Guerra y opiniòn pùblica en la sociedad "soft"

Artículo publicado el 24 de Febrero de 2003
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Artículo publicado el 24 de Febrero de 2003

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Esta guerra se perfila como una Guerra de Opiniones Públicas. En la Sociedad Soft, la nueva Opinión Pública europea puede ser el resultado del subconsciente colectivo tendente a su fundación como producto, como "European Way of Life" banalizada.

Derecho internacional y pensamiento fuerte.

La objetividad del Derecho, su condición “dura” –hablando desde la conceptuación científica de este adjetivo- se basa en la existencia de pruebas y hechos para su aplicación dentro de lo que tratamos que sea una elección correcta entre varias opciones posibles: la justicia. Cuando aplicamos el Derecho sin pruebas ni hechos objetivos, toda su justificación conceptual se derrumba en aras de un uso relativo en función de unos “intereses concretos”. La realpolitik ofrece ese relativismo frente a la concepción “dura” (idea de lo “hard”) de lo que debe ser el Derecho en un contexto internacional, y sobrepone el poder de la fuerza para configurar el mejor mapa posible “a medida”, sobre la libertad y el derecho del resto de actores de actuar dentro de su soberanía. Cuando Irak invadió Kuwait, violando objetivamente este Derecho emanado de la ONU, se le sancionó con la unión militar que restauró las fronteras originales soberanas. Pero una perspectiva de “prevención” de proliferación y uso de esas supuestas armas o ante el argumento de “posibilidad” (no demostrada) de vinculación entre Irak y el terrorismo islámico de Al Qaeda, nos ofrece una ruptura con el Derecho Internacional y los principios de la ONU. Mientras Europa basa conceptualmente su política exterior en el cumplimiento escrupuloso de ese Derecho Internacional, como garante legítimo del orden justificado, EEUU se mueve por intereses concretos según el momento y la configuración contextual, donde entrarían en juego diversos factores dinámicos: la estrategia política, la economía, la Opinión Pública interna...etc. Los riesgos de que ese relativismo se imponga, en materia de principios legales, sería un “nuevo orden mundial” (en muchos aspectos ya existente), basado en la mera fuerza de Occidente sobre el resto del mundo; la pérdida de función política de la ONU, como fuente de Derecho Internacional y herramienta de compensación entre desfases de fuerza; y un relativismo moral propio de la sociedad “soft”, la sociedad del “pensamiento débil” (Vattimo), de la guerra como consumo de masas y videojuego televisual análogo a un concurso. La aplicación de lo circunstancial triunfará sobre el rigor teórico de lo “que razonablemente debe ser siempre”, esto eso, los principios éticos abstractos aplicados por igual en todos los casos, y elevados a verdad kantiana, génesis del Derecho.

El Estado de Derecho español y la postura de España

En Europa, la Opinión Pública en bloque ha rechazado la guerra. Sin embargo, existe un cisma en sus dirigentes: Berlusconi, Aznar y Blair han apoyado la visión de EEUU; Chirac y Schroeder, no. Los tres primeros defienden una acción que dinamitará, tal vez para siempre, ese Orden Mundial ya débil; los dos segundos, hasta el momento, lo defienden. En España, por ejemplo, el Estado de Derecho surgido en la democracia tras los abusos del franquismo, ampara cuidadosamente a cualquier ciudadano, incluido un terrorista de ETA, que en su barbarie será condenado pero que, como ciudadano, disfruta de los mismos derechos que cualquier otro, y condena a un “terrorista de Estado” que asesine “etarras”. Esa es la aplicación correcta y rigurosa de nuestro código legal.

Pero si la idea de la fuerza como “acción preventiva” termina imponiéndose, el gobierno español podría (estamos en un escenario virtual) bombardear pueblos de Euskadi donde se sospeche –aun sin pruebas- que los ETA esconde fábricas de explosivos. Sería destruir un pueblo para evitar futuros atentados. Incluso se podría aniquilar al gobierno vasco del PNV por no colaborar en el desmantelamiento del entorno de ETA, algo que, por otra parte, efectivamente ocurre. En definitiva esto es lo que va a suceder en Irak. Se va a abrir la vía de las “guerras preventivas” y de la estimación subjetiva de peligros y amenazas. El poder político va a acumular, concentrar y monopolizar la trasgresión de la ley: sólo quien decida el poder político podrá transgredir la ley, que no será vinculante para ellos. La división de poderes es algo relativo. La sociedad “soft”, el irracionalismo del pensamiento post-moderno, ataca para proteger el mareo caprichoso y la promiscuidad inversora de la nueva economía, que es, esgrimen algunos, la base de nuestro bienestar (?), al que nadie, incluidos los que nos oponemos a la guerra hipócritamente (?), podría renunciar. La paradoja española es: ¿Cómo Aznar defiende el Estado de Derecho en España, la Constitución (que él mismo no votó), y utilizó el argumento del “terrorismo de Estado” contra el anterior gobierno del PSOE, y defiende ahora la trasgresión militar de EEUU, que en sí no es sino un Terrorismo de coalición internacional contra un Estado soberano, cuya consecuencia será miles de muertos y una pérdida internacional de valores y de orden racional? En definitiva: ¿Cómo apoyar y promover en el exterior algo que en tu país es contrario a la ética, los principios democráticos y, en definitiva, a la ley?

La Opinión Pública de Europa:¡Por fin unidos

Pero esta guerra se perfila como una Guerra de Opiniones Públicas. En EEUU, los videojuegos desplegados por Powell y sus discursos generan adhesiones instantáneas. En Europa también el estado de las respectivas Opiniones Públicas está siendo vigilado con lupa y se aprecia el efecto contrario: los argumentos, repetidos hasta la saciedad, de EEUU, y la aportación de efectos especiales como pruebas “no irrefutables” de que Irak esconde armas provocan el escepticismo y el rechazo a la guerra. Las cifras son las mismas: entre un 70% y un 80% de ciudadanos contrarios a la intervención en todos los países de la UE. En los aspirantes del Este, en todos, esta tendencia se reduce y se acerca al 50%/50%.

Mayoritariamente, la opinión pública en la Unión Europea, incluida la italiana, española e inglesa, cuyos gobiernos apoyan el ataque, rechaza la intervención. Por decirlo de alguna manera, podemos estar ante el nacimiento o la fundación de cierto “ciudadano europeo común”: una conciencia colectiva que se reafirma contra la análoga, la norteamericana, que en el ideario europeo es imaginada como infantil, binaria, simple e inculta. El “ciudadano europeo” necesita una identidad propia, común, unificadora, y la encuentra con satisfacción en la negativa a imitar al ciudadano noteamericano: afirmación de identidad por negación del contrario. El hermano menor niega al mayor y halla su personalidad en la familia... Tal vez Chirac y Schroeder hayan comprendido, oportunistamente, esta circunstancia, y tras la aparente defensa de la legalidad internacional y de un orden basado en la ONU como organismo independiente y ecuánime y no al servicio de EEUU, se halle el deseo, no confesado, de unificar sentimientos, y capitalizar políticamente esa futura conciencia europea. Tal vez estén invirtiendo en futura identidad real de una UE, fortalecedora y reforzadora de una democracia común –que tendría que basarse en una cultura política similar en todos los países- que es avistada como culminación lógica (la unión política) del proceso europeo. Esta postura sería una inversión en contenidos, en software made in Europe, en un jugoso y prometedor European Way of Life que se convertirá en marca registrada lista para competir con la yanki por un mercado sediento de “contenidos”, de valores, de principios, y no sólo de pantalones y coches europeos o americanos...

Porque si un peligro tiene el pacifismo de la Opinión Pública Europea, es el de convertirse en un contenido irreflexivo; el de surgir de ese asesinato psicológico del ciudadano norteamericano que todos, confesémoslo, ejecutamos psicóticamente con cierto complejo de inferioridad; es el peligro de que la paz se convierta en un “slogan”, un “item” publicitario, compartido por una mayoría que, en la era de la Información, en la Sociedad Soft, consume contenidos, “ética” o política como si fuesen estribillos pegadizos ideados por publicistas ingeniosos y, tal vez, con cierta conciencia (o tal vez no). Si esto es así, habremos perdido aunque no haya Guerra, o aunque la haya y todos –conciencias europeas tranquilas- nos opongamos a ella (a excepción de lamentables políticos), porque seremos, por fin, ciudadanos/espectadores/consumidores en la videopolítica (Giovanni Sartori) de masas. Nuestros valores tendrán la misma volatilidad que los archivos que pululan promiscuamente por la web. Lo políticamente incorrecto, la información contraria al European Way of Life será una pus superficial, un problema de información igual a un virus informático. Seremos estructuralmente equivalentes a aquello que creemos que superar: la mentalidad USA; la inventora, en su mercantilismo absoluto, de la ética de consumo y la Opinión Pública diseñada por expertos en marketing.