Festín en casa de un chamán peruano: ranas, cobayas y mariri

Artículo publicado el 26 de Mayo de 2010
Artículo publicado el 26 de Mayo de 2010
La cocina peruana se considera una de las mejores de Sudamérica. Aunque sus platos están reservados exclusivamente a gourmets con nervios de acero o mejor a aquellos que, ante una pérdida repentina de la memoria, son incapaces de opinar y decidir, desprovistos de su ideología ligada a Greenpeace

De aperitivo, un zumo de rana muy nutritivo o, como dicen en Perú, jugo de rana. La rana, en la cultura Inca, era la única deidad que favorecía la lluvia, una lluvia bendita que propiciaba la vitalidad sexual e intelectual masculina, para no confundir a la pareja y ser fértil.

El zumo lo componen, a lo sumo, dos anfibios frescos a los que se les retuerce el pescuezo delante del cliente. La rana, una vez despellejada y destripada, se mete en la cazuela. Cuando se ha cocido (huesos incluidos), se incorpora una mezcla de miel y especias locales. Por último, la persona encargada de elaborar este néctar comprueba, al batir, que su instrumento no rechina por los huesos de las ranas. Y el aperitivo ya está listo.

Cobaya asada al estilo del cochinillo españolEl primer plato es una delicia local: el Cui Picante. Al igual que ocurre en la cocina tradicional española con el cochinillo asado, en Perú se sirven cobayas asadas enteras con una bonita presentación, sujetando un pimiento entre los dientes. El sabor de este plato es similar al de la carne de ternera o la de cerdo y en Perú se le otorga valor medicinal. Ciertamente, algunos pueden decir que las cobayas son, pues eso, cerdos (en inglés se conoce a este animal como ‘cerdo de Guinea’, y en polaco, como ‘cerdo de mar’). Pero se parecen más a los conejos por la velocidad a la que se reproducen, de ahí su popularidad en la mesa peruana. 

Si después de comérnoslo nos da pena el peludo animalillo, siempre se puede contactar con él consumiendo extracto de mariri. Este brebaje ceremonial se conoce en quechua con el nombre de ayahuasca y purifica el cuerpo y la mente. La visita al chamán, que se llama a sí mismo Maestro, no nos purifica del todo la mente. Eso sí, nos limpia en profundidad el estómago (recomendamos ricas ranas y cobayas) y el bolsillo.

Imagen contemporánea, viejos métodosEn cuanto al estómago y al bolsillo el asunto está claro, pero en lo que a la mente se refiere, merece la pena añadir algún comentario. La ayahuasca la emplean principalmente los habitantes de la Amazonia peruana para propiciar el contacto con el mundo de sus antepasados y viajar al subconsciente. Desgraciadamente, lo que experimenté tras el consumo de la sustancia alucinógena no se pareció mucho a una revelación profética. Eso sí: fue una vivencia muy surrealista, incluso cuando volví a verme en el seno de mi madre. Aunque nada de aquellas visiones del futuro que me prometieron o, por lo menos, no aquella vez...

El resto de los que participaron en esa sesión tuvieron experiencias diferentes a la mía. A todos les atormentaban escenas de siniestros habitantes de otros planetas, cuyos gritos hacían que sus calaveras se dividieran. Ni siquiera ayudaba que el chamán les hubiera dado el soplo de la escena aconsejable para tal evento. Me pregunto qué diría Freud al respecto de tener visiones de cópula con niños.

Durante la sesión se produce también un momento muy curioso físicamente hablando: cuando uno pierde el control sobre su cuerpo, en particular si se es principiante. Algunos no son capaces de mover la mano o se les adormecen la piernas; otros, por el contrario, comienzan a bailar y a cantar. De vez en cuando, el chamán vierte sangre imaginaria sobre nosotros y otras veces, cuando no cada dos por tres, los participantes en la sesión hacen uso de los cuencos que previamente ha repartido el Maestro. El festín en casa del chamán toca a su fin tras unas cinco horas. Sin embargo, en nuestro grupo, algún que otro infeliz sufría sus secuelas durante las cinco horas siguientes.

Resumiendo nuestra aventura por la cocina peruana: un menú tan complejo asegura una impresión imborrable por su sabor y su estética. Y lo que es más importante, se puede comer y beber a voluntad sin pensar en las calorías de más. La ayahuasca puede hasta con la cobaya más grasienta.

Fotografía: © Magdalena Panek-Magiera