Finlandia : los Moumines, mascota nacional

Artículo publicado el 11 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 11 de Octubre de 2013

Mientras en Francia reina Babar y Alemania mima a su Diddl, los finlandeses adoran unas pequeñas criaturas extrañas de nombre dulce y ronroneante. Los Mumins, o la historia de una utopía para niños y un fetiche de infancia para mayores. 

Poco conocidos en Europa, los Mumins están por todas partes en Finlandia: atados a las llaves del Volvo, pegados en los escaparates de bancos y cafeterías, amontonados sobre los estantes de las tiendas de souvenirs...De silueta blanca, mirada un tanto melancólica, a veces risueños, el Mumin es la mascota no oficial de Finlandia. Para grandes y pequeños, resiste mal que bien a la llegada de nuevas figuras animadas, como los Angry Birds o los personajes Disney. 

Un símbolo generacional

Creada por la sueco parlante Tove Jansson durante la Segunda Guerra Mundial – auténtica heroína nacional por su imaginación y su particular universo – la historia de los Mumins se antoja de una melancolía poco habitual para un público infantil: tras una catástrofe natural, la familia Mumin y sus amigos se ven obligados a vivir en un verde y aislado valle. “El Mumin es un símbolo esencial para los finlandeses, en primer lugar porque les representa”, explica Ann-Karin Koskinen, directora de marketing de Moominworld, un parque de atracciones dedicado a estas pequeñas criaturas. A través de sus peripecias, la familia Mumin y sus amigos ponen de relieve las ventajas y un modo de vida profundamente aferrado al imaginario colectivo. Al contrario que algunos personajes de ficción destinados a los más pequeños, el Mumin es un ser complejo. Puede “estar pendiente de sus amigos y dedicar tiempo a su familia” pero al mismo tiempo valora “la soledad, la introspección y el aislamiento en la naturaleza”. Si los extranjeros conocen mejor el mundo gracias a un dibujo animado, los finlandeses han aprendido a leer gracias a los libros de Tove Jansson. Escritos en un correcto finlandés y llenos de juegos de palabras que son al mismo tiempo sutiles y divertidos, estos se siguen transmitiendo de generación en generación sesenta años después de su publicación.

Desde el principio de sus aventuras, los finlandeses exprimen al máximo a sus hipopótamos. Los grandes almacenes Stockmann (el equivalente finlandés a las Galerías Lafayette) dedican desde los años 60 un espacio a los Mumins. Allí se venden a precio de oro en todas las formas posibles: merchandising (es posible vestirse de pies a la cabeza con los Mumins), películas de dibujos animados... hasta que en 1992 se creó Moominworld, atrayendo a numerosos turistas locales y extranjeros.

La isla de los niños

Acceder al parque es una pequeña aventura por sí misma. Situado en una isla de la pequeña ciudad de Naantali, el punto de partida es la plaza del mercado de Türkü (en el extremo sur de Finlandia), una de las grandes ciudades del país. A bordo de un autobús regional, los quince kilómetros de recorrido constituyen el paisaje típico de las inmediaciones de las grandes ciudades europeas: supermercados de descuento, estaciones de servicio a 1,5 euros el litro de diésel, kebabs a precios desorbitados. Tras haber recorrido todo el camino, plagado de carteles indicativos de los Mumins, Naantali aparece como una bella aldea desierta que recuerda falsamente a Louisina. A pocos metros de la residencia de verano del presidente finlandés, y  de su sauna durante 60 años, se sitúa el parque de los Mumins.

Moominworld no tiene absolutamente nada que ver con Disneyland ni otros Parques Europeos. Aquí no hay atracciones como montañas rusas o trenecitos, sólo animaciones para los niños (espectáculos, maquillaje y Mumins de tamaño natural) y una apertura únicamente estival que limita las caídas económicas al estilo Micky Mouse. «Hemos querido reconstruir el valle de los Mumins, no crear un lugar de pura diversión», explica Ann-Karin Koskinen. La casa de la familia Mumin, con cuatro pisos e «inspirada en el hábitat tradicional finlandés» es de una felicidad absoluta para los amantes, tanto grandes como pequeños, de este universo. Uno de los sitios más simbólicos del dibujo animado, el faro donde Papa Mumin se aísla para escribir sus memorias, es el lugar preferido por el equipo del parque y el más frecuentado por sus cerca de 400.000 visitantes anuales.

Un negocio al final y al cabo, pero ante todo familiar. Todas las decisiones relacionadas con los Mumins pasanpor la aprobación de Sophia Jansson, la nieta de la ilustradora y a la cabeza de Moomin Character. Desde la firma de su email hasta los despachos, situados en unas fábricas rehabilitadas de ladrillo rojo en Helsinki, todo está inmerso en el universo Mumin, hasta el más mínimo detalle. « Según un dicho estadounidense, explica Sophia Jansson para resumir su recorrido, primero está el creador de una empresa, luego la segunda generación que la desarrolla, y finalmente la tercera que la destruye o la vende. ¡Yo formo parte de la segunda! ». Según ella, lo que crea apego de los finlandeses a estas criaturas es en primer lugar su parecido: « los Mumins poseen un gran amor y respeto por la naturaleza, un rasgo esencialmente finlandés. Ellos van de excursión al bosque o al mar, al igual que muchas familias aquí ».

El mejor embajador de Finlandia

No deja de ser un hecho sorprendente que los japoneses, que participaron en la creación del dibujo animado Mumins a principio de los años 90, sean un público tan receptivo gracias a una historia similar, “tanto Finlandia y Japón fueron terriblemente destruidas tras la Segunda Guerra Mundial, analiza Sophia Jansson. Ello contribuyó a la urgente necesidad de tener una generación muy creativa a partir de los años 50, entre la que se encuentra Tove Jansson ». La compañía Moomin Character ha notado una recuperación del interés po restas pequeñas criaturas tras el desastre de Fukushima, en marzo 2011. « De entrada porque las catastrófes naturales están intimamente ligadas al destino de los Mumins, pero sobre todo debido a naturaleza de permanente optimismo. De alguna forma, a todos nos encantaría poder vivir en ese valle utópico”.

Junto a los paisajes de Laponia, los grupos de death metal y la sauna, el Mumin es sin duda el mejor embajador de Finlandia. No sólo gracias a sus cualidades humanistas y aura positiva, sino porque acompaña a lo largo de toda su vida a los finlandeses que guardan –como un tesoro- su infancia enganchada a las llaves del coche.

Este artículo forma parte de una serie de informes mensuales que lleva en varias ciudades "EUtopia on the Ground". Este proyecto ha contado con el apoyo financiero de la Comisión Europea en el marco de una sociedad de gestión con el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Fundación Hippcrene y la Fundación Charles Léopold Mayer para el Progreso Humano.