¿Fronteras? El arte en balanza

Artículo publicado el 13 de Febrero de 2008
Revista publicada
Artículo publicado el 13 de Febrero de 2008
¿Hasta dónde puede llegar el arte? ¿Qué tabúes nos quedan todavía? A menudo, el arte fascina y desagrada a partes iguales. Hoy, un intento de acotarlo.

Las pompas de jabón de la artista mexicana Teresa Margolles, que vuelan sedosamente hasta estallar contra los espectadores, no son pompas normales. Expuestas en 2004 en el Museo de Arte Moderno de Frankfurt, se componen de agua con la que anteriormente se habían lavado cadáveres en las funerarias. El conocedor se asombra, el crítico murmura. ¡Éticamente patético! ¡Extraño! El delgado hilo de seda que separa el arte de lo patológico choca con uno de los últimos tabúes de la producción artística: la muerte. El asco y la fascinación se sienten en carne propia.

(Foto: ©Sebastiano Pitruzzello/flickr))

En octubre de 2007, el visionario Guillermo Vargas, de Costa Rica, permite que un perro subalimentado se muera de hambre encadenado en una galería. Quería demostrar que el perro sólo llama la atención una vez se ha convertido en objeto artístico. En la calle, nadie le hubiese prestado atención. El perro estaría hoy más vivo que antes, dado que existe en la mente de los que lo han contemplado. Instantáneamente, las protectoras de animales se echaron a las barricadas.

El arte choca con sus fronteras

En el arte del saliente siglo XX y principios del nuevo se mea, se pixela, se masturba en directo, se trabaja con sangre y se lleva la muerte hasta sus límites. La moderna producción artística se mueve en la frontera de la anatomía, la pornografía, las tecnologías de la información y la enfermedad. No pocas veces se borran o traspasan estos límites en nombre del arte. Los nuevos medios permiten al mismo tiempo nuevas formas de arte. La palabra mágica es “extrañamiento”, y lo que lo hace más difícil: el arte puede consistir hoy en una simple idea. Ya no depende necesariamente de la forma.

El que piense que traspasar fronteras éticas y tabúes ha sido siempre parte del arte, se equivoca. Carole Talon-Hugon, profesora de filosofía del arte en la Universidad de Niza y autora del libro Goût et dégoût: L’art peut-il tout montrer? (Gusto y asco: ¿puede el arte mostrarlo todo?), lo desmiente: “Pensar que el arte siempre se ha rebelado es un esquema mental inducido. Primero hubo que traspasar fronteras pictóricas y de representación. El masivo traspaso de las líneas morales se asienta definitivamente en el siglo XX por primera vez.”

Hermann Nitsch, Günter Brus y Otto Muehl –los así llamados “accionistas” vieneses- ya lo habían escenificado en los sesenta. En la llamada Uni-Ferkelei (Universidad-guarrería) de 1968 se expuso a un público en estado de shock líquidos corporales, excrementos y violencia. El tiburón conservado en formol del inglés Damien Hirst, 1991, provoca en todo caso bostezos. Hoy se plastifican y exponen personas, por obra y gracia del arte nacen niños en galerías, o se arrojan vacas muertas desde helicópteros. El arte debe salir, en busca de nuevas orillas, dinamitar fronteras y crecer una vez más por encima de sí mismo.

Arte y Ética: fricciones

“Lo que me parece especialmente interesante”, prosigue Talon-Hugon, “es la reacción de los artistas afectados a la crítica en nombre de la ética”. Algunos argumentan con la típica palabrería de “la absoluta ausencia de fronteras y libertad creativa del el arte”, mientras que otros dan a entender: “lo que yo hago aquí es más moral de lo que ustedes piensan”. En este sentido, el nuevo movimiento de los Bio-arts extrajo células del propio cuerpo y las injertó en bistecs que fueron posteriormente comidos. El artista brasileño Eduardo Kac inyectó células de medusa a un conejo. El resultado: el animal, nacido en Francia, luce verde. El artista pretendía demostrar con esta acción que “debemos aprender a convivir con los demás”, según Talon-Hurgon. “A esto lo llamo yo apelar a una especie de súper-moral: defenderse de la acusación de inmoralidad subiendo la apuesta con argumentos morales.”

La esencia del arte se encuentra hoy en su creciente radicalidad, en su presión por superar fronteras: “El arte ha conquistado un imperio. Ha alcanzado una autonomía desconocida hasta ahora: la posibilidad de tener todas las posibilidades”, según Talon-Hugon. Joseph Beuys –uno de los primeros artistas en usar la grasa como material- expuso la teoría de que “cada persona es un artista”. El compositor alemán Karlheinz Stockhausen definió los atentados del 11 de septiembre como un instante del Arte. Tal vez deberíamos dejar de buscar fronteras y preguntarnos: “¿qué no es arte?”.

(Fotos e texto: Pompas de jabón (©Sebastiano Pitruzzello/flickr); el tiburón en formol de Hirst (©susemueller/flickr); Flatz (©flatz.net); Eduardo Kac (©C!b0rg5/flickr); Joseph Beuys (©GALERIEopWEG/flickr)