Frente al Estado judío, la Unión Europea camina de puntillas

Artículo publicado el 27 de Marzo de 2006
Artículo publicado el 27 de Marzo de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Aumento del antisemitismo o ayuda a los palestinos: los temas de fricción entre Israel y la Unión Europea son numerosos. Pero sus lazos políticos, comerciales y afectivos aún son firmes

Es la gota que amenaza con colmar el vaso. En febrero pasado, la Unión Europea (UE), principal proveedor de fondos de los territorios palestinos, acuerda dar una ayuda de 120 millones de euros a los palestinos. Justo entonces, Hamás, movimiento calificado de “organización terrorista” por Bruselas, gana las elecciones legislativas en Palestina. Una semana más tarde, la ministra de Asuntos Exteriores israelí, Tzipi Livni, decide bloquear el ingreso de tasas aduaneras al gobierno de la Autoridad Palestina. Buen ejemplo de disonancia, testimonio de la ambigüedad de las relaciones entre Bruselas y el Estado judío.

Acuerdos sólidos

Sin embargo, numerosos acuerdos unen a Israel y la UE. Entre ellos, un plan de acción adoptado en diciembre de 2004 en el marco de la nueva política europea de vecindad (PEV). Aparte, Europa es el primer socio comercial de Israel: en 2004, el volumen total de sus intercambios sobrepasó los 15.000 millones de euros. Programas de subvenciones para los directores de cine israelíes o acuerdos de cooperación científica son regularmente puestos en marcha.

Desde junio de 1980, Europa ha declarado querer sostener el proceso de paz en Oriente Próximo a través de la Declaración de Venecia que afirma el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y a la ilegalidad de la ocupación israelí de los territorios palestinos. Desde entonces, la UE intenta ayudar a la resolución del conflicto a través de su participación en el “cuarteto” (Estados Unidos, UE, Rusia y las Naciones Unidas) y busca hacer aplicar la Hoja de Ruta por la paz, gracias a su enviado especial en la región, Marc Otte.

La tensión aumenta

Dicho esto, el gobierno israelí no siempre aprecia que los europeos se inmiscuyan en su política interna. ¿Los reproches?: el “muro de seguridad" erigido por Israel en Cisjordania para protegerse de los atentados suicidas es calificada regularmente de "muro de la vergüenza" por las instituciones europeas, quienes aprobaron en 2004 una resolución de la ONU en pro de su destrucción. Además, según el Estado judío, Bruselas se muestra generalmente más atenta con los sufrimientos de los palestinos que con la causa judía. Una postura que suscita un sentimiento de injusticia y de resentimiento, hacia las instituciones pero también hacia los habitantes de los 25. Un sondeo publicado en 2004 por la Comisión provocó un clamor de indignación en Tel-Aviv revelando que un 59% de los europeos interrogados consideraban a Israel como la amenaza más grande para la paz en el mundo. Delante de Corea del Norte e Irán.

Ni contigo ni sin ti

La evacuación de 7.500 colonos de la banda de Gaza y de Cisjordania en verano del 2005 provocó los aplausos de la comunidad internacional, con la Unión Europea a la cabeza. En un discurso oficial de ese mismo verano, la UE “rinde homenaje al coraje del primer ministro israelí, Ariel Sharon, y a su gobierno por haber puesto en marcha el plan de desmantelamiento (…), una etapa importante de la Hoja de Ruta".

Otra buena señal fue que, después del accidente cardio-vascular de Sharon, Ehud Olmert, primer ministro israelí en funciones, afirmó su deseo de negociar con Mahmud Abbas, el Presidente de la Autoridad Palestina. Pero ante la victoria de Hamás en las legislativas, ha dado un giro a su propósito: ninguna negociación es posible con los “terroristas” si Hamás no se desarma y no reconoce el Estado hebreo. En ese mismo momento Benita Ferrero-Waldner, comisaria europea de relaciones exteriores, anunció la atribución “de un paquete de ayuda muy substancial para cubrir las necesidades básicas de la población” palestina, una parte del cuál servirá para pagar los sueldos del gobierno de transición. Sagi Karni, miembro de la misión israelí en el seno de la UE prefiere relativizar: “se trata principalmente de un apoyo humanitario, y el Estado hebreo hará una neta distinción entre el pueblo palestino y el futuro gobierno de Hamás”.

Sin embargo, como para señalar su descontento, Ehud Olmert declaró en marzo pasado querer fijar rápidamente “las fronteras definitivas de Israel”. Una manera educada de dar a entender a la comunidad internacional que si las negociaciones con los palestinos no llegan a unos acuerdos enseguida, el Gobierno de Israel podría imponer de manera unilateral la partición de los territorios. La reciente condena de los eurodiputados de la incursión del ejército Tshahal israelí en Jericó lleva el riesgo de meter más leña en el fuego.