Fabbrica Europa Florencia se viste a la última

Artículo publicado el 24 de Mayo de 2007
Artículo publicado el 24 de Mayo de 2007
No sólo existe la Galería de los Uffizi: hasta el 31 de mayo, la capital toscana alberga un festival de arte contemporáneo.

Decenas de debates y espectáculos multimedia, teatrales y musicales que traspasan las fronteras geográficas y culturas bajo el lema común de la experimentación. Esta es la promesa, en parte ya cumplida, de Fabbrica Europa, un festival de arte contemporáneo que se celebra en diversos espacios de Florencia hasta el 31 de mayo. Entre los más sugerentes, la Leopolda, una vieja estación abandonada desde 1861 y transformada hace algunos años en espacio de exposiciones, en cuyos escenarios ya han podido exhibir su obra decenas de artistas de toda Europa. El festival —inaugurado el 28 de abril, en parte gracias al apoyo de la Unión Europea— tiene programados unos ochenta espectáculos creados y realizados gracias a la aportación voluntaria de artistas procedentes de 35 países diferentes, entre los que cabe citar Francia, Portugal, Escandinavia, Croacia, Brasil, Turquía y Estados Unidos. En las primeras jornadas del festival, el público ha podido disfrutar, por ejemplo, de la afamada compañía italiana de teatro contemporáneo Socìetas Raffaello Sanzio y de la carismática bailarina y coreógrafa estadounidense Lucinda Childs, considerada la “sacerdotisa” de la danza minimalista. La Childs volverá a salir a escena entre el 22 y el 24 de mayo. Uno de los espectáculos más esperados, la creación ecuestre Wild –en el que participan la artista ecuestre Eva Schakmundès y el bailarín africano Jean Kouassi Konan– se presentará del 25 al 31 de mayo.

De cuna del Renacimiento a protagonista del arte moderno

¿Un reto al provincianismo de la cuna del Renacimiento? Puede que sí, si hacemos caso de las frecuentes críticas que recibe la ciudad de haberse quedado estancada en el arte del siglo XVI y de no ofrecer espacio a las nuevas tendencias contemporáneas internacionales. Pero que nadie piense que resulta fácil organizar eventos de este tipo. «Florencia vive de su patrimonio artístico, por lo que desarrollar manifestaciones de arte contemporáneo conlleva muchas dificultades», explica Luca Dini, presidente de la Fundación Fabbrica Europa para las artes contemporáneas y uno de los promotores del festival. Dificultades que, a menudo, se traducen en falta de financiación o en el retraso de los fondos, que obligan a que el programa sólo pueda establecerse cuatro meses antes de la inauguración del festival. “Por desgracia –prosigue Dini– se buscan resultados inmediatos, pero estos no se dan en el arte contemporáneo, que sí desarrolla, en cambio, reflexiones sobre las transformaciones que sufre la sociedad».

Y es una lástima, porque al público sí le agradan este tipo de iniciativas, tal y como dan fe de ello las largas colas ante las taquillas y los carteles de “No hay localidades” de estos últimos días. En sus dos primeras semanas, el festival ha logrado acercar el arte contemporáneo a unas 20.000 personas, invitándolas a reflexionar sobre las influencias de otras culturas, la importancia de la experimentación y de la integración artística europea o sobre el dinamismo de los cambios sociales actuales. No por casualidad, esta XIV edición lleva por título “Geometrías Variables”, entendidas en el sentido físico de los confines nacionales y en el simbólico de las fronteras culturales.

Además, se ha dado mucho espacio a los artistas jóvenes y se han desarrollado diversos proyectos para apoyar su trabajo y su creatividad. Entre ellos, cabe destacar por su importancia Roots&Routes, realizado por diversas organizaciones culturales dispersas por toda Europa y dirigido a los jóvenes, especialmente a los pertenecientes a minorías étnicas, de entre 15 y 25 años. El 18 de mayo, algunos de ellos subieron al escenario de la Estación Leopolda para tocar con la orquesta multiétnica Musipolitana, animando una fiesta multicultural.

Fabbrica Europa se convierte así, para todos los artistas participantes en esta edición, en una ocasión y, a la vez, un motivo de esperanza. “He tenido que dejar Italia porque aquí no había posibilidades para la danza contemporánea”, explica el coreógrafo florentino Damiano Foà, afincado en Francia desde hace 17 años. “Ver un festival que da espacio y fomenta las nuevas producciones experimentales e internacionales es un atisbo de esperanza para todos nosotros.” Cabe preguntarse si además será suficiente para relanzar una imagen más moderna de la ciudad.