Guerra Mundial y Principio de Hospitalidad: una antítesis actual

Artículo publicado el 21 de Febrero de 2016
Artículo publicado el 21 de Febrero de 2016

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Guerra, terrorismo, neonazismo: fenómenos contemporáneos en los que nadie quiere pensar. Dos filósofos hablan del sentido, o sinsentido, de todo esto para recordarnos que un hombre mejor es posible.

«Guerra» es una palabra a la que estamos acostumbrados desde siempre. Hablar de la guerra nos parece casi normal. No obstante, tras esa normalidad se esconde un miedo  indefinido...: «¿Y si de verdad hubiese una guerra?». Hoy el Papa Francisco nos pregunta directamente si se puede afirmar que estamos viviendo la Tercera Guerra Mundial. Con estas palabras hace que se derrumben las frágiles paredes de nuestras ilusiones, a la vez ingenuas y tranquilizadoras.

El Centro Cultural de Arte Contemporáneo Luigi Pecci, de Prato, (centropecci) está celebrando una serie de conferencias que se enmarcan bajo el título «Hombres de guerra» con el objetivo de abordar el tema de la guerra en sus diversas facetas. Aprovechando esta ocasión, dos grandes filósofos contemporáneos han expresado su opinión. Se trata de Sergio Givone, ex profesor de Filosofía Estética de la Universidad de Florencia y Donatella Di Cesare, profesora de Filosofía Teorética de la Universidad de Roma La Sapienza. La conferencia filosófica, suspendida en un hilo de debate a caballo entre la filosofía y la historia, resultó verdaderamente entusiasmante por su franqueza y su profundidad.

La confusión de la guerra

La profesora Di Cesare considera que desde el 11 de septiembre nos encontramos en una nueva fase: una Guerra Mundial, que representa la otra cara de la globalización, su sombra más inquietante. Se caracteriza por ser endémica e  intermitente, por no tener fronteras geopolíticas definidas y por ser también una guerra civil, pues se desarrolla del mismo modo dentro de los estados.  Por dichos motivos, se puede afirmar que nuestra época es muy compleja. Esta especie de complicación aturde y es la naturaleza propia de la guerra, que, etimológicamente, significa exactamente eso: «confusión». En efecto, la situación actual es muy confusa: no sabemos distinguir entre amigos y enemigos e incluso nuestro vecino más discreto podría terminar siendo el autor de una masacre. No hay frentes definidos, sino frentes que se redefinen constantemente. Además, ya no se combate por la tierra, sino por un ideal de humanidad que resulta absoluto y terrible debido a su intransigencia. Por eso, es difícil definir lo que es exactamente el terrorismo; utilizamos dicho término para referirnos de manera general a todas las formas de esta guerra mundial tan difusa. Como afirma el profesor Givone: «El terrorismo es la forma más extrema del globalismo bélico. Se trata de un atentado gratuito destinado a destruir "todo lo que es diferente a mí, ya que —según este pensamiento—solo yo soy digno de existir”».

El neonazismo actual

Ambos filósofos han hablado sobre un reciente resurgimiento de fenómenos nazis. La palabra «nazismo» impresiona y nos da miedo; nos hace pensar inmediatamente en el Holocausto, en los campos de concentración y en una voluntad idiosincrática de aniquilamiento de la humanidad. Es un pensamiento insoportable, horrible,  demasiado desagradable como para aceptar que es fruto de un proyecto racional del ser humano que en poco tiempo pretendía llegar a una reorganización biológica y política de toda la humanidad. Por eso, generalmente se le califica como "una locura general". Esto nos puede llevar a un conocimiento superficial de lo que fue realmente el nazismo, lo que puede hacer que ignoremos su nueva forma de manifestarse. Como dice la profesora Di Cesare: «No se puede reconocer lo que no se conoce» y «El riesgo que corremos actualmente es el de la simplificación, ya que es difícil soportar algo tan complicado». Es muy fácil trazar una frontera y decir: «Yo soy un ciudadano europeo que vive en su magnífico país; tú, en cambio, eres un inmigrante, un exiliado, alguien sin derechos». Si uno reacciona de este modo se arriesga a esquematizar al hombre y a no dejar espacio para la reflexión crítica.

Entonces, ¿cómo se manifiestan estas formas de neonazismo? En la idea tratar de decidir con quién cohabitar. Esto es lo monstruoso (​concepto de Gunter Anders) y es ya un comienzo de nazismo, pues contiene en sí mismo la idea germinal de que se puede imponer un modelo concreto de humanidad, es decir, de que residir en un cierto lugar es un derecho de sangre.

El principio de hospitalidad

No existe ni un solo pueblo en la Tierra que pueda afirmar que lleva en ella desde siempre. El exilio, las migraciones, el vagar sin rumbo... Todos ellos son fenómenos que forman parte de nuestra existencia. Tendríamos que plantearnos que la Tierra no nos pertenece y que  todos somos residentes extranjeros. Por esta razón, los dos filósofos explican que a la Tierra se la ve como a una esposa y no como a una madre. Hay que sentirse unidos a ella no por derecho de sangre y por un principio de identificación como si fuésemos sus dueños, sino que deberíamos vivir en ella como si esta fuese un don y siguiendo un principio de hospitalidad, como si fuésemos huéspedes. Tener la conciencia de que se vive en un lugar de la Tierra como invitados es lo que siempre ha caracterizado a los judíos, pueblo del desarraigo por excelencia. No obstante, en esa humilde y profunda verdad reside un increíble principio de innovación. Si todos somos huéspedes, estamos entre iguales y es posible pensar en la Nación como en una realidad que acoge a muchos pueblos a la vez que conserva sus diferencias: una confederación.

¿Qué es más verdadero? El hombre lobo que asesina en el estado de naturaleza o la idea fantástica de un hombre que se encuentra en un «bosque oscuro» solo como consecuencia de una caída o de un resbalón? ¿Hobbes o Vico? La idea de un hombre mejor, de un mundo mejor, de sentirse huéspedes y no dueños... En definitiva, la idea de paz representa realmente lo «contrario», como otro inicio que se opone por completo a la guerra y que no tiene nada que ver con ella.