Goran Bregovic, tempo europeo

Artículo publicado el 13 de Febrero de 2006
Artículo publicado el 13 de Febrero de 2006
Vieja estrella del rock, el compositor serbo-croata Goran Bregovic, famoso por sus colaboraciones cinematográficas con Emir Kusturica, surca las cuatro esquinas de Europa violín y bandoneón en mano. Ritmo gitano al son de acordes europeos.

Él, es la verdadera figura pionera del mosaico cultural de los Balcanes. Artista ecléctico, Goran Bregovic me recibe en el ambiente íntimo del Cabaret Sauvage, en París, lugar en donde ha presentado durante todo el mes de diciembre su ópera gitana Karmen con final feliz. Entre sus revueltos cabellos negros emergen dos ojos sonrientes, aún llenos de la magia del espectáculo que acaba de ofrecer para una sala abarrotada. Alrededor de un vaso de whiski, Bregovic evoca sus comienzos en Sarajevo, su ciudad natal. "Aprendí mis primeras notas sobre un violín, pero en esa época las chicas preferían la guitarra, así que a los 16 años comencé mi carrera como guitarrista en bares de strip-tease."

Su transcurrir es ciertamente ecléctico, pero no por eso menos ejemplarizante. Nacido de un padre croata y una madre serbia, pensaba que su generación "no viviría una guerra. En vano." Su padre era coronel y su abuelo también. "En cada familia había un oficial, estos países tenían una gran necesidad de militares", subraya nuestro invitado. En 1991, cuando los primeros problemas estallan en Yugoslavia, Bregovic compone la música de la película Arizona Dream. Rodada parcialmente en Paris, decide, finalmente, depositar allí sus maletas, en un pequeño apartamento del Marais comprado en su juventud. "Yo fui la mayor estrella del rock de mi país durante 15 años, y de golpe todo se perdió. Es extraño empezar todo desde cero, ser debutante por dos veces. Yo estaba aterrado y tuve, al principio, que trabajar mucho." Encadenó veinte películas en tres años, sin olvidar los anuncios publicitarios de una margarina o de un perfume. "Tuve la suerte de no enfermar en Sarajevo y de vivir en París, una ciudad que ha tenido la costumbre durante siglos de acoger a artistas, escritores rusos, escandinavos, pintores españoles… Yugoslavos que en otros lugares habrían sido ladrones o trabajadores forzosos, pero nunca artistas, como aquí."

Éxito fulgurante

En un francés perfecto teñido de pequeñas entonaciones eslavas, nos cuenta con humildad cómo ha vivido por segunda vez un éxito fulgurante, compaginando hábilmente su carrera en los escenarios y la música para el cine. De esta manera, ha realizado las bandas sonoras de cineastas muy prestigiosos tales como Emir Kusturica, Patrice Chéreau o el rumano Radu Mihaelanu. También reconoce haber compuesto la música de Tiempo gitano, por la que recibió un disco de oro en Francia, "por amistad" con su cómplice de siempre: Emir Kusturica. "Yo no soy muy buen compositor de música para películas, me resulta engorroso. Es más, mi música es demasiado agresiva. En realidad he tenido la suerte de trabajar con técnicos de escena que no han necesitado verdaderos compositores."

Emblema del multiculturalismo, revela el desafío de unir en la escena a músicos tan distintos como el americano Iggy Pop, el israelí Forraza o la cantante de Cabo Verde Cesárea Évora, mezclando todas las nacionalidades y las religiones. Casado con una bosnia, se describe como "un compositor que viene de un ambiente muy ecléctico, de un territorio bajo dominación turca durante cinco siglos, la única frontera directa entre los católicos ortodoxos y los musulmanes". Su mestizaje cultural le ha inspirado una ópera gitana, donde la protagonista es una Karmen eslava, con K y con acento de los Balcanes. Para reinventar la historia de esta heroína gitana "parte de un hecho real: las chicas del este que llegan a Europa llenas de promesas y que acaban en la calle prostituyéndose". Esta creación, dice con orgullo, tiene la ambición de pasar a formar parte del repertorio de las orquestas gitanas. Porque "la ópera es una cosa de ricos pero la gente también puede ir a una ópera de pobres que se toca en las bodas y en los entierros". Apuesta conseguida. Su espectáculo ha viajado, desde entonces, por todo el mundo: Argentina, Rusia, Alemania, Israel, Japón, etc.

Salvajes Balcanes

Embajador inigualable de la música de los Balcanes, Goran Bregovic recorre los escenarios europeos desde hace diez años con su famosa orquesta de bodas y entierros. Conocedor a fondo de las culturas gitanas, deplora el rechazo y la discriminación de la que son víctimas en Francia o en Inglaterra, aunque también de la que sufren en los países de la Europa Central y Oriental. Le gustaría ver una mayor atención en Europa para estos pueblos nómadas que "han aportado mucho: el jazz de Django Reinhardt, el flamenco, influencias inestimables en la cultura musical del Viejo Contienente". Bregovic clama por el respeto y el reconocimiento.

En la hora en que se celebra el segundo aniversario de los acuerdos de Dayton, se muestra confiado sobre la situación de los países del este. "Revisando la Historia, vemos una actitud que oscila entre el entusiasmo y la desesperación. Se trata siempre de las mismas guerras entre religiones, entre etnias, entre Bosnia y Kosovo bajo un protectorado europeo ineficaz. Hoy estamos, sin embargo, en un periodo de optimismo, ya que tenemos la impresión de que Europa tiene un plan realista para nosotros". Para él, "el destino del continente europeo se está jugando en los Balcanes. Sería un problema para Europa seguir teniendo a estos países 'salvajes' en pleno corazón del continente: Grecia al sur, Bulgaria al norte, y muy pronto Rumania más allá". Entre whiski, guitarra y bandoneón, Goran Bregovic se revela más que optimista: "La UE tiene tanto interés en integrar a estos 'salvajes' como nosotros", concluye con una sonrisa.