Fijemos un impuesto para el cerdo, los plátanos y los hombres guapos

Artículo publicado el 14 de Mayo de 2012
Artículo publicado el 14 de Mayo de 2012
¡Oh! François Hollande ya es presidente. La solidaridad, la amistad y la convivencia se impondrán a las curas de austeridad. ¡Ya te digo! Según un economista japonés, hay que extorsionar a los guapos para acabar con esta crisis. Y esta afirmación ha sido suficiente para llevar a cabo un rápido recorrido por los cánones de belleza masculina en Europa.

Buena falta nos hacía que en estos tiempos de austeridad económica sucediera algo divertido. Y esto se ha hecho realidad desde el momento en que el economista japonés Takuro Morinaga propuso subir los impuestos a los guapos y reducirlos a los feos. En pocas palabras: Morinaga se queja de la omnipotencia de los solteros japoneses de físico aventajado que, además de ser ricos, se llevan de calle a todas las chicas del país. El fenómeno ha adquirido tales dimensiones que ha surgido un nuevo término: los “ikemen” —contracción de “iketaru” (“cool”, “atractivo” en japonés) y “hombres”—. O sea, hombres guapos y modernos sobre los que se abalanzan las muchachas en flor.

No es cuestión de seguir comentando las teorías de este economista ya que, a pesar de que se habló mucho de ello durante tres días en Twitter, no hay que ser muy listos para darse cuenta de que Mario Draghi no va a cambiar el plan que ha tramado para la Zona Euro. Y una pregunta queda en el aire: ¿cuál es el equivalente de “guapo” (el “ikemen”, vamos) entre nuestros vecinos europeos? Empecemos con los alemanes cuyas metáforas están muy alejadas de los cánones tradicionales de belleza. Mirad qué ambiguo resulta todo: hablan de “geile Sau” (literalmente, “una cerda atractiva”) o de “heißer Feger” (“un bailoteo ardiente”) e incluso de “Sahneschnitte” (“un pastelito de nata”). Vamos bien...

Y aún hay más: a Polonia también le importan un pimiento las imágenes icónicas de la belleza. Prefieren el papeo. Mientras que una chica estaría tonteando si dice “ciacha” (una “galleta”), otras pueden llamar tranquilamente “banany” (“plátano”) a su príncipe. Y claro... uno puede hacerse muchas preguntas sobre las intenciones de las mujeres polacas, pero el término tiene su historia. El plátano ha sido siempre un producto asequible en Polonia y eso significa que no ha sido necesario trapichear para obtenerlo. No hay duda de que el plátano tenía que simbolizar la honestidad, la rectitud, el tipo hecho y derecho. He aquí, en pocas palabras, el equivalente aproximado del “estás para comerte” polaco.

De todos modos, si los españoles e italianos son bastante poco imaginativos con sus hombres de buen ver (“tíos buenos” y “figo”), esto demostraría que el economista japonés no va muy mal encaminado. Porque si empezamos a fijar impuestos para la carne de cerdo y los plátanos, conseguiremos una buena pasta, ¿no?

Fotos: © Henning Studte