Fronteras abiertas, mentalidades obtusas: la integración financiera de Europa

Artículo publicado el 10 de Abril de 2006
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Artículo publicado el 10 de Abril de 2006

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Una ola de proteccionismo se ha extendido por Europa en los últimos meses en respuesta a determinados planes de fusiones transnacionales. Más allá del patriotismo, la explicación de este fenómeno no es sencilla.

En 2005, el banco holandés ABN Amro presentó una propuesta para adquirir la entidad bancaria italiana Antoveneta. La oposición del Banco Central Italiano a la operación puso de relevancia la existencia de poderosos intereses políticos que obstaculizan el proceso de integración financiera en Europa. Esta reacción proteccionista se achaca por lo general a un sentimiento patriótico, pero la causa no es tan simple. Existen numerosos grupos de interés que operan en contra de este tipo de fusiones y adquisiciones, y van a dificultar notablemente el camino hacia la integración.

Amigos poderosos

Muchas empresas italianas reciben créditos en función de la relación de confianza que tiene con determinados bancos. Según comentaba un empresario local en un periódico italiano: “aquí no importa lo grande que seas, todo lo que cuenta es tu carisma y tu historia". Los poderosos intereses económicos locales, por lo tanto, ven como una amenaza a su especial relación con los bancos el que éstos sean adquiridos o se fusionen con entidades extranjeras que tienen una cultura empresarial diferente y que posiblemente no contemplen con buenos ojos esa tradicional relación financiera basada en vínculos de amistad personal.

Permanecer unidos

Uno de los elementos que dificulta el proceso de integración financiera es la diferencia en los estándares de integración que existe entre los Estados miembro de la UE. Los bancos holandeses se fusionaron entre sí a comienzos de los noventa. Esta tendencia contrasta con el caso italiano, donde el sistema bancario está aún muy fragmentado. El plan holandés de adquisición de Antoveneta habría impedido que la banca italiana alcanzase su objetivo principal: la consolidación nacional sectorial. La operación también hubiera imposibilitado cualquier plan futuro de los bancos italianos de jugar un papel decisivo en el mercado europeo. Además, los bancos holandeses, bastante más eficientes, cobran mucho menos que las entidades italianas por las operaciones regulares, lo que implica que su entrada en el mercado italiano supondría una dura competencia para los bancos locales. Este fenómeno contribuiría a recortar la cuota de mercado nacional de los bancos italianos y previsiblemente limitaría sus opciones de crecimiento. Si Europa quiere garantizar una integración exitosa de sus mercados financieros debe encontrar la forma de permitir que las economías nacionales no queden expuesta de manera abrupta a una apertura comercial del sector.

Sin olvidarse de la gente

Los bancos y las empresas no son los únicos que se oponen al desembarco foráneo. También lo hacen los empleados, temerosos de las posibles consecuencias de la globalización en sus puestos de trabajo. Por ejemplo, en respuesta al intento de adquisición de la firma francesa CIC en 1998 por parte de ABN Amro, Crédit Mutuel, una pequeña cooperativa bancaria también francesa, fue preferida pese a su menor oferta, principalmente debido a su promesa de no recortar empleos. En países con un elevado índice de paro y sindicatos influyentes, como ocurre en Francia, el gobierno es proclive a dejarse influir en sus decisiones por todo tipo de temores a la globalización.

La cuestión es vital para la clase política. Jugar la carta del patriotismo es una garantía para ganar votos. Al mismo tiempo, tener contentos a las empresas, los bancos y a la fuerza de trabajo nacional es indispensable para resultar elegido en las urnas.

Invocar la Ley

No parece que la legislación comunitaria vaya a ofrecer mucha ayuda a estos grupos de interés en el futuro más inmediato. La Comisión está examinando con lupa potenciales prácticas opuestas a la libre competencia por parte de los gobiernos de la Unión. En un clima como el actual, lo único que los gobiernos nacionales pueden hacer es motivar a otras compañías de sus países para que adquieran empresas nacionales susceptibles de ser compradas por entidades extranjeras. Hemos visto un ejemplo de ello recientemente con el caso Suez, y el tira y afloja entre integración y proteccionismo se antoja más vivo que nunca en el sector energético.

Durao Barroso, Presidente de la Comisión, dejó claro en una reciente carta dirigida a los líderes nacionales europeos que la aceptación de la entrada de compañías extranjeras en los mercados nacionales será una prioridad en la agenda de la UE. Todavía le queda mucho trabajo por hacer.