Gigola, París, la noche, el dinero y el sexo

Artículo publicado el 10 de Noviembre de 2010
Artículo publicado el 10 de Noviembre de 2010
Vestida de esmoquin y con el pelo corto, Gigola bebe el champán como si fuera agua y no duda en soltar unos billetes o empuñar una pistola para hacerse respetar.

Carismática y elegante esta “garçonne” se hace su sitio en la noche del barrio parisino de Pigalle y se deja mantener por mujeres ricas y prostitutas a las que protege y explota, en locales donde no se permite la entrada a los hombres, donde el sexo es dinero, y donde la libertad también tiene un precio.

La tijera de la censura no dejó a Laure Charpentier en 1972 publicar su novela, con escenas de sexo explícitas entre mujeres y otros ingredientes considerados como algo más que inapropiados. Ahora esta historia ha sido traducida a varios idiomas y trasladada al cine por la propia Charpentier, que se estrena como realizadora en la gran pantalla con un personaje que es para muchos un símbolo de la visibilidad del colectivo de lesbianas.

Dentro de la sección de First Films First del festival, dedicada a los directores noveles, “Gigola”, esta película de tonos sepias, vestuario cuidadosamente impecable y números musicales igualmente impecables, traslada al espectador a un París de los años sesenta transgresor y escondido, incomprendido y cruel, del que Gigola no es capaz de escapar. Con un guión sin mucho gancho ni grandes sorpresas, la cinta consigue, no obstante, retratar bien a un personaje atormentado y valiente, con sus luces y sus sombras, que trasmite perfectamente su sufrimiento y su tragedia, aunque no da, eso sí, ni muchas ni pocas alegrías.

Ester Araúzo