Gana Borrell, pierde la democracia

Artículo publicado el 23 de Julio de 2004
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Artículo publicado el 23 de Julio de 2004

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El nuevo Parlamento Europeo ha elegido el pasteleo: su Presidente será el socialista Josep Borrell. Y la catástrofe electoral del 13 de junio? Agua pasada…

Unos comicios marcados por el abstencionismo más alto de la historia de la Unión, y por la elección para Estrasburgo de una consistente patrulla de euroescépticos, habría debido sugerir a la política europea una única gran prioridad: afirmar el Parlamento Europeo como lugar de debate, de opciones y de democracia en un sistema institucional europeo cada vez más erosionado por la lógica intergubernamental y sectorial.

Reparto del poder a puerta cerrada

Sin embargo, se ha decidido no cambiar de rumbo, como si el 13 de junio no hubiera existido. Josep Borrell desembarca en Europa después de años difíciles para su carrera política: una presencia de segundo plano en la Convención, los escándalos financieros y la dimisión como líder del PSOE, y el fin de la era González en España. El método, el significado y la dimensión de la elección de Josep Borrell a la Presidencia de la asamblea representativa transnacional más grande del mundo van en la dirección opuesta a la de la democracia europea. En una campaña electoral que no ha apasionado a nadie, populares y socialistas parecían vivir en dos mundos diferentes: divididos en todo, han esperado a la primera sesión del Parlamento para votar juntos. Un virtuosismo que, de existir medios de comunicación europeos, sería difícil explicar a los electores europeos. Así, también el centenar de nuevos parlamentarios provenientes de la nueva Europa han vivido su primera experiencia política europea asistiendo a la convalidación por parte del plenario de una decisión tomada en privado, a puerta cerrada y sin testigos. 388 votos nos regalan un Presidente socialista a tiempo parcial que cederá el propio sillón tras dos años y medio al actual Presidente del Grupo Popular, Hans Gert Pottering.

La alternativa Geremek

El único elemento de peligro para el control de los partidos sobre la libertad de los parlamentarios lo constituía el escrutinio secreto. Y de hecho, más de 208 europarlamentarios socialistas y populares han decidido, amparados en el secreto de la urna, retomarse la libertad y votar a Bronislaw Geremek: candidato del Grupo Liberal europeo, símbolo de la transición democrática en los países de la nueva Europa, y uno de los primeros que aceptó la invitación a formar parte del futuro Consejo Científico de café babel. Los 208 votos de Geremek han superado los anclajes tradicionales y las militancias políticas: han sido, en la jornada del 20 de julio, la bienvenida más significativa a la experiencia, a la Historia y a los desafíos de la Europa ex comunista.

El pasado martes se perdió una ocasión para destruir la Europa de los acuerdos técnicos y de los vacíos políticos, de la supremacía del partido sobre la libertad del diputado, del poder que vive y se ejerce fuera de las sedes institucionales y de los controles mediáticos. Se ha perdido una ocasión para responder al abstencionismo y al desencanto en torno a la construcción europea. Quedan ahora cinco años para repararlo. Buen trabajo, Presidente Borrell.