Geremek: Es necesario redefinir el proyecto europeo

Artículo publicado el 5 de Octubre de 2005
Artículo publicado el 5 de Octubre de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

¿Qué piensa Bronislaw Geremek de la crisis institucional de la UE? Entrevista con el intelectual polaco, testigo del pasado y pensador del futuro.

Europeo, polaco, y francófilo, Bronislaw Geremek es eurodiputado, miembro del grupo parlamentario de los Liberal-Demócratas Europeos. Forma parte de esa generación de políticos e intelectuales que sacaron su país del comunismo. Medievalista famoso, cabeza pensante del movimiento Solidarnosc, antiguo Ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Bronislaw Geremek nunca ha ocultado su amor por Europa. Pero su sueño europeo está ahora en crisis. Es el turno para las preguntas.

¿Bronislaw Geremek, hacia dónde camina Europa?

Pienso que el carácter dramático de la cuestión describe bien la situación en la cual nos encontramos. La Unión Europea está en un período de duda sobre su futuro. La ampliación del 1 de mayo de 2004 tendría que haber suscitado un sentimiento de renacimiento respecto al proyecto de integración europea.

Creo que dos elementos son la causa de una determinada angustia sobre el futuro de la UE. En primer lugar, los resultados negativos de los referendos sobre la Constitución en Francia y los Países Bajos. A continuación, el fracaso de la cumbre de Bruselas [del 16 y 17 de junio de 2005], que no permitió llegar a una decisión sobre las perspectivas financieras de la UE para el período 2007-2013. La UE se encuentra hoy ante un nuevo reto. Es necesario redefinir el proyecto europeo. Es necesario revisar cómo, más de medio siglo después del principio de la integración europea, prevemos el futuro de Europa.

Hace sólo un año y algunos meses que los países de Europa central y oriental se adhirieron a la Unión Europea. ¿Qué significado toma la crisis institucional por la que atraviesa Europa a los ojos de este pueblo?

Tenemos un sentimiento de decepción respecto a las opiniones públicas europeas que parecen no reconocer el carácter histórico y positivo de la ampliación. Tras 13 meses, se puede constatar que la ampliación fue una operación con la que han ganado todos. ¿Por qué, pues, no responder a las expectativas de los nuevos países?

Desde el fracaso de las negociaciones sobre el presupuesto de la Unión, los nuevos países temen que la UE no cumpla sus compromisos a su favor. Tenemos también inquietudes sobre la dirección que toma la construcción europea. Buscamos en la UE una estructura fuerte, capaz de crear un sentimiento de seguridad en el continente.

¿Es pertinente entablar las negociaciones con Turquía ahora, mientras la UE atraviesa una crisis crucial para su futuro?

Me parece que debemos mantener las promesas que hicimos, y abrir las negociaciones con Turquía. No podemos proponer otro estatuto a Turquía, haciendo abstracción de todo el período que precedió al principio de negociaciones. Pero estas negociaciones durarán mucho tiempo, 15 años quizá, tras los cuales la Unión Europea y Turquía habrán evolucionado. Y sólo cuando acaben las negociaciones, las dos partes tomarán una decisión, por una parte sobre la base de las capacidades de absorción de la UE y por otra sobre la voluntad de Turquía de adherirse a la Unión.

¿Cómo luchar contra esta crisis por la que atraviesa Europa? ¿Quién debe dirigir este renacimiento?

Europa debería dejar de lado sus temores y mirar al futuro con esperanza. Necesitamos que Europa ocupe un lugar digno en el mundo. Y para eso, es necesario reconsiderar la estrategia de Lisboa y fijarse objetivos a la altura de los retos de la globalización. Una de las debilidades de la situación actual es la ausencia de motor en la construcción europea. Creo que el motor franco-alemán sigue siendo importante para el futuro de la UE pero ya no basta. Y estoy convencido de que los nuevos países -en concierto con los países veteranos- pueden aportar mucho a la Unión.

Los euroescépticos afirman que las instituciones europeas están muy lejos del mundo real y que Bruselas es una torre de marfil burocrática.

Pienso que es necesario dejar de lado el escepticismo, y tener más fe en las fuerzas motrices de Europa. No obstante, no pienso que sea euroescéptico acusar a la UE de estar alejada de los intereses diarios de los ciudadanos. Hay que saber responder a esto de manera positiva, proponiendo una política europea audaz que se preocupe de conseguir una economía europea más dinámica, de luchar contra el desempleo, de hacer hincapié en la educación y la investigación. Creo que son tareas que no deben incumbir solamente a los Gobiernos nacionales. Es necesario una armonización entre las políticas nacionales y una política europea valiente.

¿Cómo podemos acercar los ciudadanos y las instituciones?

Creo que es el mayor peligro que acecha a Europa en este momento. Es necesario saber superarlo. Pero no se conseguirá con decisiones que vengan de las instituciones europeas. Hoy en día, es necesario dirigirse directamente al ciudadano, por encima del marco de los cargos electos y de los intelectuales. Europa necesita un gran debate ciudadano sobre su futuro.