Gonçalo M. Tavares: “Odio la idea de que todo lo que haces es una novedad”

Artículo publicado el 20 de Marzo de 2009
Artículo publicado el 20 de Marzo de 2009
El profesor de epistemología de la Universidad de Lisboa, natural de Luanda y de 38 años, habla de su galardonada novela Jerusalem, y del motivo de que tardase tanto en lograr publicarla

Amenaza lluvia cuando Gonçalo M. Tavares entra en la recepción del hotel después de un paseo de buena mañana en Liubliana. Su modo de andar y sus rasgos son tan suaves como su voz. Él, que se confiesa un “urbanita”, compara la capital eslovena a la ciudad de Aveiro en el norte de Portugal, donde se crió antes de mudarse a Lisboa a la edad de 18 años. Su mente es rápida e ingeniosa. “Me gustan las ciudades pequeñas,” sus ojos dejan entrever una risa.

Escoger una identidad

Nos acompaña Barbara Jursic, traductora de sus libros al esloveno. Constantemente a horcajadas entre el inglés y el portugués, Tavares habla de cómo Europa no le aporto gran cosa como lector o escritor, la traducción literaria en portugués es aún escasa, aunque reúne a muchas identidades. “Pero a la sombra de esta crisis económica, está brotando una identidad más amplia a la mera identidad europea”, afirma.

Tavares compara su propia identidad a la de un albañil. Su padre, operario de la construcción, “a menudo me llevaba consigo al trabajo. Los obreros excavaban un gran orificio, ponían los cimientos y poco a poco empezaban a levantar plantas cada vez más alto. Mi momento favorito era cuando estaba todo acabado y nos íbamos, pero la casa allí seguía. Acabo gustándome la idea de construir cosas que adquieren su propia independencia”. Su amor por los libros le viene de la biblioteca de su padre. “Hoy en día aquí me tiene y en algún lugar alguien está leyendo mis libros”, sonríe. “Viven vidas propias”.

Como invitado en el Festival de Narración Internacional Fábula en la capital eslovena, Tavares presenta su novela Jerusalem (Círculo de Leitores 2004, Caminho 2005 y todavía no traducida al castellano) y su colección de cuentos Barrio. Cada una de las siete entregas de la colección está dedicada a gente tal como el señor Brecht (O Senhor Brecht, 2003) o al señor Walser (O Senhor Walser, 2006), autores en los que Tavares encontró un “destello singular de júbilo”. La primera mujer, la señora Wolf, a punto está de tomar residencia en este Partenón. Aunque marcado por el estilo o los temas de gente tal como Henri o Calvino, cada cuento se ve envuelto en el mundo propio de Tavares de pequeñas absurdidades. “Nunca planeo lo que escribiré, las características simplemente afloran y las desarrollo”. Con este método Tavares se propone crear algo personal en el trasfondo de la teoría e historia literal. “Odio la idea de que todo lo que haces sea una novedad”, explica apasionado, apoyándose en la mesa. “Es frívolo. Sólo alguien que no conoce la historia y no ha leído gran cosa lo encuentra todo nuevo y original”.

Durante años, Tavares “pospuso” la publicación de su obra temiendo que resultase demasiado confusa. Tardó seis años en publicar en 2006 otra colección de cuentos, Água, cão, cavalo, cabeça (‘Agua, perro, caballo, cabeza’ y todavía no traducida al castellano), porque volvía a leer y revisar tanto que se convertían en nuevos libros. “Solo después de haber escrito así y leído aún más, me creía capaz de saber a que atenerme. Me encontraba preparado para ser recibido buena o malamente”. Tuvo suerte en 2001 con su poemario Livro da dança (‘Libro del baile’ Assírio & Alvim, y todavía no traducida al castellano). Hoy en día, sus obras inspiran admiración y afecto de gente de la talla del ganador del premio Nobel José Saramago, que al otorgarle el premio Saramago por Jerusalem en 2005, afirmó que “¡Gonzalo M. Tavares no tenía ningún derecho a escribir tan bien con sus 35 años! ¡A uno le entran ganas de darle un puñetazo!”

Jerusalem, una novela sobre la violencia, la locura y el dolor, ha sido descrita como “una de las grandes obras de la literatura occidental” y ganó el premio Portugal Telecom en 2007. Gira en torno a una mujer en un manicomio. Tavares se ríe mientras que discutimos su fascinación por “gente rara”. Los héroes no son solo los que hace grandes cosas, al final de Jerusalem, la heroína Mylia pregunta a la puerta de una iglesia: “Maté a un hombre. ¿Me dejan entrar?” Como los griegos clásicos, Tavares cree en los héroes que conciben una gran idea cuando se ven en la tesitura de hacer frente a un acontecimiento inusitado. Desprecia el simbolismo, buena prueba de ello es que el hospital Georg Rosenberg que figura en Jerusalem “cabe ligarlo”, afirma, con el ideólogo nazi Alfred Rosenberg, a pesar del hecho de que esa no fue la intención original. “Pero tal vez el nombre tenga algo que ver con la arquitectura, es a los lectores a quien corresponde hacerse estas preguntas. No tengo una respuesta original y aunque la tuviese, tan sólo sería un obstáculo”.

Tavares de código abierto

Hoy en día, sus cuentos inspiran instalaciones de arte, óperas y obras de teatro, la más reciente en los escenarios de Belén y Porto Alegre en Brasil. Tavares afirma no tener un apego sentimental a su obra, y la concibe de un modo moderno, como si fuese una aplicación de código abierto. “Se hicieron cosas asombrosas. Les digo a los artistas que se tomen cuantas libertades estimen oportunas sin seguir al pie de la letra el texto. Ahora es su obra. Tiene una razón de ser por sí misma”. El arte contemporáneo le inspira en particular porque está “lleno de ideas. No es la forma lo que importa, sino las preguntas y sugerencias que provoca en la gente”.

En cuanto a si piensa que los libros todavía son una forma de expresión actual, Tavares reflexiona un momento antes de echarse contra el respaldo de la silla con confianza y responder. “Internet no supone ningún problema si la gente paga por lo que lee. Sin embargo, prefiero el papel, el tacto del libro, tenerlo en las manos, es agradable. En general, la idea de escribir y las palabras no morirán nunca. Puede ser que los libros sean algo material. Homero no escribió como escribo yo hoy en día ni escribió libros tal como hoy los conocemos y, sin embargo, durante siglos las obras de ficción han permanecido entre nosotros. La gente las necesita para saber lo que pasa en el mundo”. Y escribir también es una necesidad: “No debe ser un modo de corregir errores o compensar experiencias traumáticas. Ya sabes que nada puede aportarte lo que te aporta la escritura: el placer de construir… casas, lugares”.

Averigua si Tavares gana el Premio Cevennes el 13 de junio en Alès, Francia