Galileo, la inmadurez de la UE

Artículo publicado el 8 de Marzo de 2004
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Artículo publicado el 8 de Marzo de 2004

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Tiene razón Washington al preocuparse por la participación china en el proyecto del sistema de satélites. La política europea debe despertar.

Cuatro años, ése es el tiempo que le queda a la Comisión Europea y a la AAE (Agencia Espacial Europea) para poner en marcha Galileo, el sistema de satélites de posicionamiento y navegación made in USA. El programa se basa en una inversión global inicial de unos 3.2 millones de euros, de los cuales 1.2 millones ya han sido destinados a la fase de desarrollo que actualmente está en curso.

Tecnología de dual use

Pero ¿en que consistirá el funcionamiento de Galileo? Se trata simplemente de un sistema de treinta satélites, cada uno de ellos dotado de un reloj atómico, que transmitirán señales de radio a intervalos precisos. A continuación y gracias a la triangulación de las señales, el usuario podrá establecerse en una localización determinada en el espacio y en el tiempo.

En la actualidad existen dos sistemas similares a Galileo, ambos de origen militar: el sistema estadounidense GPS y el sistema ruso Glonass, cuya operatividad es, sin embargo, limitada. El sistema estadounidense proporciona dos tipos de señales, uno abierto a los usuarios civiles y otro más exacto, reservado para el uso de las fuerzas armadas. Sin embargo, el sistema europeo ofrecerá múltiples servicios, algunos de los cuales podrán ser utilizados mediante previo pago, además de una señal reservada para el uso gubernativo especialmente útil para aplicaciones en el terreno militar. Los sistemas de navegación constituyen, por naturaleza, un clásico ejemplo de tecnología de dual use o uso dual, es decir, que pueden estar destinados tanto a usuarios civiles como militares. Estos sistemas de navegación se conciben únicamente para ser instalados en automóviles o para procedimientos de sincronización de los ordenadores utilizados en el mercado financiero o en la aviación, pero también, en el campo militar, para la individuación de los objetivos, la guía de la munición hasta el objetivo o la sincronización de las operaciones militares. Pero no sólo pueden tener esa finalidad. El futuro de Galileo se presenta optimista también porque la demanda del mercado debería ser altísima, si se piensa que sólo en el sector de la defensa este tipo de tecnología ya es un elemento al que no se puede renunciar.

China: el riesgo es militar

Sin embargo, los proyectos europeos se han topado inmediatamente con la realidad de la política internacional. El sistema Galileo, que nace de una iniciativa civil, fue gestado, de hecho, en un principio sin tener en su debida cuenta sus posibles implicaciones en términos de seguridad. La reacción de los Estados Unidos no se ha hecho esperar. Desde el punto de vista de Washington, Galileo no es sólo un incómodo competidor del GPS a nivel comercial sino más bien una amenaza para el orden militar actual.

Además hay que tener en cuenta el hecho de que, para Europa, se trata de una oportunidad de desarrollo sin precedentes en todos los aspectos. El proyecto Galileo estimula la evolución de la capacidad tecnológica e industrial en sectores de vital importancia, aprovecha un potencial comercial de gran relevancia y otorga a la UE un papel fundamental como actor global. Aunque esto no es todo. Galileo está abierto a la participación de terceros países. Por tanto, es comprensible que tras el anuncio por parte de India y, especialmente, de China de su deseo de participar en el proyecto, la administración de Bush no pueda dormir tranquila. El pasado 30 de octubre la UE firmó un acuerdo que prevé la participación china con una cuota de 200 millones de euros. Los argumentos estadounidenses sólo se basan en una legítima preocupación por las potenciales implicaciones en términos de seguridad a pesar de que con un extenso acuerdo se permite recibir importante financiación extranjera y desarrollar una colaboración tecnológica e industrial de gran relevancia entre empresas europeas y de terceros países. Esto es un verdadero problema pero, ¿cómo impedir que esta apertura permita a países extranjeros el acceso a tecnología de gran importancia? ¿Cómo impedir el desarrollo de aplicaciones militares basadas en Galileo?

¿Qué ocurre si se produce una crisis en Taiwán?

Es imprescindible que se produzca una respuesta por parte de las máximas autoridades europeas. Parece que los posibles riesgos en el terreno de la seguridad se ven equilibrados gracias a los indudables beneficios económicos y políticos del acuerdo bilateral. Pero, además, la UE debería reconsiderar su política transatlántica en esencia: algunas de las preocupaciones de los Estados Unidos están justificadas. En este aspecto se centran los coloquios bilaterales entre EEUU y UE de los últimos meses, con el objetivo de resolver algunas cuestiones técnicas sobre la localización de las frecuencias de transmisión y, sobre todo, con el objetivo de diseñar un informe apropiado de respeto y colaboración entre las partes. En teoría los sistemas Galileo y GPS deberían poder competir en el terreno de las aplicaciones comerciales y de colaborar en caso de que se vieran enfrentados en la toma de decisiones cruciales en el terreno de la seguridad (como el acceso a las señales con características militares o una eventual clausuradel servicio en zonas de crisis internacional o de guerra). Sin embargo, en la práctica estos coloquios no tratan sino de sentar las reglas del juego. ¿Qué hacer ante una crisis en zonas calientes, como podría ser el caso de Taiwán o Corea del Norte? Sólo una política coordinada podría, de hecho, evitar fracturas que podrían llegar a tener consecuencias catastróficas.

La cuestión de fondo, sin embargo, es de naturaleza política. En este sentido, es imprescindible el informe de mutua fidelidad que Europa y Estados Unidos deben aprender a estructurar constantemente, a través además del planteamiento de programas de alto valor tecnológico e industrial como los sistemas globales de posicionamiento.

La UE tiene todo el derecho de desarrollar un sistema propio y de rechazar las objeciones y pretextos de los EEUU que en realidad sólo enmascaran el deseo de conservar un monopolio tecnológico, industrial, comercial y político cuya discusión desean mantener aplazada. Sin embargo, la UE no podrá dejar de tener en cuenta las posibles aplicaciones de Galileo en el ámbito militar, especialmente cuando su socio responde al nombre de China.