Giovanni di Lorenzo: "Berlín es la única ciudad del mundo en la que predomina la cultura proletaria"

Artículo publicado el 3 de Julio de 2009
Artículo publicado el 3 de Julio de 2009
Berlín, 14 horas. Llueve. 14.30 horas. Sol. 15 horas. Empieza a diluviar. 15.30 horas. Sol. El tiempo gasta bromas y te pone de los nervios. Pero tal vez es el tiempo apropiado para entrevistar a un italiano nacido en Suecia y que se ha convertido en un gran periodista alemán y director del semanal Die Zeit. 16 horas. Se levanta un viento frío.
Cuando entro en el Tagesspiegel parece finales de otoño. Entrevista

La cita con Di Lorenzo es en la redacción. Es amable. Me sirve un vaso de agua. Le pregunto si ha pasado un buen "puente", pues viajó a Italia con la familia. Su mujer y una niña de un año. ¿En Italia? Me pongo a pensar como un alemán: sol, calor, "bella Italia"... Qué va, me contesta. Llovió muchísimo. Tiene la mirada cansada. "Trabajé hasta las cuatro para cerrar un número. Luego salí de viaje a Berlín. Y después de esta entrevista tengo que regresar a Hamburgo". Empezamos y me viene a la cabeza Athos, un chiquillo con nombre de mosquetero. A los 11 años se incorporó a nuestra clase en Milán, después de haber vivido en Londres. Era hijo de italianos, pero a duras penas hablaba un italiano con fuerte acento inglés. Nunca se me habría ocurrido pensar que se convertiría en una de las más importantes firmas del periodismo italiano. "¿Y fue así?", me pregunta Di Lorenzo. No. Y por eso me maravilla la historia de Di Lorenzo.

Un chico italiano en Hanóver: "¿Pero en Roma también hay casas de verdad?"

Nacido en Estocolmo en 1959. De nacionalidad italiana. Se cría en Rímini y en Roma y a los 11 años se muda a Hanóver. Hablaba bastante mal el alemán y hoy es el director de Die Zeit, editor asociado de Der Tagesspiegel, autor de libros superventas y presentador de televisión en Alemania. ¿Qué recuerda de aquellos años? "En aquella época -­estamos hablando de principios de los años setenta- Alemania no era la de hoy en día, que yo considero una sociedad abierta. Había mucha 'mezquindad'. Después de la escuela primaria en Italia, asistí durante seis meses al colegio alemán de Roma para acostumbrarme al idioma, y después pasé a secundaria en Alemania. Mis compañeros de colegio me preguntaron si en Roma también había casas de verdad: creían que allí solo había cavernas y templos. Y eso en el instituto de Humanidades, no en el colegio de primaria. Creo que la experiencia fundamental fue que, en un determinado momento, después de varios años de sufrimiento, comprendí que lo único que podía hacer para salir de esta situación era intentar aprender el idioma. Esa era la clave de todo".

Los inicios periodísticos. Zeffirelli a las tres de la madrugada y un intruso: Hans Lorenz

Tras superar varios problemas y frustraciones, logró publicar un artículo. "La gran ambición de quien está empezando es ver publicado su nombre". Pero al pie de su artículo se leía 'Hans Lorenz'. ¿Cómo es posible? "Se trataba de una entrevista a Zeffirelli, que acababa de terminar su Jesús de Nazaret. Se encontraba en Hollywood. Llamé a su casa de Florencia. Pero me contestó la empleada doméstica. Quien, no sé por qué, me dio su número de Hollywood. Yo estaba tan emocionado que olvidé el cambio horario y le llamé enseguida. Le desperté a las tres de la mañana. Él estaba tan sorprendido que ni siquiera se enfadó y empezó a contestar a mis preguntas. Recuerdo que fui a las siete de la mañana al único quiosco de Hanóver donde vendían este periódico. Era el artículo de apertura de la sección cultural, bien grande, a toda página". Pero en lugar de Giovanni Di Lorenzo habían escrito Hans Lorenz. "Me puse furioso. Me sentía ofendido. Tuve que esperar varias horas hasta que encontré a un redactor que me explicó el asunto. El jefe de redacción había dicho: mira, si queréis ponerle un seudónimo, pongámosle uno que sea creíble. El Giovanni lo transformaron en Hans. Ni siquiera me dejaron el Johannes. Y Lorenzo lo cambiaron por Lorenz. Desde entonces entendí que debía hacer algo para hacerme valer más" (ríe).

El desembarco en Berlín "¿Berlín? La única ciudad alemana en la que podría vivir. Aunque viva en Hamburgo"

(Foto: Francesca Barca)Aprendió bien el idioma. Tan bien que se convirtió en periodista y, a finales de los años noventa, fue nombrado director del Tagesspiegel aquí en Berlín. Se habla mucho del distrito de Kreuzberg: el único lugar del mundo en el que pueden juntarse en el mismo local turcos, homosexuales, punkies y ejecutivos en traje y corbata. Y ninguno hace el menor caso al otro. ¿Puede ser Kreuzberg un modelo de convivencia y de integración útil para toda Europa? "Creo que no es solo Kreuzberg. Sino que es ese precisamente el motivo por el que Berlín es hoy la ciudad más interesante del mundo. También Londres es interesante. Pero es más difícil acceder, también por los precios. Berlín es una ciudad extraordinaria, única. Llegué aquí en 1999, cuando se trasladó el gobierno. Fue una experiencia irrepetible". Matthias Maurer es un empresario berlinés. Ha vivido en los Estados Unidos, pero es un berlinés de pura cepa. Un día me dijo: "¿Sabes cuál es el gran peligro para Berlín? Que se convierta en una ciudad alemana". ¿Usted que piensa? "Para mí ese peligro es inexistente. Por dos motivos. Primero, que numéricamente es la ciudad más grande de Alemania y que es un punto de unión de realidades muy distintas. Segundo, que es la única ciudad del mundo donde la cultura proletaria domina toda la ciudad. Por eso todas las iniciativas burguesas fracasan en Berlín". Una frase habitual entre los que viven en Berlín es: "'Berlín es la única ciudad alemana en la que podría vivir'. Es cierto. Yo también lo digo. Aunque viva en Hamburgo".

Donde ser extranjero no es un obstáculo

La entrevista llega a su fin. Di Lorenzo está cansado, pero acelera para regresar a Hamburgo. Es un hombre desconcertante. Los lugares comunes, los prejuicios y los estereotipos se desploman ante él como los bolos. Y no obstante pienso que quizás alguien lo ha conseguido. Desconcertarle a él. Hay una respuesta suya que no he incluido en la entrevista. En un determinado momento le pregunté: ¿qué tenía Hans Lorenz que no tuviese Giovanni di Lorenzo? ¿Y qué tiene Giovanni di Lorenzo que no tenía Hans Lorenz? Di Lorenzo es un hombre fascinante, pero en ese momento su rostro se nubló. Me miró como diciendo: ¡No, otra vez él! "En mí no hay nada de Hans Lorenz. Porque Hans Lorenz no existe". Aunque a continuación volvió a tomar impulso: "En mi nombre no hay absolutamente nada de alemán. Y sin embargo ello no ha sido nunca un obstáculo para mi carrera. Por el contrario, no creo que un Hans Lorenz hubiese podido abrirse camino en el mundo periodístico italiano".

Me marcho. Sol, cielo azul. Es verano. Al cabo de diez minutos, de nuevo el diluvio. En la radio los Rosenstoltz cantan: Hier komm die Sonne, sale el sol. Quizá salga el sol, pero el coche va navegando entre la lluvia. Y pienso: he aquí una pregunta que me gustaría haberle hecho. Preguntarle si le gustan estos días en los que el cielo se burla de los que estamos aquí abajo. Estoy seguro: Giovanni Di Lorenzo habría respondido que sí.