Francia-Alemania: en la salud y en la enfermedad

Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2006
Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2006
La cumbre del Triángulo de Weimar que tiene lugar el 5 de diciembre en Mettlach (Alemania) corre el riesgo de situar a la pareja franco-alemana en el ojo del huracán.

Con una reverencia recibió Jacques Chirac a la canciller alemana, Angela Merkel, a su paso por París al día siguiente de su victoria electoral hace un año. A pesar de este recibimiento digno de un caballero, las relaciones entre Chirac y Merkel se han echado a perder. El proyecto de Constitución Europea, la política económica y americana de la Unión o la integración de los “pequeños” provocan demasiadas discusiones en esta pareja que finalmente parece conocerse bastante poco. Su objetivo sigue siendo el mismo: garantizar la paz en el seno de un espacio europeo cada vez más amplio. Sin embargo, la tensión puede cortarse con un cuchillo.

La relación Chirac-Merkel no tiene nada que ver con el acuerdo casi total que reinaba entre François Mitterrand y Helmut Kohl o Konrad Adenauer y Charles de Gaulle. Los dos dirigentes actuales de una y otra parte del Rin se adaptan a los nuevos tiempos: más preguntas, explicaciones y una voluntad de abrirse a otros socios.

Trío cojo

Una pareja sólo dura si hay un proyecto común y si se sabe adaptar. Al día siguiente de la reunificación alemana, Polonia pasa a ser la vecina directa de Alemania, una Polonia con la que Berlín mantiene unas relaciones bastantes tensas. Así es como nace el Triángulo de Weimar en 1991. Y es esta reconciliación franco-alemana con Polonia, esta cooperación trilateral, la que impone una redefinición de la pareja.

Por otra parte, desde el comienzo, París y Berlín parecen afrontar de diferente manera el futuro del continente. Kohl se muestra receptivo a las antiguas democracias populares del antiguo bloque comunista y desea acoger en el seno de CEE a la República Checa, Polonia y Hungría lo más rápido posible. Realista, Mitterrand, que prefiere una “confederación de Estado”, prevé un proceso de ampliación en el plazo de un decenio.

Diez años después, la pareja franco-alemana también ha cambiado mucho su relación con Polonia. Desde 2004, Varsovia ha entrado en la UE, no sin sacrificios. Las declaraciones de Jacques Chirac en 2003 (“han perdido una buena ocasión de callarse”) contra los firmantes de la “carta de los 8”, suscitaron un verdadero malestar en la opinión pública polaca, poniendo en evidencia que, una vez más, los “grandes” menospreciaban a los “pequeños”.

Después de este paso en falso, Chirac tuvo que disipar la idea de que el tándem franco-alemán quería imponerse frente a los nuevos pequeños países, sobre todo en el momento en que se acercaba el referéndum europeo. Así que cuando el “No” ganó en Francia, Chirac pidió auxilio a sus dos socios del Triángulo de Weimar reunidos en Nancy en mayo de 2005. Schröder, Kwasniewski y Chirac, unidos, hablaron con una sola voz.

Merkel se distancia

¡Pero Angela Merkel no es Gerhard Schröder! Nada parecido a los abrazos entre el presidente francés y el ex canciller: la primera dama germana es mucho más reservada. A pesar de que las relaciones son corteses, Merkel no esconde su voluntad de no limitarse a esta única relación privilegiada. ¡Se acabó la exclusividad franco-alemana!

Después del fracaso del referéndum por la constitución europea, los dirigentes franceses expresaron su deseo de enterrar determinados elementos del Proyecto de Constitución Europea. “Ni hablar de recortar el Tratado”, responden los alemanes. “Ni hablar tampoco de bajar el IVA” en la renegociación de los presupuestos comunitarios –la propia canciller la ha aumentado en su país-. En cuanto al primer ministro francés, Dominique de Villepin, encarna, a los ojos de Merkel, el heraldo de una política franco-alemana anti-americana que ella nunca ha apreciado.

Merkel prefiere, pues, tomar distancia y multiplicar las iniciativas hacia los Estados Unidos. Por su parte, Chirac le pone buena cara a Rusia, cerrando los ojos ante las injusticias cometidas por Putin en Chechenia o los misteriosos asesinatos de opositores al régimen del Kremlin, como la periodista Anna Politkovskaïa o el ex expía del KGB Alexander Litvinenko. ¿No jugarán París y Berlín a ser los mejores enemigos del mundo?"