Federico Badia: El zapatero que le puso zapatos a la crisis

Artículo publicado el 13 de Agosto de 2013
Artículo publicado el 13 de Agosto de 2013

Federico tiene 20 años y ha decidido hacerse zapatero. Ahora, seis años después, sus compañeros recién licenciados no encuentran trabajo, mientras él ha abierto una tienda en el corazón de la región italiana de Umbría.

Federico Badia está sentado en su taburete, cepillo en mano, para terminar de pulir un par de zapatos de piel. Está casi listo, pero ha llevado tres semanas perfeccionar el trabajo. Entre una cepillada y otra se coloca el pelo a la vez que da un suspiro. Tiene 26 años y después de 3 años ha abierto su tienda en Orvieto, en la región de Umbría. "Le he hecho los zapatos a la crisis", dice riendo. "El resto lo hice pensando en ellos", continúa, mirando rápidamente al grupo de turistas holandeses que acaban de entrar en su negocio. En cierto sentido tiene razón, Federico ha reinventado literalmente un oficio: el de zapatero. 

Hecho en Italia, el auténtico

La historia de este éxito empresarial comienza en el año 2006, cuando, acabada la escuela de Geometría, en vez de inscribirse en la Universidad, Federico decide hacer el camino Orvieto-Roma para aprender el oficio: "todos los días cogía el  tren regional desde las seis de la mañana y después la línea 64 hasta el centro", afirma tras un gesto de cansancio, mientras coloca la suela de otro zapato con su martillo. Hace un año y medio que aprendió el oficio y volvió a Orvieto, dónde trabajó en un negocio que importaba productos de piel a China. "Revendíamos todo como "Made in Italy", me confía; imposible no notar la amargura que se abre paso en su cara. De China, cada año, se importan artíclos por un valor de 567 millones de euros. Italia aparece como el primer país europeo de productos incautados: 6 millones. 

Después de la experiencia del comienzo, Federico dio el gran paso: en 2010 abrió un negocio que podía decir que era todo suyo. "Al principio hacía sobre todo reparaciones, pero sentía que perdía mucho tiempo sin crear nada mío" cuenta. "Ahora me dedico exclusivamente a mis productos". El nuevo zapatero tiene su propia manera de tratar con los clientes. Turistas a parte, se reúne con personalmente con las personas que están interesadas en su trabajo. El último invierno incluso fue a Milán para tomar medidas a un cliente. 

No sólo artesanía, negocio

Según un estudio de Confartigianatola producción de artículos de piel se destaca como un sector anti-crisis. Después del 2011 y el 2012, en Italia se han creado 1390 nuevas empresas: un incremento de medio punto porcentual sobre su base anual. En este período, muchos de los compañeros de Federico han terminado la universidad sin encontrar aún un trabajo: el paro juvenil, tras situarse en el 20 y el 25% ha saltado al 40%. En la zona de Orvieto, muchos jóvenes han sido despedidos o no reciben su sueldo de los últimos meses: las empresas de la zona cierran una tras otra, inexorablemente. Es inútil encontrar un trabajo en estas condiciones, o al menos una empresa difícil. Federico ha tenido el mérito de creárselo por sí mismo, sin tener que emigrar a los países de Europa del norte. Aunque esto forma parte de sus proyectos futuros: "no estoy en este oficio para quedarme aquí", afirma. "Me gustaría abrir un negocio en Frankfurt o en Bruselas en el próximo año" dice convencido y seguro de sus capacidades. ¿Por qué estas ciudades suenan en la mente de Federico? La respuesta se encuentra en un palabra bien clara: "instituciones".

Zapatos para tecnócratas

Frankfurt está en el centro de las finanzas del continente, mientras que Bruselas es la sede las instituciones europeas. "Imagina cuánta gente con un buen sueldo andan por las calles de esas ciudades. ¿Quién no querrá pagar por unos zapatos elegantes, teniendo la certeza de que han sido hechos a mano en Italia?", afirma con la confianza que da saber mucho sobre el tema. He notado que, para realizar su sueño, Federico debe contratar a otra persona, para entender cuáles son las reglas para abrir un negocio en un país extranjero: cuestión espinosa, porque debe estar avalado por el consejo de personas expertas. Pero el desafío le fascina: "querrá decir que hay más trabajos para más personas, quizás jóvenes como yo que lo quieren intentar y están dispuestos a hacerlo". Según Federico, la respuesta a la crisis económica está en la capacidad de entrar en juego individualmente. En realidad esta es sólo una cara de la moneda. La salida de la crisis depende también de las decisiones que tome las personas que presiden las instituciones europeas: esas mismas que, un día u otro, Federico puede acabar haciendo zapatos.