Expo Milan 2015: Pasión viajera y hambre de mundo

Artículo publicado el 12 de Agosto de 2015
Artículo publicado el 12 de Agosto de 2015

Durante años, Milán esperó impacientemente el gran evento. Finalmente, la Expo Mundial abrió sus puertas en la capital económica de Italia. Una ola de euforia y orgullo patriótico llegó con la apertura, pero ésta también fue sacudida por una oleada de escándalos de corrupción, coches ardiendo e incidentes violentos en el recinto ferial.

Incluso cuando estudiaba en Milán hace algunos años, no podías pasarlo por alto. Señales por todas partes anunciaban: "¡Llega la Expo!". Incontables obras para enormes proyectos de infraestructura daban la impresión de una ciudad conmocionada que quería presentarse a sí misma como una metrópolis limpia, sofisticada e innovadora, justo a tiempo para principios de mayo del 2015. Y lo hicieron, aunque en el último minuto -siempre ha sido así en el mundo de las Expos, según explicó de antemano el alcalde de Milán, Giuliano Pisapia.

Purpurina y gases lacrimógenos

A pesar de los titulares negativos (que de todas formas casi nadie recuerda ya), fui testigo de un país convulsionado y orgulloso. La crisis ha terminado. Ahora tienen sed de acción y ganas de mirar al futuro. Al menos así fue como se organizó la apertura - como en los Juegos Olímpicos, colorida, eufórica, todo el mundo invitado a Milán. Un inicio exitoso con mucha pompa y circunstancia. El Primer Ministro Renzi declaró lo que mucha gente no creía posible, al menos hasta que sucedió: "Todo está listo, ¡justo a tiempo!".

El espectáculo de apertura, no obstante, quedó eclipsado por protestas violentas. Se esperaba la oposición de activistas anti-expo, pero no los disturbios. Los manifestastes lanzaron fuegos artificiales, pintaron su indignación con espray en los muros de las casas e incendiaron vehículos. La policía se enfrentó a ellos con cañones de agua y gases lacrimógenos. 

¿Se trata sólo de comida, o de las próximas vacaciones?

"Alimentando al planeta, energía para la vida" era el lema de la Expo. Global, ambicioso, ¿per quizás demasiado grande? En un mundo que se dirige hacia los nueve millones de habitantes en las próximas décadas, la Expo se centró en uno de los mayores retos de este siglo. Me desplacé hasta allí con unas expectativas bastante altas. Mientras esperaba en una larga cola durante una hora (las medidas de seguridad eran un poco caóticas), estas expectativas se hicieron aún más altas. Y de repente estba allí, en el enorme pabellón de las Naciones Unidas y su "Reto Hambre Cero".

Empecé entonces un recorrido por la historia de la producción de alimentos y su consumo. Desde "¿cómo nos alimentábamos hace siglos a través de la agricultura?" a la especulación alimentaria y las islas de basura en el océano. Estaba emocionada por la ejecución artística y mi reconocimiento estaba justificado. Estuve un rato contemplando acerca del plástico. Un inicio exitoso.

Más adelante, se encontraba el pabellón de Nepal. Extrañamente, ni siquiera estaba cerca de estar terminado. Tras el terremoto, muchos nepalíes se marcharon a su país de origen para ayudar con la reconstrucción. Por tanto, abandonaron la construcción del pabellón. Nepal quería utilizar este evento para promocionar el turismo en el país, pero en ese momento era algo más parecido a una campaña solidaria. Este ejemplo hablaba por sí solo de cómo las catástrofes amenazan no sólo la seguridad física de las personas, sino también su seguridad alimentaria. 

Un viaje alrededor del mundo y un concierto de la cultura

Y así me fui moviendo de país en país. Sudan, Bélgica, Camboya. Conocí a personas sonrientes que presentaban sus países y sus tesoros con orgullo. Hice un recorrido a través de catálogos de viajes y experimenté la prisa por ver mundo. Aquí una ceremonia del café en Etiopía, allí una estrella del pop en Kazajstán. En ese momento sí se trataba de comida, con un pabellón sobre el café y un exceso de arroz. Seguí descubriendo las Naciones Unidas a grandes cucharadas, con gráficos y textos explicatorios. Quién produce demasiado, cuán dependientes son los países de estos productos y qué efectos podría tener el cambio climático en la producción de alimentos. ¿Qué pasaría si subiera el nivel del mar? ¿Quién se quedaría bajo el agua? ¿Qué pasaría si hubiera más sequías? ¿Cuántas personas sufrirán hambre en el futuro?

En algunos pabellones, podías aprender sobre la conexión entre el clima, las catástrofes y la producción de alimentos -al menos si salías de la corriente principal y te acercabas a los recovecos de la exhibición (algunas señales por aquí y por allí fueron de mucha ayuda). Durante todo el recorrido hasta el final estuve pendiente de este tema. Para muchos de los países pobres de la exhibición, las puertas aún estaban cerradas. 

Una puerta trasera permanecía abierta. "¿Puedo pasar?" -"¡Por supuesto, bienvenida a Mali!". Había algunos cables por el suelo y las estanterías estaban vacías. "¡Estamos listos!", me dijo el representante de Mali. Se sentó solo tras el mostrador. "No funcionó demasiado bien con los organizadores, por eso tenemos este aspecto". Intentó sonreír y me preguntó si yo sabía dónde estaba Mali en el mapa. Le respondí que sí, pero que aún no había estado. Eso le hizo feliz. Le deseé buena suerte y volví al gran pabellón de las zonas desérticas. 

Visité Senegal, donde todo giraba alrededor de la comida. No tenía ni idea de que cultivaban tanto arroz y cacahuetes. Seguí caminando por el desierto. Djibouti, Somalia, Palestina. Todas las puertas estaban cerradas. Pensé en las palabras de Renzi. Al final, no todo estaba terminado. Los países en desarrollo aún necesitaban un poco más de tiempo. Me quedé decepcionada. 

Orgoglio: ¿Un mundo sin Italia?

Tenía que ver el pabellón de Italia. ¿Cómo se habría presentado nuestro anfitrión? Se celebraba a sí mismo (como también lo habían hecho el resto de países de la Expo, hasta cierto punto), y no precisamente poco. El campo y la diversidad de sus regiones, precioso. La comida, un placer. "¿Un mundo sin Italia?". Esta pregunta dominaba todo el espacio. En vídeos, personas no-italianas explicaban cómo un mundo sin Italia no tendría sentido. La palabra orgoglio estaba por todas partes: "Orgullo". De acuerdo, me gusta Italia, y tú puedes estar orgulloso de tu país, ¿pero tenía que estar pegado por todas partes? Estaba molesta. 

Una cosa sí quedaba clara de la exhibición de Italia: Los italianos lo hacen mejor. Mientras abandonaba el pabellón (por un corredor que aún tenía cables colgando por las paredes), me acordé de los titulares sobre los incidentes sucedidos en la Expo los pasados días: Había dos policías italianos parados en el ascensor.

En el pabellón de Turquía (el anfitrión de la Expo del próximo año) cayó un plato de metal, golpeando a una mujer y enviándola al hospital. Comida gratis, publicidad falsa. "Tienes que probarlo todo, no vas a hacer nada en todo el día que no sea comer". No. Quienquiera que crea que la comida en la Expo es gratis está tristemente equivocado. Aunque sí te la dan y puedes probar muchas cosas: un mango lassi de la India, kebabs, crêpes de chocolate, cerveza belga, tapas españolas. A la caza del almuerzo me di cuenta: Había muy pocos platos vegetarianos, y ninguno vegano. Yo como prácticamente de todo, así que para mí no era un gran problema. Pero me pregunté dónde estaban esas opciones, especialmente cuando hablamos de una comida más sana y sostenible de cara al futuro. Finalmente me decidí por un sandwich francés. 

Después de casi diez horas caminando por las exhibiciones, esperando y quedando impresionada, empezaron a dolerme los pies (y ni siquiera lo había visto todo). La excursión por el mundo a cámara rápida era embriagadora. Nunca había conocido a tanta gente positiva que me fascinara tanto con su forma de vida en un sólo día. Seguramente fui un poco ingenua en mi expectación por descubrir toda una nueva galaxia de sostenibilidad y salvar al mundo. La entrada no era tan barata -27 euros si la comprabas por adelantado-, pero para un viaje alrededor del mundo no estaba mal.

La página web oficial de la Expo Milano 2015.