Gran Hermano sin fronteras

Artículo publicado el 11 de Octubre de 2007
Revista publicada
Artículo publicado el 11 de Octubre de 2007
El formato y los temas de la telerrealidad son el pasto de telespectadores ávidos de sensaciones morbosas.

Who is sucking who in? (Photo: Big Fat Rat/ Flickr)

Son los británicos los que más han marcado el número de teléfono de una emisión televisiva. Fue para dar su opinión en Gran Hermano: hasta 14,2 millones de votos en 2002; más votos que los conseguidos por el partido laborista en las elecciones de 2005 (9,5 millones de votos).

Por paradójico que resulte, el único punto en común entre todos los programas de telerrealidad difundidos en el continente es su irrealidad. Ya sea por su estilización, por el ángulo desde el que se enfoca o la improbabilidad de sus supuestas situaciones sacadas de la vida cotidiana sistemáticamente recreadas de forma artificial. Para escapar de lo ya visto, la industria televisiva apuesta ahora por castings cada vez más extremos, montajes cada vez más vulgares, hasta los límites de la decencia.

Gran Hermano

Lanzado en los Países Bajos en 1999, Gran Hermano es una cita anual (bianual y trianual en algunos países) inexorable en las parrillas de los veintisiete. Los protagonistas son seleccionados entre el público y encerrados en una casa durante tres meses, aislados del mundo exterior. Cada semana, los telespectadores deciden echar a uno de los participantes hasta que queda sólo uno, el vencedor.

Como el concepto de la emisión no ha cambiado ni en una coma desde su primera edición, hay que reactivar el interés del público con “manipulaciones de la producción” o polémicas mediáticas, que varían en función de la imaginación de sus realizadores.

Los productores de GH tratan de forma sistemática de provocar un clima sexual movidito entre los habitantes de la casa. Sin distinción de países.

En la versión inglesa, la productora no ha comprado suficientes camas o selecciona a personas con una sexualidad particular durante los castings, con bruja psicológica incluida en 2005, o un transexual portugués que terminó ganando el año pasado. Durante este tiempo, los alter ego del programa en la TV Nova checa eran gorilas.

Al otro lado del Rin, la versión propuesta por la cadena alemana RTL II copaba los titulares de la prensa alemana en 2005, separando los participantes “ricos” de los “pobres” justo en el momento en el que el país disminuía el montante de las pensiones, sufría su mayor tasa de desempleo desde la guerra mundial y se ampliaba la diferencia entre ricos y pobres.

En el Grande Fratello italiano de Canale 5, unas blasfemias proferidas por uno de los participantes causaron un revuelo inédito: los grupos RAI y Mediaset llegaron incluso a ser condenados a pagar una multa de 100.000 euros a unos demandantes el 4 de octubre pasado.

El cuerpo desde todos sus ángulos

Pronto, ningún centímetro de la anatomía humana escapará a las cámaras. En Gran Bretaña la Channel Five propone asistir desde la tramoya a operaciones de cirugía estética, o programas cada vez más duros de roer: ha difundido en directo, por ejemplo, del nacimiento de un bebé mediante cesárea, sin presentadores, dejando a la madre sola frente a las cámaras. Un gran momento de “emociones fuertes”.

Este “quién da más” ha dado lugar a menudo a ciertas supercherías. En un programa danés de 2007, The Big Donor Show, una mujer aquejada de cáncer en fase terminal debía decidir cuál de los tres concursantes en espera de una donación de órganos merecería sus riñones. No fue sino hasta el final de la emisión, cuando el espectador supo que los participantes eran simples actores usando el formato de telerrealidad para atraer la atención sobre la falta de órganos en el país.

La telerrealidad es más que un fenómeno que nos deja perplejos. ¿Qué nos dice su popularidad sobre los europeos que la observan? ¿La crítica del modelo es puro esnobismo o la señal de una preocupación por lo humano, como la exploración de lo más profundo de nuestra psicología? ¿Se limita la telerrealidad a reflejar la codicia de sus productores al utilizar a participantes que sueñan con su “minuto de gloria”, tan apreciado por Andy Wahrol? ¿No estaremos ante la versión moderna del panem et circus?

Su principio de base pretende filmar situaciones dramáticas de por sí, sin recurrir a la ficción. En su ensayo Notes on camp, la filósofa norteamericana Susan Sontag evoca los múltiples testimonios de amor y de odio que surgen al tratar un tema que ella considera la quintaesencia de lo hortera. “Lo hortera lo ve todo entrecomillado. No estamos ante una lámpara, sino ante una “lámpara”; no es una mujer, sino una “mujer”.” Percibir la dimensión hortera que se desprende de algunas personas u objetos, ayuda a comprender este fenómeno. Es la ampliación de la sensibilidad, de la metáfora de la vida como si de un teatro se tratara. Es bueno porque es horrible.