Girls in Hawaii, la banda que sobrevivió

Artículo publicado el 8 de Julio de 2014
Artículo publicado el 8 de Julio de 2014

Cuando hace tres años perdieron al batería en un accidente de tráfico, pensaron que todo había acabado. Estaban en lo más alto y, de pronto, llegó el silencio. Ahora, el grupo Girls in Hawaii ha vuelto a subirse al escenario, dispuesto a ofrecer lo mejor de sí mismos para decirle al mundo que "no todo está acabado, que han sobrevivido y que hay esperanza". 

Se lla­man Girls in Ha­waii pero ni son girls, ni vie­nen de Ha­waii. Todo lo con­tra­rio. Se trata de An­toi­ne, Lio­nel, Brice, Da­niel, François y Boris, los seis com­po­nen­tes del grupo in­die-pop belga que con­si­guió so­bre­vi­vir al si­len­cio. Ahora, un año des­pués de haber lan­za­do su úl­ti­mo disco, Eve­rest, la banda se pre­pa­ra para una gira en acús­ti­co que los lle­va­rá a trein­ta es­ce­na­rios de Fran­cia, Bél­gi­ca y Suiza el próximo otoño.  "El nom­bre es una es­pe­cie de in­vi­ta­ción al viaje", me cuen­ta François Gus­tin, gui­ta­rra y te­cla­do del con­jun­to, un rato antes de que co­mien­ce su con­cier­to en el Fes­ti­val Eu­ro­pa­vox de Cler­mont Fe­rrand. "Se abu­rrían mucho, vi­vían en una ciu­dad muy pe­que­ñi­ta al sur de Bru­se­las y que­rían un nom­bre que no se pa­re­cie­ra a lo que ellos eran: jó­ve­nes de los subur­bios de Bru­se­las, un lugar en la que no pasa nunca casi nada". François habla un per­fec­to cas­te­llano pues, según me cuen­ta, pasó un tiem­po en San­tia­go de Com­pos­te­la mien­tras es­tu­dia­ba tra­duc­ción e in­ter­pre­ta­ción. Habla de forma tran­qui­la, pien­sa bien lo que va a decir y no mues­tra re­pa­ro al­guno en mos­trar­se tal como es y ex­pli­car­me lo que sien­te. Como el grupo, tam­bién François re­bo­sa na­tu­ra­li­dad. "Somos una banda muy au­tén­ti­ca, no in­ten­ta­mos hacer una mú­si­ca que no se pa­rez­ca a lo que somos, somos 100% ho­nes­tos, ni te­ne­mos un plan de mar­ke­ting ni tra­ba­mos mucho la ima­gen, eso nos da más o menos igual, lo que im­por­ta es la mú­si­ca y lo que po­da­mos dar a un pú­bli­co cuan­do to­ca­mos en vivo", me ex­pli­ca cuan­do le pre­gun­to qué de­fi­ne a Girls in Ha­waii. 

Es­ca­lar el Eve­rest

La na­tu­ra­li­dad, sí, pero tam­bién su his­to­ria mar­can las señas de iden­ti­dad del grupo, su pre­sen­te y lo que los hace tan es­pe­cia­les. La banda, que vio la luz hace más de diez años y casi por azar, ha su­fri­do va­rios cam­bios desde su na­ci­mien­to hasta ahora. Tras un pri­mer disco muy exi­to­so, Denis, ba­te­ría del grupo y her­mano de An­toi­ne, can­tan­te del con­jun­to, tuvo un ac­ci­den­te de ca­rre­te­ra  y per­dió la vida. Esto marcó un antes y un des­pués en la his­to­ria de la banda, y aún hoy es im­po­si­ble no emo­cio­nar­se y sen­tir cier­ta me­lan­co­lía al es­cu­char can­cio­nes como Mis­ses, del álbum Eve­rest (2013), en la que el grupo re­pi­te una y otra vez, como en un vacío in­fi­ni­to "I miss you, I miss you..." ("Te ex­tra­ño, te ex­tra­ño...", en cas­te­llano). "Fue todo muy di­fí­cil", me co­men­ta François. "Per­di­mos a Denis, per­di­mos dos pro­yec­tos, no había nada que hacer, fue bru­tal y muy di­fí­cil de acep­tar­lo, Girls in Ha­waii es una gran fa­mi­lia, las re­la­cio­nes entre no­so­tros son muy im­por­tan­tes y, tras el ac­ci­den­te, la banda ya no exis­tía... des­pués del ac­ci­den­te acabó todo, no in­ten­ta­mos vol­ver a tocar jun­tos, era la nada de un día para otro, un trau­ma muy gran­de".

Tras un si­len­cio que se pro­lon­gó más de dos años, poco a poco, An­toi­ne y Lio­nel vol­vie­ron a es­cri­bir can­cio­nes, cada uno por su lado, hasta que se de­ci­die­ron a jun­tar­se de nuevo y en­fren­tar el vacío que un tiem­po atrás había de­ja­do Denis. No fue fácil. "Du­ran­te un año vol­vi­mos a tocar jun­tos, pero so­ná­ba­mos como una banda de cover, como una cover de Girls in Ha­waii", me cuen­ta François. Así que de­ci­die­ron vol­ver a in­ten­tar­lo y con­tra­ta­ron a un nuevo pro­duc­tor, Luuk Cox, que les ayudó a cam­biar al­gu­nos há­bi­tos y a es­ca­lar el Eve­rest que su­pu­so su vuel­ta a los es­ce­na­rios. "Ahora te­ne­mos un equi­po muy fuer­te, es­ta­mos todos co­nec­ta­dos y te­ne­mos mucha con­fian­za, con un nuevo ba­te­ría [Boris], y te­ne­mos ganas de sacar un disco más gran­de y más fuer­te", ase­gu­ra el gui­ta­rra quien, no obs­tan­te, re­co­no­ce la "pre­sión" que sien­te el grupo en este mo­men­to. "Creo que tu­vi­mos mucha suer­te por­que des­pués de tres años sin sacar un disco to­da­vía es­ta­ba la gente, pero pien­so que el ac­ci­den­te creó una cier­ta em­pa­tía", ex­pli­ca. "La gente tenía mucha cu­rio­si­dad por ver a la banda re­na­cer y somos cons­cien­tes de que los me­dios se por­ta­ron bien con nos­tros cuan­do sa­ca­mos el úl­ti­mo disco, lo que con­lle­va que ten­ga­mos más pre­sión ahora que para Eve­rest, un disco que fue un mi­la­gro". 

"Es­ta­mos aquí, hemos so­bre­vi­vi­do, hay es­pe­ran­za"

Y hoy, cua­tro años des­pués de la desa­pa­ri­ción de Denis, la banda sigue to­can­do y ofre­cien­do a su pú­bli­co lo que siem­pre les ha de­fi­ni­do, la au­ten­ti­ci­dad y la na­tu­ra­li­dad, y unas can­cio­nes que cuen­tan his­to­rias, "his­to­rias de todos los días, a veces un poco su­rrea­lis­tas", en las que uno puede en­con­trar, según François, la siem­pre con­fu­sa y un tanto con­tra­dic­to­ria iden­ti­dad belga. "Somos bel­gas, somos un pue­blo bas­tan­te su­rrea­lis­ta, en nues­tra mú­si­ca hay un poco de story­te­lling como el que haría Paul Mc­Cart­ney y de su­rrea­lis­mo belga", se­ña­la François. "Somos un pue­blo bas­tan­te ab­sur­do, la gente no en­tien­de muy bien lo que somos; una mez­cla de mu­chas in­fluen­cias, Bél­gi­ca es tan pe­que­ña y es­ta­mos en con­tac­to con tan­tas cul­tu­ras que so­le­mos ser gente con una mente abier­ta... aun­que al mismo tiem­po es casi im­po­si­ble de ex­pli­car cómo fun­cio­na nues­tro sis­te­ma po­lí­ti­co", ahon­da. Con todo, casi todas las le­tras com­par­ten una ca­rac­te­rís­ti­ca común: la me­lan­co­lía. Una año­ran­za, una nos­tal­gia por un mundo mejor o por una emo­ción pa­sa­da que se palpa en las can­cio­nes y que gana fuer­za en su di­rec­to, cuan­do el es­ce­na­rio se os­cu­re­ce y el grupo toca dé­bil­men­te ilu­mi­na­do bajo los focos azu­les y las (fal­sas) es­tre­llas blan­cas que ti­ti­lan tras ellos. "¿Cómo no quie­res ser me­lan­có­li­co hoy en día?", se pre­gun­ta (¿me pre­gun­ta?) François. "Si eres un poco listo y ves cómo fun­cio­nan las cosas en este mundo, hay que ser me­lan­có­li­co... pero tam­bién hay que tener mucho humor y no to­mar­se todo en serio".

Misses - Girls in Hawaii (2013). 

Para François, la vida "es tris­te". Y esto no es algo ni bueno ni malo: sim­ple­men­te es así. Por eso las can­cio­nes de Girls in Ha­waii, que ha­blan "de la vida de todos los días", tie­nen una parte me­lan­có­li­ca. Pero tam­bién un lado lu­mi­no­so (de nuevo, la con­tra­dic­ción belga), una fa­ce­ta que el gui­ta­rra reivin­di­ca para de­fen­der que Eve­rest no es, en ab­so­lu­to, un disco de luto: "In­ten­ta­mos de­cir­le a la gente 'hemos so­bre­vi­vi­do, es­ta­mos aquí, las cosas no están tan mal y que­re­mos daros algo un poco lu­mi­no­so, un poco de es­pe­ran­za'".