G-8 en San Petersburgo: ¿Rusia contra el resto del mundo?

Artículo publicado el 10 de Julio de 2006
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Artículo publicado el 10 de Julio de 2006

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Del 15 al 17 de julio, San Petersburgo albergará la cumbre anual del G-8. Seguridad energética, acuerdos sobre conflictos regionales, enfermedades epidémicas y educación son los principales objetivos. Buscar un consenso no será fácil.

Este mes de julio, los líderes del Grupo de los 8 -Canadá, EEUU, Reino Unido, Alemania, Italia, Rusia, Japón, Francia y una delegación de la Unión Europea- se reunirán en San Petersburgo para su cumbre anual. Varios eventos constituirán la agenda de este año: la crisis energética y los problemas en Oriente Medio, y también el miedo global alimentado por la gripe aviaria. Para culminar la lista problemática, Rusia ha sostenido posturas controvertidas en muchas de estas cuestiones. Ahora, San Petersburgo, la más europea de las ciudades rusas, podría demostrar menos hospitalidad de la habitual.

A la espera de soluciones energéticas

El asunto más debatido será la seguridad energética. La situación actual es bien conocida: los precios del petróleo están disparados, estorbando el crecimiento económico de enormes zonas, Europa incluida. Rusia es el principal distribuidor de gas de Europa y el segundo exportador de petróleo del mundo, detrás de Arabia Saudita. Rusia usará su prominente posición para alcanzar distintas metas: la creación de un centro internacional para el enriquecimiento de uranio dentro de sus fronteras y la confirmación de su rol como distribuidor energético global.

Además, reclama que el mercado energético internacional se abra a su enorme compañía estatal Gazprom. El lado injusto de esta petición –y los países dependientes del gas tendrían que aceptar irremediablemente- es que Rusia no quiere abrir su propio mercado a las compañías extranjeras. Incluso el reglamento de energías europeo, que podría liderar los acuerdos bilaterales, no ha sido ratificado todavía por Putin.

Europa y los EEUU se encuentran en una encrucijada: ya se han dado cuenta del peligro de la posible primacía rusa –contando con que ellos hacen de Ucrania un país para el tránsito del gas, si a Ucrania le falta la energía en enero, los mercados europeos se verán gravemente afectados-.

Calefacción central, calentamiento global

El medioambiente es otra cuestión a debatir. La mayoría de los países no incluidos en el G-8 parecen estar de acuerdo en formalizar un convenio: la primera meta es el desarrollo de plantas energéticas más eficaces, dirigidas a reducir las emisiones de combustibles fósiles. El segundo objetivo es un uso más amplio de las fuentes alternativas, como aire, sol y combustibles orgánicos. Por último, cada país debería buscar nuevos métodos para reducir el consumo.

Como en iniciativas pasadas, estas promesas pronto podrían llegar a papel mojado. Más allá, Rusia ha seguido una política de extensión de sus plantas y oleoductos sin demasiada preocupación medioambiental. Si Europa consigue que Rusia escuche la “llamada verde”, el medioambiente tendrá una oportunidad.

Terrorismo, no proliferación y conflictos regionales

Los proyectos nucleares de Irán arrojan otra oscura sombra en la cumbre. Cada país ha seguido sus propias estrategias, desde la hostilidad abierta de los americanos hasta las relaciones amistosas mantenidas por Rusia –opuesta a la imposición de sancionas a Irán-. Todavía la Casa Blanca está abierta a negociaciones. La nueva estrategia debería combinar palos y zanahorias: cooperación para proyectos civiles y sanciones si Irán no detiene su programa nuclear. La posición de Rusia durante la cumbre tendrá una fuerte influencia en el éxito de esta estrategia.

Rusia está también intentando hablar sobre otras crisis regionales –en Georgia, Chechenia y Bielorrusia- en la que está profundamente involucrada. Si EE UU y Europa buscan cooperación rusa contra el terrorismo islámico podrían estar forzados a adoptar una posición acrítica en relación a la postura que Rusia tome respecto a estos países.

Mejor comercio para un mundo mejor

Otra histórica meta para el G-8 es la mejora del comercio global, visto como una posibilidad de crecimiento para muchos países en vías de desarrollo. Rusia podría empujar al G-8 a enfocarse en la zona post-soviética. Una vez más, el patio trasero de Rusia en las negociaciones podría tener dos caras: Putin podría necesitar una ayuda económica extra sin por ello decidirse a sacrificar el monopolio de su país en esta zona.

Una epidemia de cultura

Otros dos temas para ser debatidos son la lucha contra las enfermedades epidémicas y la educación en el mundo. Una posible solución a estas epidemias sería el establecimiento de una red de monitorización internacional, bajo el auspicio de la Organización Mundial de la Salud. La amenaza de la gripe aviar, así como la creciente incidencia del SIDA en y alrededor de Rusia, hace esta red más necesaria que nunca. La Organización Mundial de la Salud debería ser el primer destinatario de la ayuda dirigida a la financiación de nuevos hospitales y campañas de vacunación en Asia y África.

Aparte de esto, se podría dedicar más dinero a los programas de educación en los países en desarrollo. Dado los ajustados márgenes entre educación, crecimiento e integración, el compromiso no puede ser sólo público. Las inversiones en los programas educacionales efectivos deberían ser también estimuladas en el sector privado con facilidades financieras. El problema es que aún no se han encontrado modos útiles para ampliar o incrementar el compromiso de las compañías privadas.

En conclusión, los Ocho deberían alcanzar un acuerdo: es la mejor oportunidad que tienen para demostrar su unidad y su humanidad a la opinión pública.

Fotos de Lars Sundröm, Alexander Abolinsk, Xavier Ruiz y Hugo Humberto Placido da Silva