Festival Fringe de Edimburgo: El problema de pasar la gorra

Artículo publicado el 31 de Agosto de 2011
Artículo publicado el 31 de Agosto de 2011

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A primera vista, durante el mes de agosto, la Royal Mile de Edimburgo parece una exposición anárquica y sin espíritu de todo lo que el festival de arte más grande del mundo tiene para ofrecer .
Pero luego te das cuenta de que los malabaristas de las calles se ciñen a los puestos que tienen asignados, de lo difícil que es vender “el cubo de los discursos” cuando se pone el rostro duro después de cada actuación y de los siempre presentes banners que publicitan la última operación de Richard Branson (una empresa de tarjetas de crédito).

Además, la relación entre arte y dinero es tan tensa que unas cuantas pegatinas con forma de pene provocaron una tremenda riña este mes. Un humorista del Fringe animó a su público a pegar los genitales en los pósters de otros números para promocionar su show, un acto original de marketing que se disolvió de inmediato en amenazas legales y acaloradas discusiones online entre estrellas cómicas. El cómico original, un burdo especialista en humor con un nombre artístico algo ofensivo , hizo pública una disculpa por la “gran divertida broma”, abundantemente salpicada con juegos de palabras "penianos". “¿Cómicos que son gilipollas carentes de humor? Por supuesto que no”, me dijo un joven cómico escocés . “Esta historia refleja todo lo que funciona mal con el Fringe: los costes de marketing, la deuda, los cínicos codiciosos, todo.” Hay que reconocer que la maniobra, sin embargo, no benefició a la venta de entradas del artista (actúa gratuitamente).

Érase una vez un festival

En pocas palabras, el Fringe tiene una relación difícil con los residentes, la creciente presencia corporativa y la cantidad de dinero que genera - alrededor de 75 millones de libras al año (casi 85 millones de euros) para Edimburgo y alrededores. Aunque este conflicto no es nuevo. El Fringe nació cuando ocho compañías de teatro no fueron invitadas al festival internacional de Edimburgo en 1948, que aún existe para celebrar la tradicional “alta cultura” con ópera grandilocuente y actuaciones orquestales. Sin embargo, aunque la actuación sea alternativa y experimental, el Fringe nunca ha sido realmente un teatro de guerrilla. Esas ocho compañías fueron atraídas hacia Edimburgo no por el deseo de llevar sus shows experimentales a los vecinos de Edimburgo, sino para explotar la oportunidad presentada por las enormes multitudes del Festival Internacional.

Como no tiene un jurado que filtre a los actores potenciales, las tasas de matrícula de más de 300 libras (casi 340 euros) han espantado del Fringe a unos cuantos actores en los últimos años para engendrar su propio “Fringe”, basado en el principio de “paga lo que puedas”. Sal corriendo del “Forest Café”, un lugar de encuentro para activistas y bebedores de té preocupados por el medio ambiente. Por los actos se les brindan alojamientos gratuitos y espacio para actuar, pero se espera que echen una mano cuando puedan.

Residentes contra actores

Por otro lado, cinco de los más grandes lugares de actuación fueron por su cuenta a buscar patrocinios bajo el banner del festival cómico de Edimburgo. Mientras una parte del Fringe está tranquila (más o menos) , la relación se ha vuelto tensa. Algunos puristas del Fringe por fin dan importancia a los lugares de actuación, discutiendo que la comedia (que realizó casi el 35% de los shows después del último recuento) se ha estado apoderando del Fringe, reprimiendo otras formas de arte. Como de costumbre un grupo excluído de las fiestas de arte mundial son los residentes de Edimburgo. Los estudiantes de la ciudad podrían prepararse para ser los encargados de las barras del festival, pero las personas encargadas de renovar las oficinas del ayuntamiento de la Royal Mile viven en un mundo distinto al de los actores callejeros. Cuando se ponen en contacto, ambos grupos se miran con un mutuo desconcierto.

Edimburgo podría ser una ciudad bastante cosmopolita, pero puede haber una preocupante escasez de acentos escoceses entre el público del festival. Los grandes cómicos de televisión logran arrastrar a muchos residentes, pero la cháchara posterior al show que sigue a muchas actuaciones teatrales parece extrañamente desarraigada, como si pudiera ser cualquier día del año en cualquier teatro moderno londinense. Sin embargo, hay una cosa de la que no cabe la menor duda. Sean cuales sean los conflictos sobre el dinero, Edimburgo todavía combina teatro y comedia exigente y de alta calidad con algunos detalles auténticos que agradan a todo tipo de público. Éste puede ir directamente desde una actuación del teatro gratuito Belarus -una empresa de Minsk formada por actores disidentes perseguidos por la policía secreta- hasta un gran nombre, una actuación de gran capacidad por la prometedora estrella británica Russel Kane, de 21 años. Además, muchos aficionados al Fringe harán eso simplemente. Nosotros sugerimos que ojeen la revista Fest con críticas de Edimburgo. La película Día Perfecto, que lleva en cartel mucho tiempo, une a la ciudad con los shows en un itinerario ideal. Combina los dos o perderás la esencia de la experiencia Fringe.

Fotos: Portada (cc) MrGiles/ Flickr; Texto(cc) David  McK Flit/ Flickr)