Francis Fukuyama: “Fuera de Europa, el poder blando europeo se evapora”

Artículo publicado el 19 de Marzo de 2007
Artículo publicado el 19 de Marzo de 2007

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El 20 de marzo se cumplen 4 años desde el comienzo de la 2ª guerra de Irak. Un poco de geopolítica conversando con Francis Fukuyama.

La guerra en Irak, que volvió a dividir a Europa en dos campos en 2003, “no es motivo para alterar la tradicional relación entre los EE UU y Europa”. Lo dice Francis Fukuyama, de 54 años, pensador norteamericano conocido por su libro El fin de la Historia y el último hombre (Planeta, 1992). En contra de viejos compañeros de viaje como el antiguo secretario estadounidense de defensa, Donald Rumsfeld, se opone a desarrollar alianzas selectivas con algunos países europeos excluyendo a otros. Eso sí, cree que “Europa tiene un problema fundamental de acción colectiva y duda de que se produzca una verdadera unión política”.

Fukuyama es inclasificable a pesar de sus vínculos tradicionales con la derecha neoliberal estadounidense. Si bien a mediados de los años noventa, este profesor de economía internacional en la Universidad Johns Hopkins se encontraba anclado en el movimiento neoconservador, en 2003, se desmarcó de la guerra de Irak y, por último, en 2004, negó su apoyo al Presidente Bush en las elecciones presidenciales. En 2006, Fukuyama publicó un nuevo libro, America at the Crossroads (Universidad de Yale, 2006). En él, a pesar de reiterar la vigencia del objetivo último del neoconservadurismo, o sea el triunfo de la democracia liberal en el mundo, se manifiesta contrario al uso excesivo de los medios militares estadounidenses para alcanzar dicha meta.

La UE en el laberinto de Oriente Próximo

Fukuyama ha analizado desde hace un tiempo la reconstrucción de Estados fallidos. El Líbano es un ejemplo de país en vías de construcción estatal, cuya situación se agravó el verano pasado por la guerra entre Israel y el grupo terrorista Hezbolá. La UE ofreció liderar una fuerza de Naciones Unidas para estabilizar la frontera sur del Líbano tras la retirada de Hezbolá. Fukuyama alaba “el coraje de los europeos” al aceptar intervenir en un escenario tan explosivo, pero se muestra escéptico del éxito de la misión en el largo plazo: “La guerrilla de Hezbolá ha sido debilitada, pero no eliminada, y desde el punto de vista propagandístico ésta se fortaleció más que nunca. Además, si bien Hezbolá se ha retirado de la frontera sur, no ha aceptado desarmarse, lo que sigue poniendo a Israel de los nervios”. Teniendo en cuenta que el margen de maniobra de la fuerza de Naciones Unidas no basta para desarmar a Hezbolá, se muestra convencido “de que se volverá a producir un estallido de violencia”.

Para Fukuyama, el conflicto Palestino-Israelí está relacionado con la última guerra en el Líbano, pero éste no es la única causa. “Su resolución no será suficiente para estabilizar la región”. Es más, recuerda el profesor, “un acuerdo entre Israel y Palestina fastidiaría a muchos extremistas, incluyendo a Hezbolá, quienes estarían dispuestos a seguir recurriendo a la violencia”. Esto no le impide reconocer, en abierta discrepancia con sus antiguos compañeros neoconservadores -defensores a ultranza de la alianza entre Estados Unidos y el Estado hebreo- que el alineamiento estrecho con Israel en la guerra del Líbano no favoreció al país norteamericano.

Ni realpolitik ni multilateralismo

Fukuyama reconoce los logros de la política “exterior” de la UE, centrada en el uso de poder blando (influencia política, económica y cultural) frente al uso del poder duro (fuerza militar) por parte de los EE UU. En su opinión, “la perspectiva de una futura adhesión a la UE ha permitido una transformación pacífica de la antigua Europa comunista”. Con todo, estima que el enfoque europeo no es eficaz en otros lugares, en particular en Oriente Medio, al no existir el incentivo de la adhesión: “Fuera de Europa el poder blando europeo se evapora, a pesar de realizar misiones útiles de carácter humanitario en África y otros continentes”.

El rechazo de Fukuyama a la política neoconservadora y militarista de la administración Bush, no le convierte ni en un multilateralista a la europea, reacio al uso de la fuerza por principio, ni en un realista tradicional, preocupado sólo por mantener la estabilidad del sistema internacional. “El realismo sólo se preocupa por las relaciones de poder, minimizando la importancia de los llamados asuntos internos de los Estados, como los abusos de los Derechos Humanos y la falta de libertades públicas. A su vez, el multilateralismo no puede ser efectivo con el sistema de Naciones Unidas, que no es adecuado para los problemas que encaramos hoy en día”. Por último, Fukuyama también rechaza la teoría del “choque de civilizaciones”, pues “la identidad nacional es más importante que la pertenencia a una civilización, siendo los islamistas radicales los únicos en creerse parte de una civilización distintiva”.