Formación continua para Europa

Artículo publicado el 1 de Noviembre de 2004
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Artículo publicado el 1 de Noviembre de 2004

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Para cumplir los objetivos de la Estrategia de Lisboa, en particular en cuanto a la mejora de la economía europea, se necesita una población formada y con conocimientos de informática. Pero, ¿cómo conseguirlo?

“Toda persona tiene derecho a la educación y al acceso a la formación profesional y continua”, de acuerdo con el artículo 14 de la Carta Europea de Derechos Fundamentales. Un derecho está muy bien, pero no es para todos hasta que no se acompaña de verdaderos medios para satisfacerlo. “Toda persona” significa hombres y mujeres de cualquier edad, nacionalidad y extracción social, y por ello el único medio de abarcar a toda la ciudadanía es la formación continua. La Estrategia de Lisboa tiene como objetivo hacer de Europa el alumno global más aventajado en cuanto a ofrecer “más y mejores empleos”, liderando “una economía dinámica basada en el conocimiento” y disfrutando de una “mayor cohesión social”. Para conseguir estos objetivos, la UE analizó la competitividad de su población activa, pero no quedó satisfecha con los resultados. En el año 2000, “menos del 10% de los europeos en edad de trabajar realizó algún tipo de formación”, subrayó la Comisaria para Educación y Cultura target=”_blank”>Viviane Reding. “Esto es manifiestamente insuficiente”, continuó, “y si no hacemos nada al respecto, será muy difícil para los europeos participar en la economía internacional”. Por ello es evidente que en el mundo actual -globalizado, acelerado y altamente tecnológico- actualizar los conocimientos y las capacidades es esencial para la supervivencia de los trabajadores (especialmente si se desea una mayor movilidad geográfica) y para que la economía de la UE sea un serio competidor frente a la de EE UU.

Responder a las necesidades educativas

¿Qué desea conseguir la actual política europea de formación continua? En palabras de target=”_blank”>Anna Diamantopoulou, anterior Comisaria responsable de Empleo y Asuntos Sociales, “el énfasis de la política ha pasado a dirigirse hacia un incremento en la inversión en capital humano y en aumentar la participación en educación y formación profesional a lo largo de toda la vida laboral”. Las asociaciones y responsables implicados en la educación se están agrupando, a lo largo de Europa, con objeto de reunir recursos y compartir experiencias. Este acercamiento está siendo acompañado de una rigurosa evaluación de las necesidades educativas para crear una sociedad basada en el conocimiento. Un resultado clave de este estudio es el reconocimiento del papel central de las tecnologías de la información y comunicación, así como de la capacidad lingüística, especialmente para aquellos que no han gozado de formación durante algún tiempo.

La educación continua cubre objetivos sociales, personales y cívicos así como fines laborales, comenzando con las habilidades básicas así como son las nociones informáticas. Existen varias políticas específicas y programas de acción a nivel de la UE para impulsar la formación continua como medio para alcanzar los objetivos de la Estrategia de Lisboa. Grundtvig, por ejemplo, es un programa que ha sido creado para financiar el aprendizaje lingüístico y la movilidad de adultos en Europa. Sin embargo, para fomentar una mayor participación en las oportunidades formativas de larga duración, sus disposiciones deberían ser más accesibles, en particular para los grupos marginales como los habitantes de las áreas rurales, personas con alguna discapacidad y minorías étnicas. En la Agenda de Lisboa está implícito el deseo de una acción duradera, y no solamente un fugaz objetivo a alcanzar de aquí a 2010.

Europass

Una nueva herramienta que debería facilitar esto es el Europass cuyo lanzamiento está previsto en Luxemburgo en enero de 2005. Actuando como una especie de pasaporte europeo de reconocimiento de capacidades, facilitará la formación a lo largo y ancho de Europa evaluando la capacidad lingüística, la competencia profesional y académica y las aptitudes profesionales de una persona. El Europass estará accesible para todo el mundo sin tener en cuenta la edad, por eso fomentará en las personas el interés continuo en alimentar sus capacidades y formación. Pero mientras Lisboa defiende una mayor cohesión en Europa, esas iniciativas sólo pueden ponerse en marcha de forma efectiva a nivel nacional por razones de especificidad cultural y lingüística. La viabilidad de su puesta en marcha será discutida en diciembre en Maastricht en una conferencia europea de alto nivel donde los ministros de educación de los 25 Estados miembro tratarán de reforzar la cooperación en educación y formación profesional. En la Conferencia estará presente target=”_blank”>Ján Figel, el nuevo Comisario de Educación, Formación, Cultura y Multilingüismo propuesto por Barroso. Con sus conocimientos profesionales previos en investigación y asuntos exteriores, parece estar preparado para promover la necesidad de reforzar la competitividad de Europa a través de su población activa. Durante su reciente audición en el Parlamento Europeo, Figel afirmó: “el potencial más importante es el humano(...). Si la UE no acelera sus reformas en educación y formación, no se alcanzarán los objetivos de Lisboa”. Su determinación promete.

Campañas de concienciación

Sin embargo, estas nobles intenciones serán inútiles si el ciudadano de a pie –el más necesitado de mayor formación continua– no es consciente de las oportunidades que se le abren. Deben realizarse urgentes esfuerzos para crear un verdadero “espacio público” con una creciente “europeización” de los medios de comunicación, donde los ciudadanos puedan expresarse y aprender sobre aspectos de interés colectivo, así como debatir sobre el futuro de Europa. Los antiguos atenienses se encontraban diariamente en el Ágora para debatir altos ideales democráticos así como para compartir las noticias con el público. Sería sumamente decepcionante que, en el “interconectado” mundo actual, fracasáramos en la básica obligación de comunicar. Con un esfuerzo coordinado podemos usar el impulso del actual debate sobre la Constitución y el desafío de los objetivos de Lisboa para sensibilizar a la ciudadanía sobre la formación continua como ejemplo de cómo Europa puede realizar mejoras en la vida de los europeos de a pie, cualquiera que sea su edad o extracción social.