Fraude Académico: la otra cara de la corrupción

Artículo publicado el 17 de Marzo de 2006
Artículo publicado el 17 de Marzo de 2006

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La lucha constante contra la corrupción es uno de los mayores desafíos -si no el mayor- a los que se enfrentan los países postcomunistas que recientemente accedieron a la UE.

La corrupción es ley de vida en la Nueva Europa. A menudo, las noticias nos presentan historias de representantes gubernamentales deshonestos o individuos en puestos de poder aceptando sobornos para proporcionar algún servicio concreto. El auténtico progreso llega de la mano de una combinación de protestas populares y fuerzas externas, tales como la UE, que hacen reaccionar a los Gobiernos frente a la corrupción y aplicar leyes que le pongan freno. Los medios de comunicación destapan jugosos casos de corruptelas y sobornos en la esfera política, pero es menos evidente la persistente presencia de otra cara distinta de la corrupción: el fraude académico en la educación superior.

La actitud de los estudiantes referente a copiar en los exámenes finales es pasmosa. "Todos lo hacen", dice un estudiante, "tanto los buenos como los malos alumnos". Más serias resultaron las acusaciones acerca de una posible “compra” de plazas en algunas universidades en caso de que los resultados de los exámenes de ingreso no bastaran. Sin embargo, este no es un fenómeno confinado a Eslovaquia. La revista The Economist informó en un artículo de octubre de 2005 que “copiar está fuertemente afianzado en la cultura educacional polaca, y bastante más que en otros países postcomunistas" [1]. Este verano, la Universidad Centroeuropea de Hungría ofrece un curso sobre “ Control Estratégico de la Corrupción e Integridad Organizacional”.

Mientras que las historias de formas de corrupción más obvias copan los titulares, aquellas de fraude académico no levantan las mismas ampollas. Las razones pueden justificarse parcialmente por el hecho de que aquellos individuos que se criaron durante el comunismo consideran copiar como un asunto de ética personal y que hacerlo no ocasiona un daño permanente. Muchos son los que han estudiado el comportamiento de la corrupción en las sociedades postsoviéticas con el fin de detallar y comprender las razones por las que es tan persistente y difícil de combatir. Durante la época de transición de la economía planificada y centralista a la economía competitiva en los años noventa, Richard Janda, Profesor Adjunto de la Facultad de Derecho de la Universidad McGill, identificó motivos por los que el cambio resulta difícil para los países postsoviéticos. Conjeturó que el Estalinismo cultivaba un “comportamiento oportunista en el individuo”, desconfiando, además, de “la destrucción de la sociedad civil bajo el comunismo”. Resulta fácil olvidar que han pasado menos de veinte años desde el final del dominio comunista en Europa Central y Oriental. No se cambia de actitudes y hábitos de la noche a la mañana.

Con un avance constante contra la corrupción en la sociedad, la gente acabará por darse cuenta que el fraude académico socava la calidad de la educación misma. Los estudiantes universitarios (y sus padres) habrán de aprender a confiar en la honorabilidad del sistema educativo; esto resulta difícil cuando es más sencillo conseguir lo que se quiere copiando. Al mismo tiempo, se pueden tomar medidas drásticas frente al anteriormente citado "comportamiento oportunista en el individuo", mediante sanciones más estrictas y haciendo cumplir los reglamentos escolares. Ambas partes deben hacer un esfuerzo: las universidades deben tomar una actitud activa y detener la aceptación pasiva del fraude institucionalizado en todos los niveles, y los estudiantes deben acabar por reconocer el daño de que copiar infringe no sólo a ellos mismos en términos de perdida de educación y formación, sino también el daño a una sociedad entera al hacer perdurar los valores de desconfianza y fraude que la debilitan.

[1] The Economist, Time for the tricks to stop, Oct 8, 2005.