Fútbol en Nápoles: Ganar, celebrar y alejar los malos augurios

Artículo publicado el 12 de Octubre de 2011
Artículo publicado el 12 de Octubre de 2011
Tres goles al Milán y tres al Inter en el estadio San Siro (Milán). El tercer lugar del campeonato pasado les dio el pasaje a la Champions. Edinson Cavani no deja de marcar y de hacerse la señal de la cruz.
En Nápoles, el fútbol es religión y lleva  poderes ocultos consigo: viene antes del milagro de San Genaro, aleja las preocupaciones, hace olvidar los problemas y hasta la basura que todavía invade las calles del centro de la ciudad…

En estos tiempos, las ratas de Nápoles son gordas y se mueven de un lado a otro de las estrechas calles de los barrios pobres de la ciudad y, al parecer, nadie las ve. Hasta hace unas pocas semanas se estaba gestando una suerte de revuelta: la gente que se calentaba y atacaba a los poderes constituidos, al alcalde actual y a todos de los que se tiene memoria. Los comerciantes de la Riviera di Chiaia se ponían la banda negra en el brazo de manera provocadora y la recolección de la basura se había convertido en una verdadera guerra entre los barrios. En cambio, reina la paz y la tranquilidad. En la vía Sedile di Porto, subiendo hacia los Decumani, la zona de la ciudad comúmente llamada Spaccanapoli, hasta la voz de Alessio, cantante neomelódico de moda, resuena con alegría: “Ma si ven stasera/ Tu nun fa chiu’ a scem/ E si t sbatt o cor nun t’lia vasa’/ E si po’ vo fa ammor/ nun t spogli nuda” (“Pero si él viene esta noche/ No te comportes como una tonta/ Y aún si el corazón te late no lo beses/ Y si quiere hacerte el amor/ no te desnudes”).

Es la noche del partido de la Champions League. El Nápoles juega en casa y pareciera que toda la población está en el estadio San Paolo – siempre es así, en el estadio de Fuorigrotta no cabe un alma y las calles del centro de la ciudad están como Roma el 15 de agosto-. Pudiera ser arriesgado salir con las calles desiertas, sabiendo lo peligrosas que son. Pero no es así. Se puede coger el autobús sin validar el billete sin el peligro de encontrase con un controlador y el único drogadicto que deambula por ciudad apenas se mantiene en pie. Sólo se puede ver a los fundamentalistas de la cultura, una suerte de nicho de intelectuales ad honorem que da vuelta alrededor de Piazza Bellini. Para esta ocasión, han organizado una obra de teatro experimental en la calle; se podría decir que son los únicos que no participan en el evento. Ni siquiera a los camorristas se les pasaría por la mente dar un golpe durante un partido del Nápoles, ni tampoco antes o después del mismo. Tampoco se le ocurre a la famosa banda que usa las cañerías para asaltar los bancos. El mismo San Genaro ha fundido su sangre dos días antes del juego Nápoles-Villarreal. Para seguir el equipo a Barcelona el pasado agosto, los funcionarios del Museo Nazionale se negaron a trabajar alegando que el fantasma de una niña rondaba por el edificio desde hacía días.

Saque inicial

En un café de la Piazza Danta están los típicos deseos de buena suerte a la escuadra napolitana, la televisión en Sky Sport con los comentarios de Carlo Alvino – el comentarista del Nápoles preferido por los fanáticos – con su típico: “Oh my god, Matador, Oh my god, matador, 1 a 1 e becct’ stu cunfiett!” (celebrando un gol deCavani durante el Milán-Nápoles).

Elegir el puesto es cuestión de vida o muerte, pues una vez sentado no podrás pararte por ningún motivo, sobre todo si se está ganando. Tanto es así que después de los primeros 15 minutos de partido el Nápoles va 2-0 y es impensable cambiar de local, como si la fortuna tuviera un eje principal y la ciudad entera luchara por mantener este precario equilibrio, tan difícil como mantener un balón sobre la nariz por más de cinco segundos. Marco permaneció los más de 90 minutos de partido con las manos sobre el estómago, a pesar de ventaja tempranera y que resultó ser definitiva, repitiendo continuamente: “Mamma e comm m stann facenn suffri’”. No es necesario tener un televisor para conocer el resultado en tiempo real. Basta con meterse en el cuarto más abandonado, ponerse un algodón en las orejas y la cabeza en la almohada; si hace gol el Nápoles- más específicamente el Matador Cavani o el Pocho Lavezzi –, toda la ciudad salta, el suelo tiembla, las paredes vibran, los mueblen se despegan del suelo por unos segundos y una borrasca te pega en toda la cara con un estruendoso grito proveniente de todas partes. Si en cambio encaja un gol hay un silencio sepulcral, como en la desaparición de una civilización después de un terrible cataclismo.

Final del partido

Está en el centro de NápolesEn Nápoles, el ansia de victoria es tanta que en el autobús todos apuestan por el empate o la derrota antes del partido. Si entras en un negocio cualquiera, la frase de despeddida es “Forza Napoli”, no importa si no eres un fanático o ni siquiera eres napolitano. Después del partido, sobre todo en estos tiempos con tantas victorias que hacen recordar la época dorada de Maradona, los hinchas y los coches se vuelcan al centro de la ciudad, con claxons y bocinas, que supera con creces a la final de un Mundial. La ciudad da gracias; los jugadores dan gracias; el presidente del club, De Laurentis, ve al cielo y da las gracias. San Gennaro ha respondido. Los jóvenes se abrazan, se agarran a los postes de luz y dan patadas a las bolsas llenas de basura. Así, como diría el escritor Javier Marías, Salvajes y Sentimentales.

Fotos: portada(cc) (cc) phlegrean/flickr; Lavezzi © Sito Ufficiale del Napoli; Maradona (cc) matilde.m.s/flickr; vídeo/youtube