Francia: el mundo soy Yo

Artículo publicado el 28 de Marzo de 2007
Artículo publicado el 28 de Marzo de 2007

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

La retirada de Jacques Chirac en abril cierra una página en la Historia política francesa. Su sucesor en el Eliseo tendrá mucho trabajo que hacer, sobre todo en relación a las cuestiones europeas.

Hace tan sólo unos meses, los medios de comunicación vendían a los franceses un duelo derecha/izquierda sin sorpresas entre el ambicioso ministro del Interior Nicolas Sarkozy (UMP, de derechas) y la musa de la izquierda, Ségolène Royal (Partido Socialista, de izquierdas). Como si los traumas de la última elección presidencial del año 2002, cuando la izquierda desapareció a favor de la extrema derecha de Jean-Marie Le Pen (Frente Nacional) no hubiesen dejado rastro alguno y como si el “No” al proyecto de Constitución europea en 2005 hubiese sido un simple acceso de fiebre de los electores.

Desde hace algunas semanas, los sondeos dan cuenta de un escenario mucho más matizado: las intenciones de voto para Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal disminuyen en favor de Jean-Marie Le Pen -cuyo porcentaje de intenciones de voto es aún más elevado que en el mismo periodo de 2002- y sobre todo de François Bayrou. El líder centrista de la UDF tiene en estos momentos al 20% de la opinión pública a su favor, mientras que hace sólo unos meses era sólo el 5%.

El trío

Frente a un electorado interesado pero indeciso, que anhela una ruptura pero teme lo desconocido, los candidatos navegan sin rumbo fijo, buscando la mejor estrategia y evitando al mismo tiempo y por ahora el enfrentamiento directo. Nicolas Sarkozy seguía siendo hasta hace poco políticamente muy atlantista y económicamente muy liberal, un modelo inspirado en el ejemplo blairista. Sin embargo, al notar la división de su electorado, ha retomado un tono más nacionalista y no ha dudado incluso en hacer varios guiños a la extrema derecha.

Ségolène Royal defiende una visión de la izquierda que no cuestiona la globalización sino que pretende preparar a los franceses para una nueva situación, fundamentalmente a través de la educación y la investigación y compensando al mismo tiempo los defectos discriminatorios del mercado: una estrategia cercana a las políticas llevadas a cabo en Europa del norte.

François Bayrou, por su parte, intenta arrebatar a Jean-Marie Le Pen el monopolio de la contestación al establishment y propone salir del sistema de falsa alternancia entre la izquierda y la derecha, pero siempre dentro del marco de valores de la República.

Bayrou, Royal y Sarkozy son todos partidarios de la construcción de la Unión Europea y por tanto de una federalización de ciertas políticas. Las divergencias estriban más bien en el rumbo que debe darse a la Unión y a sus límites. Todos constatan la existencia de una crisis europea simbolizada por la ausencia de un proyecto común.

La reforma de las instituciones

La modernización del funcionamiento de la Unión Europea está condicionada según los tres candidatos por la adopción de un nuevo tratado, una especie de contrato social que sea asumido por todos los europeos. Nicolas Sarkozy es el único que considera posible la ratificación de un tratado simplificado por el Parlamento francés sin recurrir a ningún referéndum, mientras que Royal y Bayrou consideran que el referéndum es la única vía posible para que Francia adopte un nuevo proyecto constitucional.

Los medios de acción de la Unión Europea

Aunque Royal aspire a una Europa más social que sus oponentes, existe cierto consenso sobre varios puntos referentes a la acción de la UE. Por un lado, el principio de subsidiariedad se ve reafirmado: la UE no debe sustituir al Estado cuando no sea necesario o no se quiera. Por otro lado, desearían que fuese más activa en aquellos ámbitos en los que tiene poder: de la política monetaria critican que tenga como único fin la lucha contra la inflación en perjuicio del crecimiento; mientras que en relación a la protección de las tasas contra el dumping social y monetario de los países emergentes y a la protección de las fronteras comunes frente a la inmigración ilegal, acusan a Europa de hacer demasiado poco.

Los candidatos, y sin duda también los franceses, quieren una Europa santuario y no una Europa gueto. Este fenómeno de atracción/repulsión demuestra al menos la existencia de fuertes lazos entre los franceses y Europa. Así, ni el sentimiento de orgullo nacional ni el apego a la idea europea están cerca de desaparecer. De hecho, la cuestión de la adhesión de Turquía a la Unión Europea demuestra bien la existencia de un sentimiento europeo, a menudo rechazado por los nacionalistas.

Los límites de la Unión

Cuando en 1995 entró en vigor la unión aduanera euro-turca, sólo los eurócratas y algunos empresarios estaban entusiasmados por este avance comercial, mientras que la mayoría de los ciudadanos manifestaba un desinterés casi total por dicha cuestión. En cambio, la perspectiva de una adhesión ha provocado una viva controversia, tempestad que parece lejos de amainar.

Este apasionado debate cuestiona los límites de Europa pero demuestra también que los europeos, aunque estén en desacuerdo sobre el fondo, tienen un lazo afectivo con Europa que no puede resumirse en un espacio comercial sin fronteras. Nicolas Sarkozy y François Bayrou se han manifestado claramente en contra de la adhesión de la Turquía en la UE pero sin entrar en detalles sobre el futuro de las actuales negociaciones. Ségolène Royal todavía no ha dado una opinión clara sobre la cuestión turca, aunque se ha declarado de entrada a favor a la adhesión, pero no antes de que cumpla con escrúpulo las condicione puestas por la UE.

Cuestión de elegir

La crisis que atraviesa Francia en este momento no sea quizá tanto una crisis económica y social como una crisis de identidad. Antes de saber en qué dirección ir es esencial saber quiénes somos y quién queremos ser. Estas preguntas no deben ser formuladas en un sentido de identidad, en el sentido de rechazo de la alteridad, sino más bien como una verdadera introspección. La inmigración no es en el fondo más que una faceta de un movimiento más mundial descrito como la globalización, es decir, la emergencia por primera vez en la Historia de la humanidad de una civilización mundial.

Los franceses están frente a una elección que no busca tanto averiguar si rechazan o admiten ese proceso, sino más bien definir en qué medida quieren adaptarse al mundo y en qué medida quieren intentar que el mundo se adapte a ellos.

Lea pronto nuestro dossier especial sobre las elecciones presidenciales francesas en Abril.

Foto en el texto, (banlon1964/Flickr)