Experimento nazi: La Ola

Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2008
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Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2008
Rainer Wenger (Jürgen Vogel) es un profesor joven y “alternativo” de un instituto alemán que es elegido para impartir un curso sobre el sistema autárquico durante una semana.
El profesor comienza a reflexionar sobre los elementos que hacen posible que aparezca una dictadura tan horrible como fue la de Hitler y propone la idea de hacer un “juego” para recrear un régimen autárquico a pequeña escala. En ese movimiento ideológico ficticio que denominan “La ola” el profesor ejerce el rol de líder y pide a los alumnos disciplina absoluta, subordinación y obediencia a una serie de reglas como vestir siempre con camisas blancas en clase y fuera de ella. Lo que parecía un inocente juego se descontrola y se vuelve conflictivo y desencadena una violencia desmedida con tristes consecuencias.

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La película alemana “La ola” pretende ser una advertencia a las nuevas generaciones de alemanes de que existe la posibilidad de que en cualquier momento puede resurgir un movimiento como fue el nazismo. La enseñanza de la cinta, si la tiene, es que si Hitler fue consecuencia directa de las circunstancias de un país como Alemania a principios del siglo XX, es necesario preguntarse si en el contexto actual podría tener lugar la aparición de un movimiento similar. El problema de la película de Dennis Gansel es que es tremendamente tramposa en su desarrollo. La gran velocidad con la que los alumnos se vuelven fanáticos de ‘La ola’ supone un serio problema de verosimilitud. El director intenta, sin conseguirlo, hacer creer al público en tan sólo dos o tres escenas que la enorme transformación de los personajes es posible gracias a los problemas personales de cada uno y de la necesidad de los jóvenes de sentirse protegidos dentro de un grupo. Gansel tampoco termina de hacer creíble que el profesor Wenger se sienta cómodo ejerciendo de líder por un problema de autoestima que arrastra desde hace tiempo. Si el guión no hubiera fallado en esos dos aspectos, el resultado del filme sería mucho más sólido y convincente. A pesar de todo, la película tiene un ritmo trepidante digno del cánon comercial del cine estadounidense para adolescentes aunque para ello se sacrifique la credibilidad de los personajes y cualquier intento de acercamiento detenido a la verdadera complejidad de los sentimientos de los protagonistas.

Emilio Gómez Barranco