globalización y democracia: ¿amigas o enemigas?

Artículo publicado el 24 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 24 de Octubre de 2013

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La «globalización» se ha convertido en un término sujeto a malinterpretaciones y utilizado tan a menudo en nuestro vocabulario actual que su uso está rayando en el abuso. No obstante, todavía queda por conocer en su totalidad el alcance de su efecto en la sociedad y en la comunidad política internacional.

David Held, destacado sociólogo británico, ha explorado la relación existente entre la globalización y la democracia. De acuerdo con sus palabras, la «globalización» puede entenderse desde un punto de vista cultural y político como un fenómeno que provoca que «se intensifiquen los niveles de interacción e interconectividad entre estados y sociedades y dentro de los mismos que conforman una sociedad internacional».  

La democraciademokratia, constituye un modelo político del que también somos plenamente conscientes. Democracia proviene de la palabra de origen griego que significa «gobierno y fuerza del pueblo», e históricamente ha estado unida al concepto de estado-nación. Mientras que el orden mundial internacional se ha vuelto a tejer para obtener un patrón que reduzca el papel del estado-nación, la democracia no ha perdido su lustre. De hecho, en un mundo cada vez más «globalizado», parece que hay un mayor deseo de democracia si cabe. Sin embargo, ¿qué sucede cuando se aúnan esas dos poderosas fuerzas? ¿La globalización es una amenaza para la democracia o un catalizador?

Los argumentos que se inclinan por la amenaza de la globalización se sostienen en la noción de que la democracia es una parte esencial de la autonomía del estado. Sin embargo, tal y como sugiere Held, debemos separar estos dos conceptos en el mundo moderno y cambiante en que vivimos. Que la soberanía del estado no sea lo que una vez fue no invalida el papel o la importancia de la democracia hoy en día; más bien implica que la democracia atraviesa un proceso de transición o transformación y se está convirtiendo en algo que encaja con mayor facilidad en el orden mundial actual. 

Jens Bartelson, otro destacado pensador político, afirma que la manera segura de «salvar» la democracia pasa por extender su definición más allá de su relación con el estado-nación. En este sentido, la globalización y la democracia han de establecer una relación simbiótica, en la que si no crecen a la par, finalmente se separarán. El impacto de esta sinergia da lugar a una comunidad política que trasciende los límites de los estados y une a personas independientemente de su nacionalidad para crear un mundo globalizado. 

Por tanto, la globalización amenaza nuestra anticuada concepción de la democracia, pero el resultado es sin duda positivo. Aunque el fomento de la democracia por todo el mundo se ve, por lo general, como algo bueno, se necesita cautela para evitar que se vendan formas establecidas de democracia que ostensiblemente apoyan a los poderes hegemónicos. A pesar de que la democracia es tentadora, está claro que no existe un modelo «talla única». La democracia ha de atender a los márgenes y diferencias culturales. 

Por el contrario, Held propone un modelo de democracia que es cosmopolita en naturaleza. Si se tienen en cuenta los cambios que la globalización ha ocasionado en el carácter intrínseco de los estados, los problemas más importantes tienden a tener un alcance global. Los intentos de resolver dichas cuestiones requieren la creación de un entramado de toma de decisiones políticas y de gobernanza. Por tanto, la participación política regional resulta problemática en un mundo cada vez más conectado entre sí.

¿Qué voces tienen derecho a ser escuchadas en debates acerca del calentamiento global, energía nuclear, terrorismo o sida? Los límites territoriales no condicionan dichos asuntos. Por consiguiente, no deberían ser el criterio para determinar quién participa o no en un debate sobre una cuestión que nos afecta a todos. Hoy en día es imposible estar aislado. Los conflictos entre dos estados pueden acarrear importantes repercusiones en las regiones vecinas y en el mundo entero. Sin lugar a dudas, la democracia actual supone la puesta en práctica de los derechos civiles de los ciudadanos en un contexto intergubernamental. Es por ello que Held enfatiza en el hecho de que la democracia ha de ser sostenida por estructuras de poder, organismos y organizaciones transnacionales. 

En mi opinión, y teniendo en cuenta que debemos respetar las distintas visiones de la democracia de un país a otro, hay sustancia en el razonamiento de Held. Es de suponer que la globalización ha hecho un favor a la democracia al revitalizarla para que prospere en un mundo más integrado. 

Autor: Kiyoye Marangos

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