Exposición Carne 2010: Arte + Solomillos = Piel de gallina

Artículo publicado el 12 de Enero de 2011
Artículo publicado el 12 de Enero de 2011
La exposición Carne 2010 cerró sus puertas el pasado octubre... La noticia seguro que no agrada a los carnívoros, ¡pero fijo que los vegetarianos se quedan más tranquilos! A lo mejor el arte contemporáneo mezclado con pedazos de carne animal y humana es un planteamiento algo caduco, cuando la plastinación, el cine gore o Lady Gaga vestida de chuletas arrasan... Juzguen ustedes.
Recorrido en flash-back por una exposición sangrienta.

Cruce de significados artístico-vacunosA primera vista, el ambiente de la carnicería judía Emsalem parece agradable. En la amplia sala cubierta de azulejos azules y blancos, unos cuantos obreros están atareados deshuesando, recortando, picando... Hoy, la lengua esta de oferta: ¡200 gramos por unos euritos! Pero cuando se mira mas allá del cartel que detalla el precio, se ve un bóvido dibujado con carboncillo. Es una de las piezas que presenta la expo Carne, que se ha instalado en los antiguos mataderos de la Villette: un dibujo de Renaud Chambon, titulado Magnet. Además de su retrato, lo único que queda de la vaca que sirvió de musa es su número de identificación: FR cn 33 036 011 7484 33970 17. En esta maraña de cifras, el artista ve todo el cinismo de una sociedad que considera al animal como un montón de carne cruda, clasificada, controlada y embasada antes de ser ejecutada, despiezada y almacenada.

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Esta no es la forma adecuada de presentar una exposición sobre la temática de la carne... Pero es cierto que, a la hora de una invasión de comida basura industrial, los preliminares de Carne 2010 tienen el valor de atreverse a enseñar lo que suelen esconder solomillos y chuletas. El método elegido puede sorprender: a través de comparaciones implícitas más o menos comprensibles entre las obras de arte y el ritual de la matanza, la mayoría de los artistas que tomaron parte en el proyecto desarrollaron una reflexión sobre las consecuencias éticas que implica el consumo de carne.

Según las organizadoras Anne-Marie Bologna-Jeannou y Sarah Fossat, no solo el recorrido a través de los mataderos de la Villette hace que el visitante reflexione in situ sobre el papel de la carne en nuestra sociedad; también hace que recuerde lo que fue este barrio del norte de París en los años setenta, cuando los mataderos aún funcionaban.

Lujo de cerdo

En La Bóvida, entre queso fresco, productos al por mayor y bayetas, Joachim Lapotre presenta su tríptico fotográfico llamado Offrandes ("Ofrendas"). Dispuesta majestuosamente sobre una tela plateada y con sus dos manitas adornadas con vistosas pulseras, una cabeza de cerdo luce una corona de joyas, reluciendo como un ídolo del consumismo. Más adelante, Jules Bouteuleux expone su bisutería fabricada a partir de desechos alimentarios como hocicos de cerdo...

En la carnicería Claude, Hugo Arcier se tomó la libertad de oponer lo real a lo virtual. Sus imágenes de síntesis (In The Crack, 2009) relucen como mutaciones monstruosas, colgadas entre jamones y chorizos. Según el artista, la carne de las hamburguesas que comemos es aún más irreal que sus creaciones, pues es distinta de la del animal vivo. Pretende que su trabajo devirtualize a la carne animal transformada.

Los dibujos de la americana Lisa Salamandra, sacados de su serie Daily Bread ("pan de cada día"), se transforma de repente en carne cruda (Daily Bread Raw Meat 2009). Único toque feminista de la exposición, el envoltorio y los anuncios publicitarios le sirven para ilustrar un análisis de la relación entre la carne cruda y la mujer. Su representación de la inspección sanitaria parece una micro-cirugía íntima que nos lleva enseguida a considerar a los montones de carne como una representación pornográfica con acentos menstruales.

Arte + Curro diario

El origen del mundo, versión charcuteríaEl visitante empezará por ver estas obras como un simple juego de imágenes. Pero si se observa con atención percibirá el insólito contraste que producen las obras junto a la figura de los carniceros que trabajan entre las instalaciones. Ellos no tienen tiempo de meditar sobre su tarea, sobre la carne que manipulan y transforman como demiurgos. Es cierto que pocos trabajadores han tenido la oportunidad de ver las obras expuestas. Y ¿qué les parece la idea general? Casi buena. En los pasillos, algunos carniceros lamentan que los artistas no hayan venido a su encuentro : "No nos explicaron nada... ¡Y falta hace!". La camarera de un bistró de los alrededores lo dice así: "Si lo que querían era homenajear la cultura de los mataderos de la Villette, pienso que habrían tenido que hacerlo de otra forma". Esta reflexión crítica sobre la carne en sí, en lugar de profundizar en su transformación y su consumo, parece haber dejado a la gente un poco... Cortada.

Por lo tanto, ¿cómo podemos reflexionar de forma adecuada sobre lo que somos y hacemos? Esa es la pregunta de Bruno Dubreuil a través de su montaje, titulado Cosmogonía de la carne (2009). Para resolver este dilema, Stéphane Berlzère, que no tiene miedo a coger al toro por los cuernos, volvió a técnicas de probada eficacia. Sus estrechos cuadros de todos los colores, que llamó Tarros anatómicos (2008), exhiben cachos de carne conservados en formol. Pero ningún detalle nos permite averiguar si son restos humanos o animales...

Y es que, en el fondo, ¿de que tipo de carne nos quiere hablar la exposición ? Si el logotipo rosado de la entrada parecía indicar que se trataba de carne comestible, la segunda parte del recorrido sembró la duda. Puede que la exposición se proponga atraernos a los restaurantes y a las carnicerías de los alrededores, o bien que la asociación entre animal y hombre, carne y mujer, desee formar nuevos vegetarianos... Algunos aficionados al arte no salen de la expo con postales y catálogos, sino con una bolsa de de la carnicería Emsalem. ¿Qué llevan dentro? 200 gramos de lengua, ¡cómo no!

Fotos: ©expo-carne.fr