Festival de cine RHL: Vuelta al divorcio del cine y su música

Artículo publicado el 16 de Diciembre de 2011
Artículo publicado el 16 de Diciembre de 2011
La 34ª edición de los Rencontres internacionales Henri Langlois (RHL), festival que reúne obras de estudiantes de cine, se ha desarrollado en Poitiers del 2 al 11 de diciembre. Aunque normalmente se queda en segundo plano por detrás de la realización cinematográfica, este año la música ha sido el centro de atención.

La sala está a oscuras. En la gran pantalla se está proyectando una película en blanco y negro. Harold Lloyd escala los pisos de un rascacielos. El público aguanta la respiración. Al borde del precipicio, el héroe pone los pies en una ranura. Desorientado, hace muecas y gestos coreografiados. Risas generales. Doscientos pares de manos empiezan a dar aplausos. No hace falta máquina del tiempo para volver al ambiente de los cines de los años veinte. Hay suficiente con ir a un cine-concierto organizado en la obertura del festival de Poitiers. Karol Beffa al piano y Raphaël Imbert al saxofón improvisan por encima de El hombre mosca, uno de los clásicos del cine mudo.

“Los años anteriores se han dedicado al guión, a la fotografía o al montaje”, comenta Luc Engélibert, director artístico del evento, “era lógico que este año nos centrásemos en la música de las películas.” “Propuse a Karol Beffa que viniese porque tenía ganas de alguien capaz de aportar una verdadera reflexión sobre la improvisación y así hacer emerger el significado de la obra sin traicionarla”, continúa.

La guerra este declarée desde la Nouvelle Vague

Se dio carta blanca a este genio del teclado, galardonado con el premio de joven compositor de la SACEM en 2008. Ha traído con él a su amigo Raphaël Imbert, proponiendo así una sabrosa presentación que mezcla la clásica y el jazz. Nostálgicos de una época dorada, la del mudo, los dos denuncian el “divorcio” entre su arte y el cine. “En Francia, todo empezó con la Nouvelle Vague. La música solo era un mueble”, relata Raphaël. De cita en cita, el jazzman resulta ser una enciclopedia viviente: “En la época del cine mudo, los músicos improvisaban por encima de las películas. Había que alternar entre todos los registros: la polka, la mazurca, el barroco y hasta el country. Los efectos sonoros se hacían en directo, a menudo por pequeñas orquestas que se encontraban ahí mismo. El público podía reaccionar inmediatamente”.

El éxito de The Artist, premiado en Cannes, es el testimonio de una cierta curiosidad hacia la época de principio de siglo XX en Francia. Su realizador, Michel Hazanavicius, que vino para presentar la sesión inaugural de los RHL, explica que flirteó con el peregrinaje cinematográfico durante el rodaje: “Lo que me pasó fue que me encontraba en sitios increíbles como el despacho de Charles Chaplin, los estudios de La quimera del oro y Tiempos modernos, decorados que se habían utilizado para la película Casablanca. Todas esas cosas son muy conmovedoras.” Aun así, volver a los tiempos de las orquestas de cámara en vivo de las salas a oscuras parece poco probable. La banda original de Ludovic Bourcese se concibe más bien como un homenaje a los estándares de Hollywood de inicio de siglo, sin pretensiones revolucionarias.

“Las notas fuerzan la emoción”

Según Pierre-Louis Umdenstock, si el sonido sólo se utiliza para ilustrar, “como violines en una escena de amor, muy kitsch”, es mala señal. Para este joven realizador parisino de 25 años, “la melodía tiene que comentar la imagen.” Formado en Chicago, toma como ejemplo la película Reservoir Dogs de Tarantino: “Pienso en la escena de tortura, cuando le cortan la oreja al chico con una música folk de fondo. Es vicioso.” Quererse mover mientras alguien con la cabeza ensangrentada se queja de dolor en frente de ti puede, efectivamente, hacer sentir cierta incomodidad a más de un espectador. Efecto garantizado.

En el seno de la familia del séptimo arte, ancestros y jóvenes promesas no siempre están de acuerdo. El realizador mejicano Arturo Ripstein, con unos cincuenta largometrajes producidos durante más de cuarenta años a su espalda, considera que la melodía es demasiado a menudo una “solución fácil” para el director. “Yo ya digo lo que hay que pensar con las imágenes, las notas fuerzan la emoción.” En realidad, Ripstein también necesita este “artificio” porque colabora desde hace una docena de años con el compositor americano David Mansfield. “En skype, yo le silbo el aire y él lo transcribe”, describe con un aire señorial. Pero si la música suena como una parte más de la realización de una película, el director sigue siendo el jefe. ¿De orquesta?

Fotos : Portada ©Warnos Bros France ; Texto : ©Laurène Daycard ;Vídeo : Monte-là dessus (cc) lesbellesmanières/youtube, The Artist (cc) Warner Bros France /youtube