Gitanos en la UE

Artículo publicado el 23 de Abril de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 23 de Abril de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

La ampliación europea fuerza un debate sobre la cuestión gitana en todo el continente. ¿Tendrá la nueva Unión la fuerza de voluntad necesaria para mejorar la situación de esta comunidad?

La ampliación, y la apertura de fronteras que ésta conlleva, están quitando el sueño a los estados miembros de la UE. Para muchos, el factor más preocupante es la oleada de inmigración gitana que se ha anticipado a dicha ampliación. Según la opinión pública, su meta principal serán los estados en los que funciona un estado del bienestar generoso. En la UE ha sonado la alarma ante esta posibilidad, y ya se han empezado a tomar medidas. La duda es si estos pasos son realmente necesarios.

La situación de la población gitana europea es trágica. El 75% depende de ayudas públicas, el nivel de asistencia a clase es casi inexistente, y muchos gitanos van a escuelas especiales de niños con dificultades para aprender. Su forma de vida, a menudo aglutinados en poblados en los que no hay agua ni electricidad, nos hace recordar periodos prehistóricos. Tal vez, lo más triste de todo es que habitantes de los países de la Europa del Este y Central desconozcan las atroces condiciones de vida de la comunidad gitana, y prefieran prestar su apoyo a otras minorías que también necesitan su ayuda, pero lejos de sus fronteras.

La raíz del problema

Desde que hicieran aparición en Europa en los siglos IX y X, los gitanos han estado rodeados de un aura de desconfianza y miedo. Es este miedo precisamente el culpable de las concepciones erróneas y el odio que, todavía hoy, son habituales en Europa. La emperadora austriaca, Maria Theresa (1717-1780), dio asilo y protección a los gitanos en sus dominios, con lo que facilitó su dispersamiento por toda la Europa del Este Central. El comunismo introdujo el siguiente cambio de actitud del estado hacia este grupo étnico. Al mismo tiempo que garantizaba trabajo, bienestar y eduación de los gitanos, el partido intentó que se integraran al conjunto de la sociedad. Esto contribuyó, no obstante, a desestabilizar gravemente su identidad. La vuelta a la democracia que siguió a 1989 apartó de nuevo el problema de los gitanos a los márgenes de la vida política.

Los gitanos en 2004

El régimen comunista mostró tolerancia cero a la intolerancia, obstaculizando el camino para que ésta se extendiera. Con la caída del régimen, dicha intolerancia acaba de volver con renovadas fuerzas. Los cabezas rapadas, tratando de preservar la «identidad nacional», han perpetrado numerosos ataques violentos contra la minoría gitana. Otros payos los consideran embusteros y vagos. La práctica medieval de la usura ha regresado a la vida diaria de los gitanos, con trágicas consecuencias. Por culpa de su acusada pobreza, se ven obligados a pedir dinero prestado a gitanos más pudientes, con intereses muy inflados. Más del 80% de los poblados gitanos han sufrido esta renovada moda.

La integración en la comunidad sigue siendo problemática. Antiguamente, los gitanos tenían a los Vajdas, líderes que ofrecían un vínculo con las comunidades payas. Pero recientemente la influencia de los Vajda se ha visto mermada, creándose un vacío de poder que enfrenta a diversos clanes de gitanos aspirantes a rellenarlo. Los intentos por resucitar la figura del Vajda han resultado infructuosos. Por su parte, los gitanos con pretensiones integradoras se enfrentan a la amenaza de exclusión de su propia comunidad, debido a la tradicional forma de vida de ésta.

¿Soluciones?

Todos los futuros miembros de la UE han emprendido medidas relacionadas con los derechos de las minorías, pero la realidad es bien distinta. Se requieren soluciones urgentes, siendo la educación la prioridad principal. Niños gitanos en edad preescolar están participando en cursos de integración. Hay adultos matriculados en varios programas que los capacitan para participar plenamente en el juego democrático.

Pero la comunidad gitana no lo logrará sola. La sociedad como conjunto debe apoyarla, aceptando sus valores y su identidad. La problemática de los gitanos ya está presente en la Europa Central y del Este; pronto se extenderá por el resto de la Unión. La ignorancia es el problema; el diálogo, el medio para solucionarlo. Esperemos que se tomen, en efecto, los pasos necesarios para cumplir tan deseado objetivo.