Freeganismo, el grito anticonsumo

Artículo publicado el 29 de Julio de 2010
Artículo publicado el 29 de Julio de 2010
Además de haberse convertido en un modo de vida para un pequeño porcentaje de personas en el mundo, es ante todo una actitud radicalmente en contra del consumismo que incita a la reflexión. Este movimiento expresa claramente su postura contra las empresas que aspiran únicamente a enriquecerse

Los freeganos se esfuerzan por satisfacer sus necesidades reciclando, reparando los productos que a simple vista parecen inservibles o bien intercambiándolos. A veces ocupan casas abandonadas, sobre todo edificios, que sirven como residencia o son transformados en lugares de uso público. Todo ello está en consonancia con la idea de que la vivienda debería ser un derecho y no un privilegio. Otro ejemplo es la iniciativa Nicholas Prested, fundador de la web Wardrobe Refashion. Su credo: "Juro que voy a reciclar, renovar y rescatar la ropa vieja [...], que crearé la ropa con mis propias manos usando telas, hilos y otros materiales". Emprendió su proyecto a principios de 2006 y aún sigue en su empeño. En su página se publican los artículos de decenas de personas que siguen los pasos de Prested.

Lo más chocante para la gente es el hecho de que tampoco compren comida. Los supermercados tiran cantidades ingentes de comida en perfecto estado. Son alimentos que incluso conservan intacto su envoltorio y acaban de caducar o bien lo harán en los próximos días. También terminan en el contenedor kilos y kilos de hortalizas y frutas que están un poco pasadas o que, simplemente, "tienen mal aspecto". Los freeganos no revuelven en los contenedores por necesidad; lo que buscan con su actitud es denunciar que hay demasiada comida en perfectas condiciones que termina en la basura. Nos lo han contado varios jóvenes de Varsovia, que una noche rescataron de los contenedores de la capital polaca más de 30 kilos de verduras. Al día siguiente prepararon una sopa y la repartieron entre los sin techo.

“Aún no podemos desterrar las compras de nuestras vidas, aunque frecuentamos los contenedores de Wrocław y de otras ciudades de nuestro país, Polonia. Después siempre hay una comida estupenda. Nuestros puntos de recogida favoritos son los supermercados polacos Biedronka. Esta cadena tira enormes cantidades de productos en perfecto estado y nos suele faltar espacio en las mochilas para llevarnos todo lo que queremos. Hace poco, me traje a casa unos cuantos melones con los que preparamos una suculenta ensalada y un batido de melón. Cuando estuvimos en el norte de Polonia, en Gdynia, nos decidimos por un mercado. En 15 minutos recogimos todo lo necesario para elaborar una sopa con la que comieron siete personas durante dos días. Normalmente, a muchos les molesta que los alimentos vengan del contenedor. Sin embargo, cuando comen lo que hemos cocinado sin saber su procedencia, están encantados. En una ocasión la madre de mi novia hizo la compra en el supermercado Biedronka. Mientras, nosotros rebuscábamos en el fondo del contenedor del mismo lugar. Luego, preparamos una comida deliciosa con el brécol que habíamos rescatado y un batido de plátanos. La madre de mi novia y el resto de la familia estaban encantados y sólo supieron el origen de la comida unas semanas después. En contra de lo esperado, su reacción fue positiva.

Los establecimientos de comida rápida, los restaurantes y cafeterías son tema aparte. Mi novia ha trabajado mucho tiempo en una conocida cadena polaca de heladerías. Tiraban todos los días fruta en perfecto estado porque ya no servían para decorar. A los empleados no se les permitía llevarse o comerse estos productos, simplemente se les obligaba a tirarlos a la basura. No podíamos con esto. Nos la llevábamos de contrabando a casa, aunque no sirvieran para decorar o estuvieran un poco pasadas y preparábamos batidos buenísimos, postres o simplemente nos las comíamos tal cual. Según un informe de 2007 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) se desperdicia alrededor de la mitad de los alimentos que se producen, mientras que 824 millones de personas padecen hambre crónica.

Conseguir que los problemas globales se solucionen no es fácil. No obstante, el mundo debe cambiar desde dentro. Que esto es posible es algo que ya han demostrado los vegetarianos, cuyo número, según diferentes fuentes, se sitúa en torno al 3 y 6% de la población mundial. Esto, obviamente, reduce en el mismo porcentaje la demanda de carne de animales sacrificados, lo que supone realmente mucho. Los freeganos, a pesar de no haber alcanzado aún la popularidad de los vegetarianos, actúan con la misma determinación en sus convicciones y esta actitud, sin duda, puede cambiar el mundo”.

Fotografías: principal ©  narnua; © Zane Selvans vídeo 'The Bin Raiders’ (primera parte de tres) ©Gaby Hull on Youtube