Fátima Mohamed Kaddur: “El velo es integración”

Artículo publicado el 6 de Junio de 2008
Artículo publicado el 6 de Junio de 2008
Encuentro con Fátima Mohamed, de 43 años, concejal del Partido Popular español y musulmana practicante. Hablamos sobre política y religión. Todo junto, pero no revuelto.

Gines es un pueblo de la provincia de Sevilla con poco más de doce mil habitantes. A finales de abril, hace más de treinta grados y he quedado con Fátima Mohamed delante del cuartel de la Guardia Civil del pueblo. Llega con María, una amiga suya, y nos dirigimos a la sede del Partido Popular de Gines, donde la bandera de España, la andaluza y la cara de Rajoy adornan las paredes.

Fátima tiene 43 años y es natural de Melilla, ciudad autónoma española en la costa norteafricana, que pasó a la corona española en tiempos de la Reconquista de los Reyes Católicos en 1497. Resulta cuanto menos extraño pensar en una musulmana en un partido como el PP español, un partido de derechas y con influencias católicas. Esta, de hecho, era una de las primeras cosas que pensaba preguntarle, pero no tengo tiempo ni de formular la pregunta, ya que me habla de ella y responde sin vacilar: “Sé que muchos se sorprenden de ver una musulmana con velo en el PP. En mi partido me siento integrada, respetada y querida. Cuando se dice que el PP es racista, es mentira. Y si lucha por la inmigración, lo hace para que los que vengan puedan tener un contrato, y vivan como todos los demás”. Melilla, donde el 45% de la población es musulmana, tiene, al mismo tiempo, una tradición españolista de derechas muy arraigada. De hecho, el Gobierno marroquí ha manifestado en reiteradas ocasiones la intención de integrar este territorio al reino de Marruecos, junto con Ceuta y otras pequeñas islas, pero ni España, ni mucho menos estas dos ciudades, han considerado esta opción, ya que se sienten parte integral de España.

Fátima, ya en su segunda legislatura, es concejal en Gines y delegada provincial de inmigración. ¿Cómo empezó en la política? “Empecé hace quince años, porque, como te he dicho, nací en Melilla, en un barrio pobre de musulmanes que los políticos habían olvidado. Por aquel entonces era una persona inquieta, y a menudo tenía por ello problemas con mi padre y con mi familia. Veía que el barrio necesitaba agua potable, cañerías, hacían falta calles...”. La ciudad estaba gobernada por el PSOE (el Partido Socialista Obrero Español del Presidente Zapatero) y Fátima, naturalmente, pasó a la oposición: “Una tarde, paseando con una amiga, pasamos por la sede del Partido Popular. Entré, y había un chico que conocía. Le dije ‘no pertenezco a ningún partido político, pero me gustaría trabajar para los demás’. Me preguntó si quería inscribirme, lo hice y así es como comencé a trabajar con el PP”.

"El velo es integración, y para ello trabajo"

Empezó ocupandose de Melilla, y continuó también después de trasladarse a Sevilla con su marido. Es presidente regional de Afammer (Asociación de familias y mujeres del medio rural), que se ocupa de la formación, la inserción laboral y la prevención de la violencia de género. Además, imparte un curso en la Facultad de Telecomunicaciones de Sevilla, de religión y sociedad.

Al Rocío con el velo

En febrero de 2008, Mariano Rajoy, secretario general del PP, propuso restringir el uso del velo en España, sobre todo en las escuelas, siguiendo el modelo francés. Fátima tomó de forma pública e inmediata una posición contraria a la del secretario de su partido. Ahora, atribuye el clamor de todo aquello a la instrumentalización pre-electoral de los medios de comunicación: “En cualquier caso mi partido me ha apoyado. Cuando Rajoy hizo sus declaraciones, yo dije que el velo no se tocaba. El partido me apoyó y, por eso, el velo para mí no es una barrera”.

¿Pero qué representa? “El velo es integración, y trabajo para ello. No me siento discriminada. Por ejemplo, voy al Rocío (peregrinación religiosa, católica, española, con fuerte arraigo sobre todo en Andalucía) con las mujeres con las que trabajo, y me visto de flamenca, eso sí, con el velo. Esto representa la integración total y sirve como ejemplo para combatir el racismo contra los inmigrantes”. Cree en el multiculturalismo por experiencia propia: “En Melilla hay diferentes razas y culturas y los niños se acostumbran desde pequeños. Creo en una plena integración y trabajo para ello”.

Un café con Sarkozy

Fátima estuvo casada con un sevillano durante veintidós años –ahora está separada– y tiene tres hijos, dos chicas de 21 y 13, y un chico de 19. ¿Sus hijas se ponen el velo? “Sigo el ejemplo de mi familia. Mi padre tiene más de ochenta años y no me ha obligado nunca a llevar el velo. En cambio mi madre se lo ha puesto siempre. Yo soy practicante, pero cuando estaba soltera no lo usaba: comencé después de casarme. No obligaría a mis hijas a llevarlo bajo ningún concepto”. La hija mayor le dice que empezará a usarlo cuando acabe la universidad: “La gente dice que los musulmanes obligan a sus hijas a llevar el velo, y eso es una estupidez. Esa gente confunde el machismo con el Islam y la religión”.

"La gente confunde el machismo con el Islam y la religión"

Fátima tiene familia en Francia y allí la regla es la misma, son las personas las que eligen. Les gustaría ir a París, para poner a prueba la política del Presidente francés: “Me gustaría charlar con Sarkozy sobre inmigración y religión”. Efectivamente su posición es clara: cuando le pregunto por la mezquita que habrá en Sevilla para el 2010 se muestra dubitativa, pero acaba diciendo: “En cualquier caso yo soy política, no me ocupo de cuestiones religiosas”.

Una vez terminada la entrevista, vamos a tomar un café. En el bar, Fátima habla con la gente, los saluda, sonríe, y luego se sienta. Fumamos un cigarro -aún permitido, con restricciones, en España- y hablamos de Europa. Para ella es un lugar donde se puede hacer mucho, pero donde se necesita contar con su propia Historia. «Para que la UE funcione debe ser una unión de países, pero sin cimientos una casa no se tiene en píe». Todos luchan por sí mismos, «porque la unión hace la fuerza».

Gracias a Bénedicte Salzes y a José R. de Arellano