¿a quién puedo dar las gracias?). Entrado en vigor en el 2006, parte del principio de que los expatriados acumularían ingresos franceses e ingresos del país de acogida, y, por lo tanto, tendrían un 'ingreso mundial' elevado ('ingresos mundiales', suena a la jet set y a vacaciones en Cerdeña). No obstante, quien dice ingresos elevados dice tasa de impuestos elevados, de ahí el 20% como mínimo. Sin querer tener mala fe, ¡habría que buscar esta información para encontrarla!

Esto me enseñará a dejar de preguntarme a que tasa seré devorada. Mientras llega ese momento, espero que a mi receptor le guste el pulpo.

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