Georgia: Rusia demuestra quien manda en el Cáucaso... con bombas

Artículo publicado el 18 de Agosto de 2008
Artículo publicado el 18 de Agosto de 2008
El presidente ruso, Dmitri Medvedev, declaró oficialmente que detendría la ofensiva militar contra Georgia. Sin embargo, Georgia ha denunciado nuevos bombardeos sobre su territorio. La actuación del Kremlin muestra claramente quién lleva la batuta de la geopolítica en el Cáucaso

La guerra del Cáucaso es más que un conflicto entre georgianos y osetios. Detrás se oculta pura geopolítica. Tiflis quiere entrar en la OTAN por todos los medios, pero para ello tiene que acabar primero con todos sus conflictos internos. El Kremlin intenta evitar la ampliación de la alianza militar occidental –y muestra con su intervención en Georgia quién tiene la última palabra en el Cáucaso.

De farol para entrar en la OTAN

El presidente georgiano, Mijaíl Saakashvili, ha apostado alto en su partida de póker: con un decidido golpe militar, pretendía poner la provincia secesionista de Osetia del Sur nuevamente bajo control georgiano. Con ello solucionaría los dos conflictos internos que dificultan su anhelado ingreso en la OTAN. Tal vez Abjasia, la segunda región, que desde principios de los 90 lucha por su independencia, le seguiría voluntariamente.

Tal vez Saakashvili creyó que los rusos se mantendrían al margen. Al fin y al cabo, Osetia del Sur está en territorio georgiano, donde a las tropas rusas no se les ha perdido nada. Además, los americanos apoyarían a su país, que ha enviado 2.000 soldados a Irak. Ellos contendrían a Rusia, y en caso necesario irían al auxilio de su compañera de armas, Georgia.

Pero Saakashvili cometió dos errores de cálculo: a las pocas horas de los primeros disparos, el Kremlin envió tanques sobre la frontera georgiana para apoyar a los osetios, favorables a Rusia. Y sobre todo, el aliado Washington dejó en la estacada al gobierno de Tiflis: los americanos prefieren, hasta la fecha, sortear un conflicto con una potencia nuclear como Rusia.

El polvorín del Cáucaso

Al principio, la guerra en el Cáucaso era un conflicto limitado entre nacionalidades –como todos los roces que mantienen al “polvorín del Cáucaso” en ebullición desde hace décadas. Se remonta a una decisión fatal del tirano soviético Stalin: este creó nuevas fronteras de manera arbitraria, dividiendo la república autónoma de Osetia en dos partes; la norte, sometida a Moscú, y la sur, a Georgia. Desde principios de los noventa, la parte sur busca la independencia de Georgia y la reunificación con el norte.

La guerra civil en Sudosetia, que duró hasta 1992, costó alrededor de 10.000 vidas. 30.000 personas huyeron de la disputada región montañosa, un tercio de ellos al centro de Georgia. Pero Georgia no quería dar la región de Osetia del Sur por perdida, ni tampoco a Abjasia, en situación similar. Las dos regiones son una parte importante de la identidad nacional en la conciencia histórica de los georgianos.

Además, Saakashvili quiere favorecer el retorno de los georgianos a sus regiones natales –esta promesa influyó, y no poco, en su elección. Desde el acuerdo de alto el fuego de 1992 en Osetia del Sur, y de 1994 en Abjasia, los conflictos en el norte de Georgia han seguido cociéndose a fuego lento, pero el “polvorín del Cáucaso” no ha estallado.

Hasta el 7 de agosto de 2008. Mijaíl Saakashvili debe controlar los conflictos en su propio país, de lo contrario Georgia no será miembro de la OTAN. El ingreso en la alianza de defensa es un elemento importante de la política exterior georgiana –sólo estrechando lazos con Occidente, cree el presidente, podrá su país salir del área de influencia rusa.

Conflicto de nacionalidades

Para la población, la nueva guerra en el Cáucaso es un conflicto de nacionalidades. Para el resto del mundo, es un asunto de geopolítica pura y dura. El Kremlin ha demostrado con el ataque, contrario a Derecho Internacional, la recién reestrenada fuerza rusa. Con el potente ataque contra Georgia, maquillado como apoyo a las tropas de paz rusas en el sur del Cáucaso, Moscú quiere impedir, sobre todo, el ingreso de Georgia en la OTAN.

EE UU es el que más presiona para el ingreso de Georgia en la Alianza. En un papel estratégico del Pentágono, que se publicó ocho días antes del inicio de la guerra, Rusia y China fueron considerados como potenciales geopolíticas opuestas. La ampliación oriental de la OTAN, hacia Ucrania y Georgia, es una piedra fundamental para contener el poder ruso en el espacio post-soviético. Así, un conflicto entre nacionalidades sube de nivel al mezclarse con intereses geopolíticos: aparece Rusia en el plan, tal vez incluso los EE UU. El polvorín es ahora más explosivo que nunca.