Georges Marion: “En Francia te crees en el centro del mundo”

Artículo publicado el 24 de Septiembre de 2007
Artículo publicado el 24 de Septiembre de 2007
Georges Marion, de 64 años, es un periodista francés. Tras trabajar como corresponsal en el extranjero para Le Monde, nos habla de la subjetividad y relatividad de su profesión, insistiendo en la importancia de una Europa con identidad propia.

Georges Marion llega con estudiado retraso. Lugar de encuentro: Sarah Wiener, un café muy concurrido cerca de Unter den Linden, la gran avenida histórica de Berlín Este, que hoy constituye el epicentro político del Berlín reunificado.

Ex corresponsal del diario francés Le Monde en Argelia, en el África Austral, en Israel, y más tarde en Alemania, Marion es un gran experto en entrevistas. ¿Cuántas entrevistas ha llevado ya a cabo como periodista? Cientos, sin duda, quizá miles. Según él, una entrevista lograda es aquella que conserva el sentido aún mucho tiempo después de haberse realizado y publicado.

Por el contrario, una entrevista es un fracaso cuando no aporta nada nuevo. Mi invitado quiere ilustrar esto explicándome una entrevista que le hizo al ex presidente francés, François Miterrand: “Le visité para conseguir información para un libro que estaba escribiendo, y me riñó por artículos que habíamos publicado mucho antes en Le Monde acerca del asunto del Rainbow Warrior y el caso de los irlandeses de Vincennes, el primer escándalo de la era Mitterrand.”

Marion el provocador

Marion no es muy dado a los cumplidos. En 1976 da sus primeros pasos en la profesión, con su participación en el lanzamiento del periódico Rouge, publicación principal del partido de la Liga Comunista Revolucionaria. Tras militar en las juventudes de los partidos políticos, este amante de las palabras decide lanzarse al periodismo de investigación, provisto de su licenciatura en sociología.

Por aquel entonces, las escuelas de periodismo estaban poco valoradas y los perfiles de los futuros plumillas eran muy variopintas, e iban desde el médico hasta el arquitecto. “No se me daba muy bien la sociología”, recuerda Marion. “En cambio, era bueno observando, sabía dar un enfoque correcto a las situaciones y resolver una ecuación social determinada. Y creo que los buenos periodistas son aquellos que adoptan esta conducta.”

Marion ingresa primero en el Canard enchaîné la principal publicación satírica francesa, responsable de destapar numerosos escándalos en el país galo, donde perfila sus técnicas como entrevistador, sobre todo en política interior. Más tarde, entra a formar parte de la redacción de Le Monde, y sus trabajos le llevan a denunciar la actitud del gobierno de aquella época, los años ochenta. Sus artículos desencadenarán múltiples escándalos políticojudiciales. “No me interesan las consecuencias jurídicas”, prosigue Marion, “sino la relación con lo humano”.

Todo es cuestión de puntos de vista, “porque hay siempre una parte de subjetividad en nuestro trabajo”, explica. Para Marion, el papel del periodista no consiste en provocar un cambio político o institucional. Se trata más bien de sensibilizar a la opinión pública. Sin embargo, reconoce que los artículos publicados en Le Monde acerca de las escuchas telefónicas desde el Palacio del Elíseo han contribuido a hacer que la legislación evolucione en un sentido favorable.

La importancia de tener una visión de conjunto

Tras ser durante mucho tiempo corresponsal por todo el mundo, Marion comenta que una visión externa de la sociedad francesa representa una salvación para lograr tener una visión de conjunto. Profundamente francés, orgulloso de la cultura, la Historia y los símbolos nacionales, Marion no puede evitar sentirse apenado por la visión de Francia que tienen nuestros vecinos europeos.

“Si uno no sale del hexágono francés, ¿cómo saber que muchos alemanes hablan con mucha ironía de la gran nación?”, se pregunta Marion. “Si te quedas en Francia, terminas por creer que estás en el centro del mundo.”

Marion llegó a Berlín en 2001 y hoy habla alemán con soltura, aunque siempre se preocupa por la precisión gramatical. “Si no dominas la lengua, siempre hay una realidad que se te escapa. Para informar, hay que saber interpretar la realidad de la cultura del país, los juegos de palabras, los escándalos, los programas de televisión, las ilusiones...”. No obstante, se lamenta de que las misiones como corresponsal en el extranjero tengan un límite de tiempo. “Las redacciones piensan que si sabes mucho sobre un país, ya no eres capaz de observar las cosas desde un punto de vista nuevo”.

Cuidado con la derecha

Gran viajero, ciudadano comprometido y atento, se considera muy “europeo”, pero no esconde sus dudas. Para él, cada día hay una nueva razón para alegrarse por el proyecto europeo y todos los días hay un motivo para sentirse indignado también. Si Marion se alegra por las acciones conjuntas de los países europeos para socorrer a Grecia, arrasada este verano por los incendios, también cree que hay que denunciar las subvenciones que Bruselas pronto podría otorgar a Radio Maryja, la emisora ultracatólica polaca, tildada de extremista y antisemita.

Muy atento a los fenómenos del resurgimiento de ideologías de extrema derecha, mi interlocutor dice estar convencido de que la construcción progresiva de una identidad europea es fundamental para hacerles frente. “La polémica desatada a nivel europeo con ocasión del ascenso al poder del austriaco Jorg Haider representó un duro golpe para la opinión pública austriaca, lo cual probablemente influyó en las siguientes votaciones en su país.”

Marion dice que votó ‘sí’ al proyecto de Constitución europea, y se muestra convencido de que se encontrará un atajo para hacer que este proceso avance. Se apoya en que “la política odia el vacío”.

Para él, Europa no es sólo algo político, sino también algo histórico y debe labrarse una identidad. “De hecho, en el mercado europeo se observa una armonización de las aspiraciones sociales y de sus consecuencias económicas. Uno de los efectos secundarios del aumento general de los salarios y de los avances sociales reside en las deslocalizaciones llevadas a cabo en China o en India. Lo más importante sigue siendo la evolución. Tanto de los avances, como de los derechos.”