Ferdinando Riccardi: “El sentido de Europa es la reconciliación”

Artículo publicado el 20 de Julio de 2007
Artículo publicado el 20 de Julio de 2007
A sus 77 años, el italiano -bruselense de corazón- Ferdinando Riccardi, editorialista del boletín diario de la Agence Europe, sigue siendo un federalista convencido.

Un enorme edificio típico de Bruselas, ladrillos rojos y un pequeño parque a sus pies, una imprenta en la planta baja, oficinas distribuidas en tres pisos sepultadas bajo montañas de papeles, caricaturas y artículos periodísticos pegados en las paredes. El boletín de la Agence Europe, verdadera referencia para los profesionales de los negocios europeos, se traduce a tres idiomas y se difunde en el mundo por medio de miles de ejemplares en papel impreso y electrónicos.

Ferdinando Riccardi jefe de redacción y editorialista, está terminando su reunión editorial matinal. Los periodistas ultiman detalles antes de que el periódico se imprima. Luego, llega el momento del café en el bar de la esquina. Alto y bien parecido, cabellos grises y ojos muy vivos, Riccardi se sienta al sol con su gran taza de café y comienza a contarme que empezó su carrera de periodista a partir del mundo del deporte. Para financiar sus estudios, mientras estudiaba literatura moderna, se empleó como reportero deportivo. “No por pasión, ciertamente, pero me gustaba ir a los partidos de fútbol y de tenis”, se justifica.

En 1958, Riccardi se instaló en Bruselas. En aquel momento la Agencia Europa establecida en Luxemburgo buscaba un periodista para abrir una pequeña emisora en Bélgica y seguir de cerca los primeros pasos de la Comunidad Económica Europea y de EURATOM, instituciones inauguradas provisionalmente en Bruselas. Aunque se consideraba un periodista deportivo radicado en París, Riccardi aceptó de inmediato el cargo. Desde entonces, no abandonó jamás los temas europeos. “Sólo dura lo provisional”, agrega sonriendo mi interlocutor. “¡El año próximo se cumplirá medio siglo de provisionalidad!”

La paz como imperativo

“En principio, mi compromiso no es político, sino a favor de una Europa unida. Y es que todo lo que amo es europeo.” Desde muy joven, Riccardi comprendió la imperiosa necesidad de la paz: “Cuando tenía 14 ó 15 años, mi hermano mayor fue arrestado por los militares por anti-fascista”, recuerda, “y murió a los 16 años en un campo de concentración”. [Pesado silencio.] Transcurría 1945, ambos hermanos tecleaban en sus pequeñas máquinas de escribir mensajes que instaban a los italianos a no responder al llamado del ejército lanzado por Mussolini para defender el Norte de Italia tras del desembarco aliado en Nápoles.

“Yo hubiera podido desviarme hacia el odio o la rabia contra Alemania”, prosigue Riccardi, pero era imposible porque adoraba la cultura alemana. Para mí, el sentido que debe guiar a Europa es el de la reconciliación. Pese al cálculo del viejo presidente de la Comisión, Jacques Delors, según el cual Europa ha vivido un promedio de una guerra cada veinte años, “yo hubiera debido vivir aún tres guerras más que al final no han sucedido”, comenta con ironía Riccardi.

Desde hace medio, siglo trabaja siempre en el boletín de la Agence Europe. Una fidelidad asombrosa en este oficio. Le pregunto en nombre de todos los periodistas que se preocupan por su propio rol en la sociedad si cree que sus artículos editoriales han influido en los debates comunitarios. “Es posible”, me responde con los ojos brillantes. “Espero, en todo caso, haber provocado un impacto que mejore la comprensión de los desafíos de la política agrícola común (PAC)”. Una PAC mal manejada que, a su entender, no debe basarse en objetivos comerciales, sino en la protección de la naturaleza, la autonomía alimentaria y la lucha contra el hambre en el mundo. Un debate que dista mucho de haber terminado.

De espíritu glotón

Tras haber permanecido tantos años en el meollo de la Unión, Ferdinando Riccardi se muestra pragmático. El 21 y el 22 de junio pasados, el Consejo europeo logró un acuerdo sobre el futuro tratado llamado “modificatorio”, que sustituirá al tratado Constitucional que al final no ha podido entrar en vigor. “Se trata de un compromiso”, señala Riccardi. “Por lo tanto, es normal que arrecien las críticas, si todo el mundo estuviera contento, no se trataría de un compromiso. Lo que cuenta es que permitirá a Europa avanzar y superar el bloqueo institucional a que la habían sometido los “noes” francés y holandés en mayo y junio de 2005. Lo más importante es que se mantendrá lo esencial del tratado constitucional”, agrega.

No nos está prohibido soñar. ¿Qué es lo que este testigo privilegiado de la construcción europea le pediría a la buena hada Europa, esa criatura de largos cabellos raptada por Zeus metamorfoseado en toro? Curiosa pregunta. Ferdinando Riccardi, tras un minuto de silencio me espeta: “Poder asistir al nacimiento de personalidades tan brillantes como Praxiteles en Grecia, Dante en Italia, Bach en Alemania, Shakespeare entre los ingleses. La nómina es larga, el porvenir enormemente abierto.