Fin del estancamiento de la reforma en Alemania

Artículo publicado el 16 de Enero de 2006
Artículo publicado el 16 de Enero de 2006
El federalismo alemán es tan extraordinario como complejo. Tras años de controversias, ha llegado el momento de regular la nueva distribución de competencias entre el Estado federal y los Länder o Estados regionales.

“Tan federalista como sea posible, tan centralista como sea preciso”. Ésta era la definición que Kurt Schumacher, primer representante del partido socialdemócrata alemán (SPD) tras la 2ª guerra mundial, daba al primer Estado federal en tiempo de postguerra. Sobre estas bases ideológicas se creó la peculiar forma de Estado de la República Federal Alemana.

Como en toda democracia representativa, en Alemania los poderes del Estado se distribuyen horizontalmente, es decir, están separados en poder ejecutivo, legislativo y judicial. Asimismo, en este país también existe una división vertical, que responde a dos planos: el nacional, representado por el Estado federal, y el regional, constituido por los Länder. A nivel regional, dicha distribución de poderes se repite y ciertas atribuciones y áreas políticas son responsabilidad exclusiva de los Estados regionales. Por ejemplo, en materia de cultura y educación, el poder para decidir recae sobre los mismos Länder. En materia de impuestos y política exterior, en cambio, sólo el Estado federal es competente. Algo característico en el modelo federal alemán es el Bundesrat o Cámara Alta, órgano que representa a las regiones a nivel nacional. El artículo 50 de la Constitución alemana establece que “los Estados regionales (...) participan en la legislación del Estado federal y en los asuntos de la UE”. En muchos aspectos, el Bundesrat tiene derecho de veto.

La Cámara Alta (o Senado) se creó para sacar provecho de las experiencias de los Estados regionales en la implantación de las leyes. Es por este motivo que Estado federal y Estados regionales deben decidir conjuntamente e influirse el uno al otro. Sin embargo, esta situación ha conducido a un confuso entramado de responsabilidades y obligaciones: la confusión de competencias que se ha producido entre el Estado federal, las comunidades y los Estados regionales es, hoy en día, impenetrable. Por ello, la legislación alemana siempre se viene encontrando en un callejón sin salida. Durante años, los medios de comunicación se han hecho eco del “bloqueo político” y el “estancamiento de la reforma” que atraviesa Alemania. Además se ha denunciado que todo partido alemán, tan pronto como consigue la mayoría en la Cámara Alta necesaria para los intereses de su partido, deja de abogar por los intereses de las regiones.

Hace muchos años que en Alemania se debate la cuestión sobre cómo reformar el sistema federal. El antiguo presidente de la Cámara Alta, Dieter Althaus, ya propuso en 2003, en una entrevista con el diario Der Parlament, editado por el Bundestag alemán, reducir el número de leyes federales que deben ser aprobadas y al mismo tiempo reforzar las competencias de los Estados regionales. Para Althaus, el Estado federal debería ser sinónimo de cercanía al pueblo, por lo que reivindicaba más transparencia: “los ciudadanos y las ciudadanas deben reconocer con facilidad quién tiene la responsabilidad en qué determinada materia”.

En efecto, a finales de 2004, debía haberse decidido el nuevo modelo federal, pero los intentos fracasaron. No obstante, desde que en Alemania gobierna una Gran Coalición de socialistas y democristianos, parece que se ha abierto el camino para una nueva tentativa de reforma, ya que la coalición entre socialdemócratas y democristianos posee una mayoría suficiente en la Cámara Alta. Después de que los jefes de Gobierno de los Estados regionales, durante un encuentro el 15 de diciembre del pasado año, señalaran su aprobación para la reforma, la canciller Merkel anunció: “Estamos en el camino hacia la reforma”. Esta vez se deberá emprender en primer lugar la nueva regulación económica entre el Estado federal y los Estados regionales, primer paso para la reforma. Este tema es tan controvertido que, desde el principio, se descartó en las negociaciones de la coalición. Además, la reforma no sólo debe tener en cuenta cuestiones prácticas como las responsabilidades en la Seguridad Nacional, la reforma de la educación en contraposición a la política de educación existente, o la financiación de la ley Harzt IV, sino que también debe responder a una cuestión fundamental: ¿qué forma debe adoptar el federalismo alemán en los albores del siglo XXI? ¿Debe tratarse de un modelo federal basado en la cooperación que prevea una compensación económica a las regiones del este y del norte con una débil economía o, por el contrario, debe tratarse de un federalismo basado en la competencia, en el que cada Estado regional sea responsable de su destino regido bajo sus propias leyes?

Ejemplo suizo:

Existen 23 Estados unidos federados en el mundo. Algunos de ellos son un conjunto de Estados, como Brasil o Estados Unidos. Otros están compuestos por provincias, como Canadá y Pakistán; por regiones, como Bélgica, o son una combinación de diferentes unidades administrativas, ciudades, regiones y repúblicas, como Rusia. Desde luego, una cultura y lengua comunes, como es el caso de Alemania o Estados Unidos, contribuyen a la cohesión. No obstante, también en países como India, en el que conviven 21 idiomas distintos, o Suiza, donde se han reconocido cuatro lenguas oficiales (alemán, francés, italiano y retorromano), se ha logrado alcanzar una cohesión y encontrar nexos comunes. Suiza, en particular, podría servir de ejemplo a la UE: junto con el municipio, los cantones poseen un importante peso político, ya que se les atribuye toda competencia que la Constitución no adjudica al Estado federal.