¿Francia ya se ha acostumbrado al Frente Nacional?

Artículo publicado el 5 de Mayo de 2017
Artículo publicado el 5 de Mayo de 2017

Marine Le Pen repite la historia que inició su padre en 2002 y pasa a la segunda vuelta de las elecciones. Al igual que hace quince años, diferentes asociaciones han convocado una manifestación para el primero de mayo. Sin embargo, en esta ocasión no han sido capaces de atraer a las multitudes.

Desfiles, mítines, manifestaciones. Las movilizaciones de este primero de mayo muestran un claro reflejo de la división de Francia en esta campaña electoral. Por un lado, en la plaza de République diferentes movimientos, como los sindicados CFDT y UNSA o la asociación estudiantil FAGE, convocaron una manifestación contra el Frente Nacional (FN). Por el otro, en la rue Rivoli, Jean-Marie Le Pen homenajeó con ardor a Juana de Arco. Mientras, la actual líder del FN recibía el apoyo de su padre, tres asociaciones llamaban a votar contra Le Pen, a favor de Macron.

Es inevitable que esta marcha traiga a la memoria viejos recuerdos de la del primero de mayo de 2002, cuando diferentes asociaciones se movilizaron contra Le Pen Padre y a favor de Jacques Chirac. La amenaza resurge: Marine Le Pen está en la segunda vuelta de las presidenciales a solo tres puntos del líder de En Marche! ¿Son estas manifestaciones una burda copia de las de 2002?, ¿qué ha cambiado en los últimos quince años?

Una cara más amable

El éxito de FN en 2017 no es nada transgresor. De hecho, Le Pen ya es una cara más del panorama político francés. La imagen de FN se ha ido depurando en cada proceso electoral. Para Mathieu Molard, editor jefe de Streetpress y periodista especializado en la información de FN, son muchas las razones: "Han faltado figuras políticas ejemplares". El segundo factor son las encuestas que anunciaban la clasificación de Le Pen para la segunda vuelta: "Mostraron esa realidad como algo inevitable".

La banalización del FN solo puede explicarse con cierto contexto. Este éxito forma parte de una estrategia muy medida durante años, no hubiera sido posible de otra manera. El plan, ideado por el número dos de Le Pen (Florian Philippot) consiste en apartar ciertos elementos radicales del partido con el objetivo de parecer un partido más abierto: "Esto no significa que el partido realmente haya perdido esa carga radical", añade Molard mientras señala el notable ascenso dentro del partido de algunos miembros que previamente formaron parte del Grupo Unión Defensa (organización estudiantil violenta de extrema derecha) y que ahora forman parte del círculo más cercano a Le Pen. "El FN quiere dar menos miedo a los votantes", opina Marwan, un manifestante de 22 años. "Así es como han conseguido tener un mayor porcentaje de voto", añade.

"Un partido racista"

Los sindicatos se unieron para luchar contra lo predispuesto. Bajo la estatua de Mariana (símbolo de Francia) hicieron un llamamiento a los manifestantes. Todos avanzaron por la avenida de République y las sirenas de los megáfonos envolvieron el ambiente con un ruido ensordecedor.

"Tenemos que luchar contra el FN y a favor del progreso", dice Philippe Martinez, secretario general del sindicato CGT. "FN es un partido racista, xenófobo, antifeminista y antiliberal", Fuerza de los Trabajadores (FO), en cambio, siguió diferentes consignas, lo cual muestra la enorme paradoja que rodea a estas protestas. Las referencias al Brexit y a Donald Trump eran constantes. Tampoco fueron nada halagadoras las comparaciones con otros populismos de Europa. Pero todos esos gritos quedaban aplacados por la enorme diferencia entre los mensajes que transmitían unos y otros grupos. En un lado, la Unión de Europeos federalistas; justo al lado, un grupo de opositores al Estado de Israel. Miraras a donde miraras podías encontrar banderas comunistas y efigies de Mao o Stalin. Cada uno ocupaba su pequeño hueco, como si formara parte de diferentes protestas. La oposición del FN estaba tan dispersa que, incluso, parecía que se había olvidado del motivo por el cual protestaba.

A trancas y barrancas la marcha avanzó hasta encarar Bastilla, donde de repente se detuvo. Con echar un ojo a redes sociales ya se pudo saber el motivo: de tal parón activistas de Black Bloc (organización radical antifascista y anarquista) habían contraprogramado e irrumpido en la manifestación. Según el ministro de Interior, Matthias Fekl, seis policías resultaron heridos, uno de ellos con serios daños en la mano y otro con graves quemaduras en la cara. Estos sucesos, sin embargo, están muy alejados de lo que fue el resto de la protesta.

Aún es pronto para hablar de éxito o fracaso en esta protesta. Para poder establecer un juicio más atinado, no obstante, habrá que esperar hasta la noche del domingo.