Fútbol popular: ¿la revolución de los aficionados?

Artículo publicado el 28 de Junio de 2017
Artículo publicado el 28 de Junio de 2017

Cansados de la comercialización y la corrupción del fútbol moderno, fans de toda Europa han decidido acabar con esto por su propia mano. Desde Unionistas de Salamanca en España hasta AKS "Zły" en Polonia, aficionados europeos están tratando de demostrar que existe otra manera de entender el fútbol. Un pequeño paso hacia la revolución.

El vecindario de Szmulki, en Warsaw, que se encuentra en el lado derecho (y el "peor") del río Vistula, no tiene una buena reputación. Un distrito a medio camino de ser absorbido por la gentrificación: los artistas ya se han instalado. Sin embargo, las tiendas de lujo y restaurantes caros no terminan de funcionar. El estadio situado en la calle Kawęczyńska, junto a la última estación del tranvía, a simple vista queda oculto por un edificio abandonado (vestigios de un molino inutilizado de la guerra). No hay un lugar mejor para el club alternativo Zły [Significa "malo" en polaco, ndlr].

El nombre hace referencia a una novela polaca clásica escrita por Leopold Tyrmand, que cuenta la historia de un vigilante de Varsovia que lucha contra el crimen, y es un desafío a los establecido. "Somos los 'malos', en el sentido de que no encajamos, ya que hacemos las cosas de otra manera", explica Janek Wąsiński, uno de los miembros más activos del club. En realidad, el AKS Zły es lo menos parecido al estereotipo de club de fútbol polaco. En las gradas no hay insultos ni bengalas. De hecho, hay una gran variedad de aficionados, de diversas edades, que animan sin cesar a un equipo que juega en una liga donde la presencia de seguidores no es nada habitual.

"Este tipo de animación no es nada común en ligas inferiores. A veces ni siquiera se presentan los familiares de los jugadores a ver a nuestros contrincantes, y aun así nosotros llegamos a los doscientos o trescientos aficionados por partido", indica Karolina Szumska, presidenta del club. Los dos equipos del Zły juegan en el nivel más bajo; los hombres en clase B (octavo nivel), y las mujeres en la cuarta liga (quinto nivel).

Un fenómeno europeo

El AKS Zły es un caso excepcional en Polonia, pero este club forma parte de un fenómeno más complejo que se extiende por Europa. Los clubes de fútbol más profesionales tienen un contacto muy diferente con sus aficionados: "Hay muchos propietarios extranjeros que compran un club, lo utilizan como si se tratara de un juguete, y no se preocupan por los aficionados", explica Mario Gago, cofundador de Wanderers, una revista digital de fútbol popular. Un ejemplo de ello es el de Vincent Tan, este empresario de Malasia cambió el color de la camiseta del Cardiff City. Los bluebirds (el apodo del equipo) se convirtieron en los redbirds [pasarían de ser los “pájaros azules” a ser los “pájaros rojos”, ndlr], aunque en 2015 volvieron a vestir de azul

El origen de los clubes populares no es siempre idéntico. Pueden nacer tras la desaparición de un club histórico, como protesta a una junta directiva, o empezar de cero como un nuevo club. Sin embargo, en ellos existen varios rasgos en común. Sobre todo en cuanto a la organización y filosofía: "Es un modelo inclusivo, el aficionado vota todas las decisiones importantes, el club quiere cuidar la cantera y formar a los jóvenes no solo en el aspecto deportivo. Se preocupan por el entorno más próximo, realizan labores sociales y rechazan de plano el fútbol negocio", cuenta Gago.

Todo comenzó en Inglaterra en 2005. Los seguidores del Manchester United estaban hartos de la familia Glazer, norteamericanos propietarios del club, y decidieron fundar el FC United of Manchester. Este fenómeno comenzó a crecer y cruzar fronteras. En Italia, el fútbol popular ha empapado, aunque más traumático, la ciudad de Venecia. En Francia, se fundó el Ménilmontant FC 1871 en 2014. Y en España podemos encontrar hasta quince clubes populares, muchos de ellos como resultado de una situación económica delicada: "Casi todos son reacción a quiebra por la crisis", dice Gago.

Este es el caso de Unionistas de Salamanca, el club salmantino, nació tras la disolución del histórico Unión Deportiva Salamanca: “Nuestro origen viene tras vivir una de las peores experiencias que le puede ocurrir a un aficionado, que es la desaparición de su equipo de fútbol", explica Nacho Sánchez, miembro del equipo directivo. Al principio, buscaron otras alternativas para salvar al club, pero este terminó desapareciendo a causa de los problemas económicos. La situación era límite, una deuda de unos veintitrés millones de euros. Como respuesta, decidieron homenajear a su club con la creación de otro nuevo. Desde sus inicios el número de aficionados fue muy superior al de cualquier otro equipo de las categorías más modestas: “Nosotros defendemos que todo lo que consiga un equipo debe hacerlo en el campo, no en los despachos. Empezamos en Provincial y nos encontramos con que el campo se llenaba de aficionados. Éramos casi 2.000 socios”, reconoce Sánchez.

¿Dónde está el límite?

Durante los tres primeros años, Unionistas no ha parado de crecer. Tras dos ascensos consecutivos, esta temporada se ha clasificado para la fase de ascenso a Segunda B, pero perdió en la segunda ronda. Sin embargo, no solo se centran en el éxito de la parcela deportiva. El club da una enorme importancia a la participación de los seguidores y su conexión con los aficionados. Hay unos cuarenta voluntarios que colaboran en el día a día de la entidad: "No debemos fijarnos en el negocio del fútbol de élite, si dejamos que nuestros socios decidan podremos seguir creciendo", enfatiza Sánchez.

¿Existe algún techo para estos clubes?, ¿Puede llegar al máximo nivel competitivo un club popular que ha empezado en las categorías más bajas?, no parece sencillo. En países como España, cuando un club alcanza el nivel profesional, debe modificar su estructura, y convertirse en una Sociedad Anónima Deportiva. Esta regulación, en cambio, no existe en Polonia, donde también predomina el ánimo de lucro, con sus ventajas y desventajas. "En Polonia predominan los clubes en propiedad. El dueño suele ser un hombre de negocios que no sabe mucho sobre fútbol. Por esa razón queríamos alejarnos de este estilo e ir escalando desde lo más bajo. Queríamos crear un club que estuviera en manos de sus fans", explica Karolina.

Definitivamente, este método tiene sus desventajas. El AKS Zły está financiado por los miembros de la asociación y por recaudaciones diseñadas para esta tarea, como una campaña de micromecenazgo dedicada a una marca de cerveza artesana. A pesar de su relativa popularidad, es difícil atraer patrocinadores, y las finanzas son una de las principales preocupaciones de los socios.

En Inglaterra, en cambio, el problema es la barrera económica, no tanto la estructura de club. Año tras año los clubes de élite ingresan más y más dinero gracias a los derechos televisivos. En la Premier League, durante la temporada 2016-2017, el Sunderland, equipo que menos dinero recibió, se embolsó 112 millones de euros por sus derechos. Con esta creciente barrera económica, para los clubes pequeños es cada vez más difícil ascender desde las divisiones inferiores.

Sin embargo, no todos los clubes están interesados en llegar al máximo nivel: “Prefieren estar abajo que subir vendiéndose al diablo”, explica Gago. Otros más realistas aún lo sienten como algo lejano: “No lo vemos como algo real a corto plazo, pero cuando llegue el momento preguntaremos a los socios”. Por lo pronto, el siguiente reto de Unionistas es buscar el ascenso a Segunda División B. Si tienen éxito habrán logrado alcanzar la misma categoría donde se despidió del fútbol la Unión Deportiva Salamanca.